lunes, 30 de noviembre de 2009

8 DE DICIEMBRE: SAN GOL SIERRA


Nombrar a Paco Sierra en Vélez-Málaga, es ir directo a recordar la gesta de los ocho goles que él solito le marcó al C.D. Roquetas en la tarde noche de un jueves 8 de diciembre de 1994 en el Estadio Vivar Téllez.
Aquel día festivo, este delantero sevillano se vería las caras dentro de un terreno de juego, con un guardameta, Samuel Peral Muñoz, con quién sin quererlo y tras el partido, quedarían unidos con un número, el ocho, para la posteridad…
Se jugaba la jornada número 15ª, y al ser entre semana, llevó pocos medios de comunicación a cubrir el partido. El Vélez C.F. entrenado por Fernando Rosas Hidalgo marchaba muy bien en la liga, su terreno de juego de albero era un fortín ciertamente inexpugnable. En él sólo se había perdido un encuentro, 0-1 (13 de noviembre) ante el recién creado Málaga C.F.
Tocaba el turno en esa fecha de puente de la Inmaculada, de recibir al C.D. Roquetas, conjunto que andaba clasificado en mitad de la tabla.

Recuerdo por entonces que yo trabajaba en la emisora de radio, Cope Costa del Sol en Torre del Mar, y que además, hacía las crónicas del Vélez C.F. al Diario Málaga Costa del Sol, Agencia EFE como así le ponía la voz a los partidos que se emitían en el canal de Tv local por cable, Electro Video TV.
Aquella mañana previa al partido, recibía una llamada telefónica de mi compañero en Radio Ciudad (Roquetas), Juanjo Díaz, para que si me era posible, pudiera entrarle por teléfono en algunas pequeñas conexiones que desde esa emisora municipal almeriense, me irían periódicamente dando paso para conocer el devenir del encuentro.
Allí estábamos puntuales, situados en la antigua grada del Vivar Téllez, con aquellos pioneros y grandes teléfonos móviles (parecidos a un ladrillo) para contar lo que pasaba. De cámara tenía a mi compañero Toni y la cosa bien organizada para narrar el encuentro.
“Saludos amigos de Roquetas… poco público para presenciar el encuentro, no más de 300 espectadores, con las siguientes alineaciones en ambos equipos:

Roquetas: Samuel; Quique, Rogelio, Lorente, Esteban; Rafa, Pedro, Cobo, Dani, Biri y Sabio.
Por el Vélez de Fernando Rosas juegan: Juanmi; Pablo, Mata, Ayala, Alberto; Jaime, Arturo, Amaya, Paco Sierra, Rafa Morales y Curro ".

Un equipazo el veleño, que nos trasmitía siempre en que acabaríamos los partidos con victoria. He de reconocer que nos acostumbró cada domingo a sacar pecho allí donde fuésemos con el equipo, un Vélez de buen fútbol… de jugadas inolvidables y de muchos triunfos.
Sin embargo, tras unos primeros veinte minutos de encuentro muy trabados, la cosa empezó a tener otro protagonista. No era ni el árbitro, ni el Vélez ni mucho menos el Roquetas...
Empezaba a serlo un jugador de tez morena nacido en Morón de la Frontera, de piernas arqueadas al estilo de un cowboy de rodeo y de muy fino olfato goleador, Paco Sierra González, el que empezó a cambiar el signo de una tarde fresquita de fútbol en un modesto grupo de la Tercera División.
Paco cambiaría todo, hasta el guión en los titulares de los mejores programas deportivos de la radio nacional (El Larguero con José Ramón de la Morena y Super García, con José María García en la Cope) así también los espacios reservados (en un principio de no poco más de 20 líneas) en las páginas deportivas de los diarios Sur y Málaga Costa del Sol
De un plumazo… o mejor, de ocho, un jugador de 27 años se encargaría de cambiar los argumentos deportivos y meterse de lleno en eso que hoy se denomina, Historia y Estadísticas del Fútbol Español.

Radiábamos aquel partido cuando llegaba el primer gol de Sierra… tanto que lograba tras un cabezazo de Ayala al palo derecho de Samuel que aprovechó el delantero veleño. Fue un gol ciertamente bien celebrado… minuto 24, ya que se abría “la lata” y nos quitábamos de camino el susto de un disparo al poste, diez minutos antes, del visitante Dani.
Con una diferencia entre tres y seis minutos empezarían a caer los dos siguientes goles veleños. El 2-0 lo haría Sierra tras recibir de Arturo y regatear a un defensor dentro del área, y el 3-0 en jugada personal a la contra que había iniciado por la banda izquierda.
¡Que pasa aquí ¡ decían algunos aficionados de tribuna.
Hasta el punto que ya los compañeros de la radio en Roquetas, más que darme conexiones puntuales, cambiaron la programación de raíz y se conectaron al partido ya sin pausas ni música de por medio...


Cuando el delantero veleño hacía el cuarto, al filo del minuto 38 y el quinto en el 43 tras una cadena de fallos de la defensa rojilla, en Roquetas no se lo podían creer… en Vélez pese a verlo in situ, menos…
Yo me decía ¿Si tres goles en un mismo partido es un Hat-trik... cinco como se le llama o denomina... five-trik?

Entre nosotros, hasta cierto punto era normal lo del delantero veleño, sobre todo los tres primeros goles… pero a raíz del cuarto y del quinto antes del descanso y con toda una segunda parte por disputarse… ya la comidilla era… cuántos goles meterá más el Sierra éste.
¡Qué cojones! Se oía ... ¡Qué monstruo!
En aquellos momentos de relax en el vestuario (si es que lo hubo) ignoro lo que pudo decirle el técnico almeriense, Antonio Gandolfo a sus jugadores, pero seguro que sobre el delantero veleño algo se comentaría…
Eran también los instantes en los que yo recapitulaba los goles, el uno, el dos, el tres... no fuera a que me hubiese equivocado al contar… ya que empezaba la cosa a ser poco normal.
Recuerdo la pregunta del compañero de Roquetas: ¿Jesús, tu estas… (pausa de de diez segundos) ... seguro que los cinco los ha metido este futbolista?
Mientras que le contestaba afirmativamente, recuerdo que veía el movimiento de aquel poco público en el Vivar Téllez, que libres de ubicación en el campo, marchaban en peregrinación con dirección a la portería de fondo para ubicarse tras ella. Recuerdo la imagen de aquella portería con las redes remendadas que defendería en el segundo tiempo aquel joven guardameta de 20 años, Samuel.
En lo deportivo y viendo el panorama del 5-0 en contra, el míster roquetero quitaba en el descanso a su centro del campo titular (Rafa y Pedro) y metía más corte ofensivo… esto es a Carlos y Juan Luis para intentar maquillar el resultado.
De algo le sirvió. Puesto que a los tres minutos de la reanudación acortaban distancias por medio del delantero, Carlos, tras una serie de rechaces.
El partido con este resultado tomó un aire diferente, ya que se niveló en lo que a juego se refería. Se pensaba en la grada, que el gasto del equipo de Rosas en la primera parte, todo un ciclón, podía pagarlo en la segunda y ya no verse más goles en lo que restaba de partido.
Pero la fiesta del gol en Paco Sierra continuaría, ya que en el mto. 59 éste subía el 6-1.
Arremetió el Roquetas con un tanto más, el 6-2 a falta de un cuarto de hora para la conclusión. Gol nuevamente de Carlos en una mala salida del portero Juanmi.
Sin embargo, en esta recta final tuvimos la emoción de ver dos goles más de Sierra y además de un penalti fallado por este jugador (lo mandó al palo izquierdo de Samuel).
La máxima pena llegaría en el 70, pero con el portero lanzado al otro lado, la madera impidió el séptimo gol veleño. Increible, la gente de Vélez saltaba de rabia, como si se hubiese fallado la última ocasión con cero a cero de una final de la Copa del Mundo...

