viernes, 8 de mayo de 2009

NITA, LA PRIMERA FOOTBALLIER

“Nita” tenía una peculiar afición, que para la época en que vivió, era toda una locura. Jugar al foot-ball. Anita Carmona Ruiz había nacido en el popular barrio malagueño de Capuchinos el 16 de mayo de 1908, y desde ya muy pequeña, “Nita” que era su apodo al ser la menor de cuatro hermanos, sería testigo principal de como el deporte de “pelota con el pié” crecía de modo imparable.

Su padre Andrés, trabajaba en el puerto de Málaga en tareas de estibador y fue allí donde en más de una ocasión y de la mano de su madre, vio jugar y crecer el fútbol en las amplias explanadas del muelle. La mayoría de aquellos pioneros “footballiers” eran marinos ingleses que se ejercitaban propinando patadas a una reluciente pelota redonda.

Una afición a este deporte que poco a poco “Nita” fue superando ante el entones absurdo cliché según el cual, el fútbol era cosa de los hombres. Calamidades no pasó, pero sí castigos morales y numerosas descalificaciones, cuando ya en edad juvenil participaba en los partidos que se disputaban en la explanada cercana al cuartel de Artillería y a lo que años más tarde, en 1925, se convertiría en el campo de las Escuelas Salesianas (Oratorio Festivo) del Padre Francisco Miguez Fernández, hoy día popular campo de Segalerva.

En ciertas ocasiones y a consecuencia de los diversos arañazos y magulladuras que se llevaba entre tantas patadas y empujones con los chicos, sus padres la castigaban durante un tiempo prohibiéndola salir de casa. Todo venía además forzado por el consejo moral del entorno vecinal, que por el hecho de que se le asociara más con niños y con la agresión y la competitividad del fútbol, contribuyó a que se le considerara inadecuado para el proceder de una dama. Siendo además su tío médico de la familia el que aseverara constantemente que lo que hacía era perjudicial para la estructura corporal de la mujer. Incluso pidió a su hermana que mandara a Vélez-Málaga por un tiempo a esta joven para que olvidase el entorno en el que se desenvolvía y sobre todo la practica de un sport enteramente para hombres.

Anita Carmona para no ser descubierta y castigada, se recogía el pelo con las típicas gorrillas y boinas que utilizaban los jugadores para no llevarse cortes con las correillas del balón y se vendaba el pecho con el fin de aparentar ser un chico y así no ser descubierta por todos aquellos que le reprobaban su afición descarada por un sport machista. Si en aquellos tiempos, el ver a una persona sudorosa correr tras una pelota estaba ya mal visto, imagínense en una mujer.

La llegada del Padre Miguez sobre 1921 al barrio capuchinero, fue sin duda la mejor vía de escape y su gran oportunidad para jugar al fútbol. Miguez nacido en la localidad de Corvillón (Orense) era un enamorado de este deporte y al amparo de las directrices educativas salesianas, fundaría el Sporting de Málaga, equipo que con el tiempo sería uno de los más representativos de la ciudad.
Un club que tenía el lema Salesiano de que “El deporte fortalecía el cuerpo y que el espíritu se entrenaba en el estadio de la Santa Misión” y que destinaba todos lo beneficios económicos para adquirir ropas, calzado y obsequios para los colegiales y niños más necesitados del barrio y que cada domingo disfrutaban de los muchos partidos que se disputaban en esos terrenos entonces propiedad del cercano Sanatorio.



Con la inauguración de este campo de fútbol, “Nita” Carmona, pudo vincularse en el Sporting Club, primero como colaboradora del masajista, Juanito Marteache y encargada de lavar la equipación, cosa que hacía a escondidas en casa de su mejor cómplice, su abuela Ana. Después como jugadora en algunos partidos que su equipo disputaba fuera del barrio para así no ser reconocida.

Su aspecto fornido y tosco (fue además perseguida por una denominada primera homofobia deportiva) le permitía desempeñar un buen papel en la delantera del Sporting Club y que a tenor de la vestimenta deportiva de por entonces, con calzones largos, medias altas y camisetas en cierta medida holgadas, apenas se podía distinguir sus formas femeninas.