Sin embargo, la locura goleadora se hizo esta vez mucho más palpable entre los presentes cuando en el mto. 75 y después en el 83, este jugador nos regalaba dos tantos más para poner el definitivo 8-2.
Aquella noche, emulando al titular de cuando Pedro Bazán con el C.D. Málaga le hizo nueve goles al Hércules en La Rosaleda, titulé en el Diario Málaga Costa del Sol:
Paco Sierra 8, Roquetas 2.
Y es que por entonces y desde 1948, ningún jugador en partido oficial había logrado emular o acercarse a esta gesta en competición nacional. Tuve la suerte un día después de aquel hecho histórico para nuestro fútbol veleño, de poder entrevistarlo en mi programa del medio día.

Lo hice teniendo al otro lado del teléfono al hoy malogrado delantero del Ath. Club de Bilbao, Agustín “Piru” Gainza. Este gran jugador de fútbol, ya había leído la noticia en los diarios de su tierra, y nos manifestó en tono simpático, que había suspirado algo, ya que a punto estuvo "este atrevido sevillano" de superar (guardando las distancias entre Primera y Tercera división) el récord que él poseía al hacerle ocho goles (18 mayo de 1947) al Celta de Vigo en una eliminatoria de cuartos de final de la Copa de España.
Al récord de Pedro Bazán con nueve goles, ha llegado en estas fechas la gesta del jugador del Cartagena F.C., Alex Marín que le ha marcado nueve tantos de los 14-1 que su equipo en Tercera división le hizo al C.D. Lumbreras, lo que iguala este récord de Pedro Bazán que databa de 1948.
Tras este jugador modesto, de profesión cartero, le siguen Piru Gainza y Paco Sierra con 8, hemos de añadir también a Ladislao Kubala, que le marcó, jugando con el Barça 7 goles al Sporting de Gijón en la 51/52 y Eulogio Martínez que hizo otros siete al At. Madrid en Copa en la 56/57.

Paco Sierra en nuestro club siempre será recordado por su olfato goleador y por aquellos ocho goles que le marcaron la vida en Vélez. Hazaña que dio la vuelta a toda España y de la que por estas fechas se cumplen ya quince años. Aún conservo como un tesoro, el partido en VHS de ese encuentro, sus botas firmadas y el resumen que le hicieron en el programa deportivo de Canal Plus, El Día Después, capitaneado por Michael Robinson.
De aquella campaña 94-95 en el que había muy buenos jugadores, personalmente me quedo con este delantero, Francisco Javier Sierra González, que llegó al Vélez en mitad de la campaña 93-94 y anotó 21 goles. Un año después también en Tercera división, hizo el doble más uno, esto es 43, añadiendo además los doce balones entre postes y largueros que estrelló en las porterías rivales.
Un killer del área que demostró siempre unas estadísticas demoledoras cuando el balón le llegaba a los pies, y al que le daba un sólo destino: la red.
Propongo que el 8 de diciembre para nuestro futbol, y sin olvidar el 13-0 a la P.D. Garrucha o el 10-0 al Atarfe de aquella campaña, tendríamos que marcarlo como el Día del Gol en Vélez-Málaga.
Aquí os paso en video sus ocho goles, disfrutarlos de la misma manera que los viví hace quince años... fue inolvidable.

video

sábado, 13 de junio de 2009

RODRIGO VIVAR TÉLLEZ

Muchos jóvenes veleños desconocen quién fue Rodrigo Vivar Téllez, y si les suena de algo, es por que en su ciudad, Vélez-Málaga, existe un estadio de fútbol y una avenida que llevan su nombre. Dícen, me cuentan, que pronto el popular estadio "Vivar Téllez" puede que cambie de nombre y que se transforme en el Complejo Deportivo “Esteban Vigo”, "Francisco Castejón" o "Juan Hererra" aún esto no se sabe...

Pero de Rodrigo Vivar Téllez se conoce bien poco, es más, si utilizas el buscador más eficaz de internet comprobaras que la información es más bien poca y ciertamente sesgada.
Lo que os voy a contar es simple y llanamente (sin entrar en meros tintes políticos) una pequeña semblanza de lo que fue este personaje y sobre todo lo que en materia deportiva hizo por su ciudad. Que fue mucho.
Parte de lo que relataré en las próximas líneas de este blog es un pequeño resumen de lo que en el año 2000 publique en mi libro “75 años de fútbol en Vélez”.
Tratando con su hija, Araceli Vivar, ésta me contó que su padre había nacido en Vélez-Málaga el 29 de noviembre de 1906 dentro de una familia de siete hermanos. El apellido veleño Vivar estuvo ligando al pionero Vélez F.C., ya que su tío Fernando Vivar fue el médico del club a finales de los años 20 y después su primo, Vivar Marín, también de nombre Fernando, había sido jugador y más tarde Presidente del Vélez F.C. en 1940, sucediendo en esos momentos a Juan Barranquero Aponte.
Fue Fernando Vivar el presidente más joven en la historia de nuestro club. Estuvo poco tiempo en el cargo por razones de salud. Residiendo por un tiempo en Madrid donde preparaba unas importantes oposiciones, falleció por unas extrañas fiebres de malta a la temprana edad de 33 años.

Por su parte Rodrigo Vivar Téllez estudió derecho en Granada y poco a poco fue destacando como juez tras sus periplos en localidades como, Vélez-Rubio, Campillos y Coín, era una época difícil y complicada la que le tocó vivir, muy marcada por una Guerra Civil de por medio y las consecuencias de dos bandos, uno ganador otro perdedor.


Fue designado forzosamente Juez Militar de plaza en Málaga en 1937, y un año después, Juez Militar de Vélez-Málaga, Ronda y Coín, donde tuvo que actuar en los primeros y numerosos juicios sumarísimos entre 1937 y 38, constando su firma en muchos documentos del Archivo del Juzgado Togado Militar Territorial en Málaga, como que firmó sentencias de pena de muerte así como otras de prisión. Tambien se sabe que ayudó a algunos paisanos suyos en el ámbito judicial, para que las pena capitales se transformaran a las de destierro, evitando de esta manera, muertes de amigos y conocidos.
Entre marzo de 1943 y junio 1971 ostentó los cargos de, Vicesecretario Nacional de Falange, Magistrado del Tribunal Supremo, Procurador en las Cortes de Franco por designación directa, y de ahí a Gobernador Civil de Almería y Bilbao. También tuvo el cargo de Jefe del Sindicato Textil.
En lo meramente deportivo (que es lo que aquí recalco y trato), su figura fue crucial para que Vélez-Málaga tuviera en 1951 un estadio de fútbol y que la corporación veleña de entonces decidió que llevara su nombre. Vivar Téllez aunó todos los esfuerzos posibles y movió los hilos pertinentes por el cargo que desempeñaba para que se consiguiera poner en marcha tan importante realización y ver cumplir así con el sueño de muchos jugadores, directivos y aficionados al fútbol de tener un estadio por entonces moderno y amplio.

El deporte en la Obra de Educación y Descanso y con este nuevo campo de deportes tendría su continuación con personas muy queridas en nuestra ciudad y que estuvieron vinculados también (que nadie lo olvide) al Frente de Juventudes, es el caso de José Fernández Ramos, Juan Barranquero Aponte, Francisco Castejón Lence, Manuel Reyna, José Fernández Lozano o Juan Herrera Marín entre otros.
Rodrigo Vivar Téllez presidió la inauguración del estadio de su nombre el 18 de Julio de 1951, siendo su hija Araceli la madrina del campo. De inicio la madrina estaba previsto que fuera María Luisa Judas, la hija en ese momento del Presidente del club, Emilio Judas Artigal, pero una indisposición de esta joven durante la semana, forzó de urgencia el cambio de madrina... (foto)



Con la década de los cincuenta llegarían muchos problemas para el fútbol veleño, especialmente económicos y que en muchas ocasiones fueron paliados, de diferentes maneras, con ayudas “institucionales” que procuraba Rodrigo Vivar Téllez desde su alto cargo político.


Este enviaba al ayuntamiento de Vélez-Málaga diversas subvenciones, incluida una muy importante en 1953 con idea de restaurar una de los muros del estadio que se había caído por un fuerte temporal. Siguiendo en lo deportivo, que es lo que aquí recuerdo se trata, fue una persona que siempre ayudó y se desvivió por el equipo veleño. En lo político... pués evidentemente habrá personas que tendrán otro tipo de opinión. Muy respetadas todas ellas.
Sin ánimo de ofender a nadie, opino que el artículo 15.1 de la Ley de Memoria Histórica es muy claro cuando establece que "las Administraciones Públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura".

Conforme a esta Ley, también digo, que debe ser igual para todos tal como díce nuestra Constitución, pero por lo visto, ésta se interpreta como mejor apetece y se amolde a los intereses de algunas personas (políticos) que no quieren conservar la historia tal como fue y casi rozan el intento de volver a enfrentar a hermanos.

Me consta que hay muchas personas en la ciudad de Vélez-Málaga que son familiares de otras que participaron en la guerra y que, están muy enojados por una Ley que segun ellos, intenta ahora condonar a unas personas y criminalizar a otras. De Rodrigo Vivar Téllez, que fue nombrado Presidente Honorario del club en 1951 y también Hijo Predilecto de Vélez-Málaga, decir por último que falleció en Madrid el 28 de septiembre 1991 a la edad de 84 años.

viernes, 29 de mayo de 2009

PELOTAZO A LA GLORIA

Este relato es muy singular, muy poco conocido y que para los amantes del fútbol a buen seguro os va a gustar. Es sín duda una de las historias más hermosas que pude investigar sobre el deporte rey.

La historia se centra en el período de la I Guerra Mundial, 1914-1918 y en especial en un oficial inglés nacido en Twickeham (1894), Wilfred Percy Nevill, quién pateando en primera línea de trincheras un balón de fútbol, llevó a su batallón a ganar la batalla de la Somme (Francia) contra las tropas alemanas.
Es la verdadera historia de un soldado con un enorme espíritu deportivo, y que en línea con la tradición típica inglesa de aquellos entonces, sintió que la guerra era como un juego de fútbol, asimilando que cuando atacaban las posiciones ocupadas por los alemanes en Francia, esto se trataba de un partido pero a vida o muerte.

Pero conozcamos primero aquella guerra, que fue mucho más lenta de lo que sus "precursores" preveían. Fue este, un enfrentamiento militar totalmente diferente a los que se habían desarrollado con anterioridad en el continente europeo.
Hay que destacar que fue el primer conflicto bélico con el sobrenombre de "Mundial" ya que estuvieron involucradas la casi totalidad de las potencias mundiales de la época.

También hay que resaltar el hecho de que en esta guerra se utilizaron nuevas formas de lucha, tanto en armas (químicas, lanzallamas, tanques, etc.), así como en la forma en la que quedaron establecidos los frentes.
Es justamente en ese aspecto por lo que se denominó "la guerra de trincheras" y en lo que se adentra esta verdadera historia.


Corría el verano de 1916 y los ejércitos contendientes se habían atrincheraron a lo largo de cientos y cientos de kilómetros. Una guerra que se convertiría en un martirio para millones de hombres durante varios años, en condiciones ambientales durísimas.
Trincheras que eran fosos excavados para vigilar y protegerse del fuego enemigo. Para luchar contra la lluvia y el fango se utilizaban empalizadas de madera y sacos. A continuación a unos metros se colocaban alambradas y estacas de madera para que el enemigo no pudiera infiltrarse fácilmente.
El espacio entre la trinchera de un ejército y el del contrario, y que tenían una distancia de entre cincuenta a ochenta metros, se denominaba "tierra de nadie".
Estas trincheras se mantuvieron estáticas durante mucho tiempo y por lo tanto, eran frecuentes las escaramuzas de unos y otros desesperados por llegar a dominar parte de la trinchera enemiga.
Aparte de esto, la vida en estos lugares fue una de las más espantosas pesadillas que hubieron de superar los combatientes. Vivir mal alimentados, casi siempre mojados y embarrados, enterrados en lugares reducidos y en una tierra tan fría y húmeda como el Norte de Francia y el Sur de Bélgica causó muchos millares de bajas debido a las gripes, pulmonías, tuberculosis, reumas y a todo tipo de enfermedades contagiosas propagadas por piojos, pulgas, ladillas y ratas.
Estos roedores bien alimentados de tanto cadáver insepulto y de tantos depósitos de víveres despanzurrados por las granadas de artillería, proliferaron a millones, convirtiéndose en uno de los suplicios de los combatientes, que tenían que quitárselas de la cara o las manos mientras dormían. Así hubo quienes se especializaron, con la ayuda de perros, en desratizar las trincheras.