Este “disfraz” no serviría en muchas ocasiones, y ya fuese por los propios jugadores del equipo rival, que no veían bien que una joven jugase al fútbol y que hasta incluso les ganase a dar patadas, o por los propios aficionados que la delataban o denunciaban, el caso es que tuvo obligatóriamente que vivir una temporada larga y como castigo en Vélez-Málaga.


En esta ciudad y sin que sus tíos lo supieran, siguió practicando el football, “Nita” hizo amistades con la hermana de Juan Barranquero, capitán del equipo y primo de su amigo del Sporting y defensa Quero, a los que convencería para poder jugar algunos partidos con el Vélez FC.
Para no ser descubierta, y que sus compañeros no la delatasen sin querer con su nombre, se le puso un apodo, el de “Veleta”, en relación a que cambiaba constantemente de aires… es decir mujer en la calle, hombre futbolista dentro del Tejar de Pichelín.

Fueron no pocos los partidos que “Nita”, convertida con el mote de “Veleta” disputaría con el equipo veleño, teniendo como compañeros en la media a Antonio Castaños y Alfonso Bermúdez.
Además participaría en la inauguración del primer campo de fútbol de la ciudad, haciendo primero de Dama de Honor junto a la madrina del campo, Dolores Castaños Monleón y después jugando unos minutos sustituyendo por agotamiento a su compañero Vivar.
Según Miguel Ángel Carmona, familiar lejano de Anita y al que agradezco me haya posibilitado su fotografía, tiene conocimientos de que esta pionera jugadora de fútbol fue muchas veces invitada por José Del Pino, fundador del Victoria Eugenia para jugar encuentros en el Rosaleda Stadium, campo de fútbol que por entonces existía cercano al hoy día Estadio de La Rosaleda.

Con el nacimiento de la Federación Sur y la Junta local de árbitros, la prohibición de poder jugar una mujer en una competición para hombres, limitaría la presencia de “Nita” en los campos de fútbol hasta el punto que algunos guardias urbanos controlaban, a demanda Federativa, los partidos que se disputaban en Segalerva por si ella en un principio aparecía y salía a jugar, evitando así que algunos espectadores le propinaran insultos, y que al final de todo originaba una denunciada a la jugadora. En algunos encuentros nuestra protagonista pasaría por alto por su constitución fuerte y aguerrida, en otros y a medida que se hacía más mujer, tuvo que retirarse del terreno de juego al ser descubierta por los que todavía no lo veían con buen criterio.

Entrada la II República, y a partir de la aplicación del artículo 40 de la Constitución de 1931, se eliminó la diferencia sexual en la consideración de las disciplinas deportivas y, en consecuencia, surgieron variadas asociaciones femeninas de deporte. Se dio importancia al comentario técnico sobre el frívolo en la prensa y se impulsó la práctica de la natación, tenis en los Baños del Carmen, así como excursionismo y atletismo, llegándose a celebrar diversos campeonatos en Málaga coincidiendo casi siempre con su Feria.
Esta pundonorosa mujer, todavía una gran desconocida en el deporte malagueño y veleño, abriría el denominado fenómeno del proceso de inscripción de la emancipación de la mujer en el deporte y evidentemente en su lucha muy solitaria por la homofobia en el deporte.

Anita Carmona fallecería joven, a la edad de 32 años victima de una fiebre exantemática, la conocida por entonces como “el piojo verde”. Fue enterrada con la camiseta del Sporting de Málaga en el cementerio de San Rafael en presencia de muchos jugadores y compañeros que compartieron con ella partidos y alineaciones “secretas”.
De su valedor, el Padre Míguez, apodado “el padre de los pobres” se sabe que murió cuatro años antes, en agosto de 1936, tras ser maltratado y después fusilado por tropas milicianas en el conocido “Camino Suárez”.
Fue Beatificado por Benedicto XVI junto con otros 497 mártires el 28 de octubre de 2007 en Roma.