Los frentes en estas zonas europeas se fueron estancando con durísimos inviernos y extremadas condiciones ambientales que hicieron que la moral de los combatientes estuviera por los suelos. De ahí que en los primeros meses de 1916 se dieran los primeros motines en el ejército francés, que asustaron al alto mando aliado.

Uno de esos mandos era Nevill, nuestro capitán protagonista, más conocido por el apodo de “Billie” o “Bill”, que nombrado con 20 años en noviembre de 1914 como Teniente Segundo, fue enviado al 8º Batallón del Regimiento de la East Surrey.
Después de completar su formación militar en Gran Bretaña, Nevill fue destinado definitivamente en julio de 1915, al aguerrido 15ª R.D. de Montpelier, regimiento británico que junto con las fuerzas francesas intentaban romper las líneas alemanas a lo largo de un frente de 40 kilómetros al norte y al sur del Río Somme, en el norte de Francia.
Un par de meses antes de la batalla de Somme, y en su último permiso que dispuso en Londres al aprovechar su rápido ascenso como capitán, Nevill decidió comprar cuatro balones (uno por cada pelotón destinado en Somme) con la idea de que mientras sus soldados aguardaban días y días tras las trincheras de un posible ataque o defensa del frente, éstos pudieran hacer algo que les pudiera evadirse de aquellos momentos. Y que mejor que darle patadas a un balón de fútbol, deporte que siempre le apasionó y que desde niño seguía como “supporter” del Everton.
Mientras esto ocurría, algunos de los mandos militares entre ellos el comandante Douglas Haig, intentaban avanzar unos pocos metros más al precio que fuese, todo para intentar ganar honores, pero la situación de trincheras cada vez se hacía más complicada.

De ahí que la madrugada del 1 de julio de 1916, cinco minutos antes de las 7’30 horas, sería el momento de la verdad para un total de 14 divisiones británicas, apoyadas por cinco divisiones francesas que se lanzarían al ataque sobre un frente de 28 millas de ancho minado de ametralladoras alemanas.

Nevill que se presentó voluntario para ser uno de los primeros en saltar al fuego alemán, trasmitió a sus oficiales el deseo de avanzar hacia las trincheras alemanas como antes jamás se había hecho.
Esto se haría al saque de potente chut de un balón, es decir tras un “kick off”, desde las primeras líneas aliadas. La idea del joven capitán inglés (que repartió los balones entre los oficiales de su batallón, Bobby Soames, Alex Woodrow y W. Alcock), era que al patearlas a zona enemiga, estas servirían también como un gran acicate (quizás un exceso de arrogancia) para convencer a sus hombres de que el ataque ante los alemanes iba a ser un mero paseo… Este mensaje que fue trasladado entre los batallones y de punta a punta de las trincheras aliadas, sirvió increíblemente de revulsivo en sus soldados. Una batalla que pasaría después a ser una de las más largas y sangrientas de la Primera Guerra Mundial, con más de un millón de bajas entre ambos lados.

Cinco minutos de la hora acordada, W.P. Nevill, fue el primero de todos en saltar de las trincheras que lo protegía, y corriendo tras la pelota que el pateó al aire, encabezó el asalto contra las trincheras alemanas… unos minutos después le seguiría con otra pelota al cielo Bobby Soames

El campo de batalla se silenció entonces súbitamente, mientras la artillería intentaba localizar la próxima línea de objetivos que marcaba Nevill corriendo entre complicados parapetos. Su pelotón, al que reconocieron después como “el del fútbol”, y que en principio vaciló, después siguió a su capitán.

Una oleada tras otra, aquella clara y cálida mañana de julio, los soldados abandonaban la relativa protección de sus trincheras para caer abatidos sin remisión por las mortíferas ametralladoras “Maxim” germanas.

Nevill ya herido de metralla moriría de forma casi instantáneamente de un cañonazo, pero su país, Inglaterra, conquistaría aquella tierra de nadie y pudo celebrar la batalla como la primera victoria del fútbol inglés en el frente de guerra.
Años más tarde los historiadores han coincidido que el propósito principal de aquella sangrienta batalla era distraer a las tropas germanas de la Batalla de Verdún ; sin embargo, las bajas de la batalla del Somme terminaron siendo superiores a las de esta última.

La batalla es recordada principalmente por su primer día, 1 de julio de 1916, en el que los británicos sufrieron 57.740 bajas, de las cuales 19.240 fueron mortales. Constituye la batalla más sangrienta en la historia del Ejército Británico. Nevill y muchos de sus compañeros serían enterrados en el cementerio de Montauban en un valle denominado “Squeak Forward Position”.


Aquel “glorioso balón de cuero” que pateo Nevill y que abrió la batalla, tenía escrito la leyenda: "La Gran Copa de Europa. Final: East Surreys v Bávaros. Saque inicial desde la Zona Cero”, fue objeto de un emotivo acto militar al que se le rindieron (como se ve en la foto) honores de héroe.

De los cuatro balones que el capitán inglés había comprado, aún se conservan dos, uno en el Museo Nacional del Ejército y el otro en el Museo Queen's en el Regimiento de Canterbury, Kent. En Alemania aún se sigue considerando este hecho como un claro ejemplo de la locura inglesa.

viernes, 15 de mayo de 2009

¿QUE TAL UN PIERDE PAGA?

El juego de Futbolín se convirtió hace ya tiempo en el punto de encuentro en bares, puertas de colegios y kioscos en medio de plazas abandonadas y a medio reformar. Moneda a moneda y gol a gol, los chicos se encontraban frente a frente, bien parados y con las manos en los pomos. Los jugadores bailan, chutaban la pelota pulida y éramos entonces los Amancio, Kubala, Pelé o Maradonas por unos momentos.
Me vuelvo niño al escribir esto, y recuerdo mi juventud con los campitos verdes y azules de futbolín, muchos ya viejos y con la pintura descascarada, y que siguen aún presentando un clásico ante una tribuna de papel y ante los ojos ansiosos de jugadores y público que esperabamos el resultado de ese partido al mejor de cinco goles…
Este articulo va dedicado a Alejandro Campos Ramírez, creador del fútbolín. Un gallego al que conocí haca ya años, nacido en La Coruña en 1919 y apodado popularmente desde 1936 por Alejandro “Finisterre”, y que según me contó, le cambiaría la vida un bombardeo cuando tenía 16 años.
Tal y como recordó años después, la idea del futbolín surgió “Por culpa de una bomba nazi, de las que lanzaron sobre Madrid y en la que quedé sepultado entre cascotes, con heridas graves. Me llevaron a Valencia y luego al hospital de la Colonia Puig de Montserrat. La mayoría de los niños y otras personas que allí estábamos, nos habíamos convertido en mutilados de guerra. Yo había jugado al fútbol (incluso perdí un diente una vez de una patada) pero eso ya no era nada en comparación a lo que me ocurría, me había quedado cojo y envidiaba a los niños que podían jugar” afirmo.
También Alejandro Campos amaba el tenis de mesa, así que un día pensó: ¿Por qué no crear el fútbol de mesa? En esas circunstancias inventó el futbolín y fabricó con su amigo el carpintero vasco Francisco Javier Altuna, el primer modelo que fue patentado en Barcelona, y en el que los futbolistas eran de madera de Boj, un material que permitía todo tipo de efectos y sutilizas ante una pionera pelotita que estaba fabricada de corcho aglomerado.
Aquel invento fue mano de Santo, la chiquillería se volcó sobre el nuevo juguete, y en especial los niños mutilados, que pudieron participar y, a menudo ganar, jugando nuevamente al fútbol… pero de mesa.
Y precisamente ese fue el inicio de la historia del futbolín, esa salida alterna a esa falta del don en las piernas, toda una confabulación del destino: una guerra civil en España que anuló la fabricación de juguetes para los niños y esa misma guerra que mutilaba a los soldados que en su recuperación buscaban la forma de entretenerse y un poeta e inventor con una idea que buscaba la forma de saciar sus instintos futboleros.
Alejandro, que había registrado este juego en 1937, tuvo que exiliarse a Francia por el triunfo franquista en la guerra, con tan mala suerte, que extravió en una tormenta los papeles de la patente mientras atravesaba andando, como otros tantos españoles, los Pirineos.
A ese pionero futbolín, le seguiría entre 1939 a 1945 uno de forma plegable al que se le denominó “de maletita” y que era algo más pequeño, de peso liviano y que se caracterizaba por unas primitivas barras telescópicas y tener sus jugadores pintados a mano de color rojo y azul y también amarillo.
Sobre este tipo de futbolín de maleta, tuve la suerte de adquirir hace cuestión de nueve años, fue en una subasta de juguetes que se realizó en Barcelona y en la que a un precio nada relevante, aquel invento de Finisterre paso a mi colección particular. Que gran suerte tuve aquel día, de mañana compre el futbolín y de tarde pude transmitir para RNE el partido en el Nou Camp entre el Barça y el Málaga, y que terminaría con victoria para los de Joaquín Peiró por 1-2.
Después de consultar con varios entendidos en el coleccionismo de juguetes, estos me informaron que curiosamente la ciudad de Málaga fue una de las centrales operativas en la importación de este juguete para toda Andalucía y que el modelo que había adquirido, se trata en concreto de una edición que se fabricó entre 1941 y 45 y que tenía como novedad, aparte de ser plegable o de maletita, el de tener un contador en forma de varilla para llevar la cuenta de los goles que se marcaban.

Este futbolín es una de esas joyas que le tengo mucho aprecio dentro de mi variada colección, como el disco de pizarra “Los leones rojos” que es el primer himno dedicado a la selección española de fútbol, las botas de Juanito, las de Just Fontaine, la camiseta de Pelé en la película “Evasión o Victoria”, la del ídolo del Málaga, Viberti o uno de los balones con la que se jugo la final de la Eurocopa 2008.

Pero volviendo al futbolín, éste era en definitiva, una forma más para poder trasladar este juego a cualquier lugar y así poder entretener a aquellos jóvenes que deseaban, ante las adversas circunstancias de lo que significó la post guerra, el poder practicar ese juego, el fútbol.

Años más tarde (1952) cuando “Finisterre” se instaló en Guatemala, éste perfecciono el futbolín hasta lograr una autentica obra de arte, las pionera barras telescópicas se harían de acero sueco y la mesa de caoba de Santa Maria, la mas fina del mundo. Dada la habilidad y delicadeza de los indios para la juguetería, Guatemala era un lugar idóneo que ofrecía, además, embarques a los océanos Atlántico y Pacifico y estaba cerca de un centro de comunicaciones tan importante como el canal de Panamá. Ello le animó a otras innovaciones, como las cajas de música y el baloncesto de mesa, con una pelota con aplicaciones metálicas que permitían la atracción por magnetismo.

Pero cuando el futbolín ya empezaba a venderse bien en Centroamérica, Castillo Armas invadió Guatemala y nuestro gallego inventor por su militancia izquierdista y la competencia que hacia el negocio al monopolio estatal de maquinas tragaperras.
Las mismas dificultades encontró en otros países: el futbolín pudo ser un gran negocio en Estados Unidos, pero para ello habría que haber tenido que llegar a acuerdos con la mafia.

En cuanto a México, donde se instalo en 1956, fue pirateado de inmediato sin posibilidad de control de royalties, por lo que decidió dedicarse a la edición de libros de arte y la obra de los exiliados.
Fue así como empezó a publicar a León Felipe, a quien había reencontrado allí. Y cuando regreso a España en los años 60 se encontró con la sorpresa de que el país estaba lleno de futbolines. Aunque el no sabia que por entonces, su prototipo de la colonia Puig había conocido una fulminante expansión en plena guerra civil, y los fabricantes valencianos lo habían convertido en la posguerra en el juego nacional por excelencia. Su invento, que había nacido en un hospital de sangre y en otros países, se utilizaría para que los niños recuperasen reflejos y movimientos, era ya los tiempos en la que nuestra selección le ganaba la final de la Copa de Europa a Rusia.

”Finisterre” no pudo por menos de asombrarse de la transformación sufrida por algo que el había concebido como algo lleno de matices a base de jugadores de madera y que habíamos convertido en un intercambio de trancazos entre dos bandos de futbolistas ya de plomo y balones de marmolina. Quizás empezó a entenderlo todo mejor cuando recibió aquella citación del Tribunal del Orden Público que le recordaba que no en vano había transcurrido una guerra.


Se supone que era difícil ejecutar con delicadeza algo que, después de todo, era hijo de aquel conflicto, y cuyos jugadores (fundidos en un metal que había segado la vida de más de un español) algo tenían de soldaditos de plomo que pateaban aquellas bolas compactas como si fueran balas de cañón”.