lunes, 4 de mayo de 2009

EL DIVINO EN LA CALLE CRISTO


A medida que la historia del fútbol se hace más larga, se presta mayor atención a su pasado y no sólo a conservar recuerdos, sino también registros tangibles del desarrollo del juego durante el pasado siglo. Quizás una de las colecciones más curiosas sobre el fútbol en Andalucía, esto es, afiches, entradas, botas, balones, etc., etc., podría estar en mi casa de Vélez-Málaga, pero existen muchos otros coleccionistas privados por el mundo que han cultivado como yo, la misma pasión personal durante muchos años y han acumulado colecciones propias, sin más punto de partida que una devoción personal por este juego y con el ánimo también de colaborar de manera desinteresada en la construcción o conocimiento del pasado.
A colación precisamente con el partido que disputó recientemente nuestro equipo juvenil ante un rival almeriense denominado C.D. Español de El Alquián, nombre que toma por el apoyo que este equipo le hizo, a modo de material deportivo, a finales de los años cuarenta. Me llega la historia al caso de lo que es la buena disposición del conjunto españolista en motivos de beneficencia.
Os cuento. Entre las joyas que guardo, y que me llegó de una manera muy casual, está el programa de mano del que pudiera ser (no se conocen antecedentes anteriores) del primer partido disputado a beneficio de una cofradía de Semana Santa en Málaga, en concreto la Real Hermandad del Santo Sepulcro.

Los primeros veinte años del siglo pasado fuero tiempos complicados para el pionero foot-ball y más aún para el mundo cofrade malagueño. Centrándonos en lo meramente deportivo este deporte irrumpía con gran fuerza por toda la provincia y en especial en la capital, donde ya se creaban e inauguraban “campos” como el del Príncipe de Asturias, solar donde está actualmente el Hotel Miramar (1920), los Baños del Carmen (Agosto 1922) o el del Rosaleda Stadium en la zona de Martiricos (Septiembre 1924).

Es en ese mismo año y por medio de la A.D. Ferroviaria, club fundado e integrado por ferroviarios malagueños, se creó el campo de fútbol de la Calle Cristo de la Epidemia. Dicho terreno de juego había sido condicionado a fuerza de mucho entusiasmo y sacrificios, dándose el caso que los propios socios y jugadores de la Ferroviaria, trabajaron de día y hasta altas horas de la noche, con picos, palas y carrillos prestados para acondicionarlo de la mejor manera. Este equipo tuvo poco tiempo de vida deportiva ya que fue absorbido o más bien se fusionó con el Iberia Balompié.

Eran los momentos en el que irrumpía con fuerza el F.C. Malagueño, que viendo que el campo de la calle Cristo era el más próximo al centro de Málaga y ofrecía inmejorables condiciones para adjudicárselo, pudo conseguir su alquiler por la cantidad de 4.500 pesetas al año. Para ello el F. C. Malagueño tuvo que efectuar una profunda y adecuada remodelación, comenzando por instalar una pequeña tribuna de madera que costeó, D. Emilio Andersen Menard, presidente del club y antes promotor de este deporte y pionero jugador del Málaga F.C. en 1904.

Una vez acabadas las obras de remodelación, se pensó en hacer una gran inauguración, aceptándose la iniciativa del directivo y hermano de la citada cofradía, D. Juan Muñoz Orozco, quién propuso contratar al potente Real Club Deportivo Español de Barcelona, que estaba de gira por Portugal, para disputar dos partidos ante el F.C. Malagueño.

Este club catalán tenía en su plantilla al guardameta de 24 años y ya ídolo de la afición española tras la Olimpiada de Amberes con la Selección Nacional, Ricardo Zamora.
Gracias al apoyo de los vecinos de la calle Cristo, aficionados en general, casas comerciales y hermanos cofrades con cierto peso económico, se conseguiría por fin cubrir el desplazamiento del club catalán a Málaga y que aceptó como pago por jugar, un porcentaje de lo recaudado en taquilla.

La fecha fijada para los dos encuentros fueron las de los días 24 y 27 de abril de 1925. Para dar a conocer estos “match” se realizó una gran promoción por medio de los entonces clásicos programas de mano, y que se distribuyeron por todas las calles, cafés, tabernas, hoteles y barberías de la ciudad.


Gracias a estos programas de mano que estaban patrocinados por tres empresas, de las que destacamos la del ex jugador del Málaga F.C., Evaristo Minguet (Curtido, Telas y Cueros) con sucursales en las calles, Juan Gómez García 40 y Calderería 1; la zapatería “El Porvenir” de Maruenga Dieguez y Cia situada en calle Nueva 58; y la empresa Vinos Luengo, hemos podido conocer que estos partidos eran a beneficio de la citada Real Hermandad.
Que el ya apodado “Divino” Zamora junto a su compañero en el R. C. Deportivo Español, el delantero Zabala, visitaran Málaga para jugar dos partidos, fue como rezaba en el anuncio “todo un gran acontecimiento futbolístico en la ciudad”.
La organización que fue llevada por el club malagueño, contó con el patrocinio de la Real Hermandad del Santo Sepulcro. Curiosamente en los archivos que hemos podido consultar, así como reseñas periodísticas de esas fechas, no se hace mención de que los partidos tenían al fin y al cabo la idea de recaudar un dinero importante a beneficio de una de las Hermandades más importantes de la Semana Santa de Málaga.