Nuestro inventor tras residir en Benajarafe (Loma Alta) durante varios años, y donde gracias a un amigo común tuve la oportunidad de conocerlo, se trasladaría a Aranda de Burgos, donde allí continuó escribiendo mientras era miembro de la Real Academia Gallega. Después fijaría su residencia en Zamora, donde gestionaría la herencia del poeta León Felipe como albacea testamentario. Falleció en Zamora, en su casa del barrio de Pinilla, a la edad de 87 años, el día 9 de febrero de 2007.
Sus cenizas fueron esparcidas en el Río Duero a su paso por la ciudad de Zamora y en el Atlántico en Finisterre.

El futbolín tiene otros nombres en el mundo, en Argentina lo denominan “metegol”; en Bolivia “canchitas”; en Chile “taca-taca”; en México “fuchito”; en Uruguay “futbolito”, en Portugal “matraquilho”; etc.

Mientras se discute o no, que en muchos casos, una desgracia alimenta la inventiva, os propongo una partidilla al futbolín, pero eso sí, sin jugar de “cuchara” y al mejor de siete goles…

viernes, 8 de mayo de 2009

NITA, LA PRIMERA FOOTBALLIER

“Nita” tenía una peculiar afición, que para la época en que vivió, era toda una locura. Jugar al foot-ball. Anita Carmona Ruiz había nacido en el popular barrio malagueño de Capuchinos el 16 de mayo de 1908, y desde ya muy pequeña, “Nita” que era su apodo al ser la menor de cuatro hermanos, sería testigo principal de como el deporte de “pelota con el pié” crecía de modo imparable.

Su padre Andrés, trabajaba en el puerto de Málaga en tareas de estibador y fue allí donde en más de una ocasión y de la mano de su madre, vio jugar y crecer el fútbol en las amplias explanadas del muelle. La mayoría de aquellos pioneros “footballiers” eran marinos ingleses que se ejercitaban propinando patadas a una reluciente pelota redonda.

Una afición a este deporte que poco a poco “Nita” fue superando ante el entones absurdo cliché según el cual, el fútbol era cosa de los hombres. Calamidades no pasó, pero sí castigos morales y numerosas descalificaciones, cuando ya en edad juvenil participaba en los partidos que se disputaban en la explanada cercana al cuartel de Artillería y a lo que años más tarde, en 1925, se convertiría en el campo de las Escuelas Salesianas (Oratorio Festivo) del Padre Francisco Miguez Fernández, hoy día popular campo de Segalerva.

En ciertas ocasiones y a consecuencia de los diversos arañazos y magulladuras que se llevaba entre tantas patadas y empujones con los chicos, sus padres la castigaban durante un tiempo prohibiéndola salir de casa. Todo venía además forzado por el consejo moral del entorno vecinal, que por el hecho de que se le asociara más con niños y con la agresión y la competitividad del fútbol, contribuyó a que se le considerara inadecuado para el proceder de una dama. Siendo además su tío médico de la familia el que aseverara constantemente que lo que hacía era perjudicial para la estructura corporal de la mujer. Incluso pidió a su hermana que mandara a Vélez-Málaga por un tiempo a esta joven para que olvidase el entorno en el que se desenvolvía y sobre todo la practica de un sport enteramente para hombres.

Anita Carmona para no ser descubierta y castigada, se recogía el pelo con las típicas gorrillas y boinas que utilizaban los jugadores para no llevarse cortes con las correillas del balón y se vendaba el pecho con el fin de aparentar ser un chico y así no ser descubierta por todos aquellos que le reprobaban su afición descarada por un sport machista. Si en aquellos tiempos, el ver a una persona sudorosa correr tras una pelota estaba ya mal visto, imagínense en una mujer.

La llegada del Padre Miguez sobre 1921 al barrio capuchinero, fue sin duda la mejor vía de escape y su gran oportunidad para jugar al fútbol. Miguez nacido en la localidad de Corvillón (Orense) era un enamorado de este deporte y al amparo de las directrices educativas salesianas, fundaría el Sporting de Málaga, equipo que con el tiempo sería uno de los más representativos de la ciudad.
Un club que tenía el lema Salesiano de que “El deporte fortalecía el cuerpo y que el espíritu se entrenaba en el estadio de la Santa Misión” y que destinaba todos lo beneficios económicos para adquirir ropas, calzado y obsequios para los colegiales y niños más necesitados del barrio y que cada domingo disfrutaban de los muchos partidos que se disputaban en esos terrenos entonces propiedad del cercano Sanatorio.



Con la inauguración de este campo de fútbol, “Nita” Carmona, pudo vincularse en el Sporting Club, primero como colaboradora del masajista, Juanito Marteache y encargada de lavar la equipación, cosa que hacía a escondidas en casa de su mejor cómplice, su abuela Ana. Después como jugadora en algunos partidos que su equipo disputaba fuera del barrio para así no ser reconocida.

Su aspecto fornido y tosco (fue además perseguida por una denominada primera homofobia deportiva) le permitía desempeñar un buen papel en la delantera del Sporting Club y que a tenor de la vestimenta deportiva de por entonces, con calzones largos, medias altas y camisetas en cierta medida holgadas, apenas se podía distinguir sus formas femeninas.

Este “disfraz” no serviría en muchas ocasiones, y ya fuese por los propios jugadores del equipo rival, que no veían bien que una joven jugase al fútbol y que hasta incluso les ganase a dar patadas, o por los propios aficionados que la delataban o denunciaban, el caso es que tuvo obligatóriamente que vivir una temporada larga y como castigo en Vélez-Málaga.


En esta ciudad y sin que sus tíos lo supieran, siguió practicando el football, “Nita” hizo amistades con la hermana de Juan Barranquero, capitán del equipo y primo de su amigo del Sporting y defensa Quero, a los que convencería para poder jugar algunos partidos con el Vélez FC.
Para no ser descubierta, y que sus compañeros no la delatasen sin querer con su nombre, se le puso un apodo, el de “Veleta”, en relación a que cambiaba constantemente de aires… es decir mujer en la calle, hombre futbolista dentro del Tejar de Pichelín.

Fueron no pocos los partidos que “Nita”, convertida con el mote de “Veleta” disputaría con el equipo veleño, teniendo como compañeros en la media a Antonio Castaños y Alfonso Bermúdez.
Además participaría en la inauguración del primer campo de fútbol de la ciudad, haciendo primero de Dama de Honor junto a la madrina del campo, Dolores Castaños Monleón y después jugando unos minutos sustituyendo por agotamiento a su compañero Vivar.
Según Miguel Ángel Carmona, familiar lejano de Anita y al que agradezco me haya posibilitado su fotografía, tiene conocimientos de que esta pionera jugadora de fútbol fue muchas veces invitada por José Del Pino, fundador del Victoria Eugenia para jugar encuentros en el Rosaleda Stadium, campo de fútbol que por entonces existía cercano al hoy día Estadio de La Rosaleda.