La respuesta fue impresionante. Muchos fueron los aficionados de Málaga y de toda la provincia, incluido casi todos los jugadores del plantel de aquel lejano Vélez C.F los que organizaran un viaje en tren a Málaga, para no perderse aquel renombrado partido. Se colgó el no hay billetes, y el campo de la Calle Cristo de la Epidemia presentaría en los dos encuentros un lleno que hasta la fecha no había generado ningún encuentro de fútbol jugado en la capital malagueña.

Según podemos comprobar en el programa que conservamos de aquellos dos partidos, el precio de la entrada más barata en el primer partido sería de 3’50 pesetas, siendo el segundo de 4.
Los precios más caros estaban situados en la zona de Palcos (sin entrada) que osciló entre las 35 pesetas del primer encuentro a las 40 del segundo.
El tirón de que Zamora jugaría con el F.C Malagueño sin duda adquirió un mayor si cabe interés.
Se ha comentado por aquellas personas que presenciaron el partido, que las colas daban dos vueltas al contorno de aquel coqueto y hoy desaparecido terreno de juego.
En el primer partido haría el saque de honor la bella señorita, Pilar Cano, hija del que fuera gobernador militar de la plaza y provincia, el general Enrique Cano Ortega.


Junto a ella estarían como capitanes de cada equipo, el malagueño Vicente Cuberta y por el Español, Ricardo Zamora. Bajo el arbitraje del que fuera ex jugador del Español de Madrid, Huelva y más tarde del Málaga F.C., Pepe Font, el R. C. D. Español vencería en el primer encuentro por 1-13, lo que dejaba claro su superioridad ante los malagueños, que tuvieron muy pocas oportunidades de poder batir al “Divino” Zamora.


El equipo catalán formaría con: Zamora; Saprissa, Portas; Trabal, Pelaó, Caicedo; Olariaga, Sanahuja, Zabala, Montesinos y Coll.

Por su parte el F.C. Malagueño lo haría con: Camacho; Hoyos, Soto; Marín, Andrade, Jiménez; Octaviano, Federe Cuberta, Aurelio Casero, Vicente Cuberta y José María.

Para el segundo encuentro, el aliciente preparado por los organizadores estaba muy bien estudiado.
¡¡ Zamora esta vez jugaría defendiendo la portería malacitana ¡¡
Hecho este, que dejaría más rápidamente sin papel las taquillas que se ubicaron a la entrada del campo y en otra más que se tuvo que improvisar en un lateral de la zona de general.

El segundo partido acabaría también con victoria españolista, pero por sólo 0-3, lo que resaltaría aún más la talla y valía de Ricardo Zamora.
Cuenta como anécdota relevante el entrenador malagueño, Juan Antonio Aparicio, en su libro “Tras la órbita del balón”, que Zamora en una de sus intervenciones, y con una botella de gaseosa que tenía próxima a él, interceptó un balón que llegaba a sus dominios evitando el gol. Aquello produjo el delirio entre la numerosa congregación de aficionados que abarrotaban el citado campo y que le dedicó una sonora ovación al que en esas fechas estaba considerado todo un héroe nacional.
Ese mismo año de 1925 se inauguraría un nuevo campo de fútbol en Málaga, hablamos el de las Escuelas Salesianas (Oratorio Festivo) y que todavía existe con el nombre de Segalerva. Fue su precursor el Padre Francisco Miguez, amante del fútbol y organizador del Sporting Club.


La tierra de ese campo, hoy el más antiguo de Málaga, sirvió para el fomento del fútbol malagueño.
Siempre se ha dicho que el fútbol es pasión de multitudes. Y que en su esencia no hay lugar para la razón. Lo que cotidianamente no se dice, es que el fútbol es diversión, y en algunos casos como el que hemos contado, se transforma en amistad y solidaridad con fines muy importantes y concretos.