Con el nacimiento de la Federación Sur y la Junta local de árbitros, la prohibición de poder jugar una mujer en una competición para hombres, limitaría la presencia de “Nita” en los campos de fútbol hasta el punto que algunos guardias urbanos controlaban, a demanda Federativa, los partidos que se disputaban en Segalerva por si ella en un principio aparecía y salía a jugar, evitando así que algunos espectadores le propinaran insultos, y que al final de todo originaba una denunciada a la jugadora. En algunos encuentros nuestra protagonista pasaría por alto por su constitución fuerte y aguerrida, en otros y a medida que se hacía más mujer, tuvo que retirarse del terreno de juego al ser descubierta por los que todavía no lo veían con buen criterio.

Entrada la II República, y a partir de la aplicación del artículo 40 de la Constitución de 1931, se eliminó la diferencia sexual en la consideración de las disciplinas deportivas y, en consecuencia, surgieron variadas asociaciones femeninas de deporte. Se dio importancia al comentario técnico sobre el frívolo en la prensa y se impulsó la práctica de la natación, tenis en los Baños del Carmen, así como excursionismo y atletismo, llegándose a celebrar diversos campeonatos en Málaga coincidiendo casi siempre con su Feria.
Esta pundonorosa mujer, todavía una gran desconocida en el deporte malagueño y veleño, abriría el denominado fenómeno del proceso de inscripción de la emancipación de la mujer en el deporte y evidentemente en su lucha muy solitaria por la homofobia en el deporte.

Anita Carmona fallecería joven, a la edad de 32 años victima de una fiebre exantemática, la conocida por entonces como “el piojo verde”. Fue enterrada con la camiseta del Sporting de Málaga en el cementerio de San Rafael en presencia de muchos jugadores y compañeros que compartieron con ella partidos y alineaciones “secretas”.
De su valedor, el Padre Míguez, apodado “el padre de los pobres” se sabe que murió cuatro años antes, en agosto de 1936, tras ser maltratado y después fusilado por tropas milicianas en el conocido “Camino Suárez”.
Fue Beatificado por Benedicto XVI junto con otros 497 mártires el 28 de octubre de 2007 en Roma.

lunes, 4 de mayo de 2009

EL DIVINO EN LA CALLE CRISTO


A medida que la historia del fútbol se hace más larga, se presta mayor atención a su pasado y no sólo a conservar recuerdos, sino también registros tangibles del desarrollo del juego durante el pasado siglo. Quizás una de las colecciones más curiosas sobre el fútbol en Andalucía, esto es, afiches, entradas, botas, balones, etc., etc., podría estar en mi casa de Vélez-Málaga, pero existen muchos otros coleccionistas privados por el mundo que han cultivado como yo, la misma pasión personal durante muchos años y han acumulado colecciones propias, sin más punto de partida que una devoción personal por este juego y con el ánimo también de colaborar de manera desinteresada en la construcción o conocimiento del pasado.
A colación precisamente con el partido que disputó recientemente nuestro equipo juvenil ante un rival almeriense denominado C.D. Español de El Alquián, nombre que toma por el apoyo que este equipo le hizo, a modo de material deportivo, a finales de los años cuarenta. Me llega la historia al caso de lo que es la buena disposición del conjunto españolista en motivos de beneficencia.
Os cuento. Entre las joyas que guardo, y que me llegó de una manera muy casual, está el programa de mano del que pudiera ser (no se conocen antecedentes anteriores) del primer partido disputado a beneficio de una cofradía de Semana Santa en Málaga, en concreto la Real Hermandad del Santo Sepulcro.

Los primeros veinte años del siglo pasado fuero tiempos complicados para el pionero foot-ball y más aún para el mundo cofrade malagueño. Centrándonos en lo meramente deportivo este deporte irrumpía con gran fuerza por toda la provincia y en especial en la capital, donde ya se creaban e inauguraban “campos” como el del Príncipe de Asturias, solar donde está actualmente el Hotel Miramar (1920), los Baños del Carmen (Agosto 1922) o el del Rosaleda Stadium en la zona de Martiricos (Septiembre 1924).

Es en ese mismo año y por medio de la A.D. Ferroviaria, club fundado e integrado por ferroviarios malagueños, se creó el campo de fútbol de la Calle Cristo de la Epidemia. Dicho terreno de juego había sido condicionado a fuerza de mucho entusiasmo y sacrificios, dándose el caso que los propios socios y jugadores de la Ferroviaria, trabajaron de día y hasta altas horas de la noche, con picos, palas y carrillos prestados para acondicionarlo de la mejor manera. Este equipo tuvo poco tiempo de vida deportiva ya que fue absorbido o más bien se fusionó con el Iberia Balompié.

Eran los momentos en el que irrumpía con fuerza el F.C. Malagueño, que viendo que el campo de la calle Cristo era el más próximo al centro de Málaga y ofrecía inmejorables condiciones para adjudicárselo, pudo conseguir su alquiler por la cantidad de 4.500 pesetas al año. Para ello el F. C. Malagueño tuvo que efectuar una profunda y adecuada remodelación, comenzando por instalar una pequeña tribuna de madera que costeó, D. Emilio Andersen Menard, presidente del club y antes promotor de este deporte y pionero jugador del Málaga F.C. en 1904.

Una vez acabadas las obras de remodelación, se pensó en hacer una gran inauguración, aceptándose la iniciativa del directivo y hermano de la citada cofradía, D. Juan Muñoz Orozco, quién propuso contratar al potente Real Club Deportivo Español de Barcelona, que estaba de gira por Portugal, para disputar dos partidos ante el F.C. Malagueño.

Este club catalán tenía en su plantilla al guardameta de 24 años y ya ídolo de la afición española tras la Olimpiada de Amberes con la Selección Nacional, Ricardo Zamora.
Gracias al apoyo de los vecinos de la calle Cristo, aficionados en general, casas comerciales y hermanos cofrades con cierto peso económico, se conseguiría por fin cubrir el desplazamiento del club catalán a Málaga y que aceptó como pago por jugar, un porcentaje de lo recaudado en taquilla.

La fecha fijada para los dos encuentros fueron las de los días 24 y 27 de abril de 1925. Para dar a conocer estos “match” se realizó una gran promoción por medio de los entonces clásicos programas de mano, y que se distribuyeron por todas las calles, cafés, tabernas, hoteles y barberías de la ciudad.


Gracias a estos programas de mano que estaban patrocinados por tres empresas, de las que destacamos la del ex jugador del Málaga F.C., Evaristo Minguet (Curtido, Telas y Cueros) con sucursales en las calles, Juan Gómez García 40 y Calderería 1; la zapatería “El Porvenir” de Maruenga Dieguez y Cia situada en calle Nueva 58; y la empresa Vinos Luengo, hemos podido conocer que estos partidos eran a beneficio de la citada Real Hermandad.
Que el ya apodado “Divino” Zamora junto a su compañero en el R. C. Deportivo Español, el delantero Zabala, visitaran Málaga para jugar dos partidos, fue como rezaba en el anuncio “todo un gran acontecimiento futbolístico en la ciudad”.
La organización que fue llevada por el club malagueño, contó con el patrocinio de la Real Hermandad del Santo Sepulcro. Curiosamente en los archivos que hemos podido consultar, así como reseñas periodísticas de esas fechas, no se hace mención de que los partidos tenían al fin y al cabo la idea de recaudar un dinero importante a beneficio de una de las Hermandades más importantes de la Semana Santa de Málaga.

La respuesta fue impresionante. Muchos fueron los aficionados de Málaga y de toda la provincia, incluido casi todos los jugadores del plantel de aquel lejano Vélez C.F los que organizaran un viaje en tren a Málaga, para no perderse aquel renombrado partido. Se colgó el no hay billetes, y el campo de la Calle Cristo de la Epidemia presentaría en los dos encuentros un lleno que hasta la fecha no había generado ningún encuentro de fútbol jugado en la capital malagueña.

Según podemos comprobar en el programa que conservamos de aquellos dos partidos, el precio de la entrada más barata en el primer partido sería de 3’50 pesetas, siendo el segundo de 4.
Los precios más caros estaban situados en la zona de Palcos (sin entrada) que osciló entre las 35 pesetas del primer encuentro a las 40 del segundo.
El tirón de que Zamora jugaría con el F.C Malagueño sin duda adquirió un mayor si cabe interés.
Se ha comentado por aquellas personas que presenciaron el partido, que las colas daban dos vueltas al contorno de aquel coqueto y hoy desaparecido terreno de juego.
En el primer partido haría el saque de honor la bella señorita, Pilar Cano, hija del que fuera gobernador militar de la plaza y provincia, el general Enrique Cano Ortega.


Junto a ella estarían como capitanes de cada equipo, el malagueño Vicente Cuberta y por el Español, Ricardo Zamora. Bajo el arbitraje del que fuera ex jugador del Español de Madrid, Huelva y más tarde del Málaga F.C., Pepe Font, el R. C. D. Español vencería en el primer encuentro por 1-13, lo que dejaba claro su superioridad ante los malagueños, que tuvieron muy pocas oportunidades de poder batir al “Divino” Zamora.


El equipo catalán formaría con: Zamora; Saprissa, Portas; Trabal, Pelaó, Caicedo; Olariaga, Sanahuja, Zabala, Montesinos y Coll.

Por su parte el F.C. Malagueño lo haría con: Camacho; Hoyos, Soto; Marín, Andrade, Jiménez; Octaviano, Federe Cuberta, Aurelio Casero, Vicente Cuberta y José María.

Para el segundo encuentro, el aliciente preparado por los organizadores estaba muy bien estudiado.
¡¡ Zamora esta vez jugaría defendiendo la portería malacitana ¡¡
Hecho este, que dejaría más rápidamente sin papel las taquillas que se ubicaron a la entrada del campo y en otra más que se tuvo que improvisar en un lateral de la zona de general.

El segundo partido acabaría también con victoria españolista, pero por sólo 0-3, lo que resaltaría aún más la talla y valía de Ricardo Zamora.
Cuenta como anécdota relevante el entrenador malagueño, Juan Antonio Aparicio, en su libro “Tras la órbita del balón”, que Zamora en una de sus intervenciones, y con una botella de gaseosa que tenía próxima a él, interceptó un balón que llegaba a sus dominios evitando el gol. Aquello produjo el delirio entre la numerosa congregación de aficionados que abarrotaban el citado campo y que le dedicó una sonora ovación al que en esas fechas estaba considerado todo un héroe nacional.
Ese mismo año de 1925 se inauguraría un nuevo campo de fútbol en Málaga, hablamos el de las Escuelas Salesianas (Oratorio Festivo) y que todavía existe con el nombre de Segalerva. Fue su precursor el Padre Francisco Miguez, amante del fútbol y organizador del Sporting Club.


La tierra de ese campo, hoy el más antiguo de Málaga, sirvió para el fomento del fútbol malagueño.
Siempre se ha dicho que el fútbol es pasión de multitudes. Y que en su esencia no hay lugar para la razón. Lo que cotidianamente no se dice, es que el fútbol es diversión, y en algunos casos como el que hemos contado, se transforma en amistad y solidaridad con fines muy importantes y concretos.

jueves, 30 de abril de 2009

" MUNI- QUEOP"

Tomando el sol con mi hija en un parque cercano a casa, pude ver un interesante partidillo de fútbol en el que competían dos equipos de cuatro chavalines. Las porterías eran los bancos que tenían en el mismo parque por donde pasaban constantemente el chorreo de otros pequeños jugando a otros juegos.
Ese partido era de pelotazo va y pelotazo viene… pero a otros niños, madres y abuelos sentadas en los otros bancos continuos, todo ocurría sin sobresaltos en el guión normal de una tarde de primavera…
Estas circunstancias de indiferencia me llevó a recordar como empezó todo esto del balompié y como fue y como se combatió a principios del siglo pasado la denominada “cruzada contra el football callejero”…

Frenar el impulso natural de los niños a la hora de golpear la pelota en cualquier lugar del pueblo, era casi una misión imposible en la Vélez-Málaga de finales de los años 20.
Esta circunstancia produjo por parte de la Alcaldía, que era presidida por D. Rafael Santiago, el establecimiento de una severísima orden, para que los agentes de la Policía Urbana, impidieran que las calles y plazas se convirtieran en "campas de football".
Por muchas de ellas, Barrio de La Villa, Félix Lomas, Alhóndiga, Alberquilla, Cruz Verde, etc., apenas era posible circular a una hora determinada, sin que el transeúnte se viese expuesto a que aquellas pelotas fabricadas de trapo y también balones adquiridos por los más pudientes, se plantase en sus narices. Una orden en definitiva para evitar el incordiante instinto infantil, que era como querer clandestinizar el propio juego, en este caso, el foot-ball, que los más jóvenes solían practicar en explanadas ya marcadas por la Guardia Urbana como más importantes de confrontacion futbolera, estas eran las de la Estación del tren, Plaza de la Constitución, jardines de Capuchinos y calles menos concurridas…



Ante tal bando, era muy normal en los años veinte que, mientras unos jugaban otros estuviesen muy atentos a la llegada del policía que les podía quitar la pelota o ponerles una multa a sus padres. Así que para evitar males mayores, se ideo una consigna o frase para salir por píes cuando las autoridades se acercaban por la zona donde se dirimía aquellos entretenidos “moloch futboleros”.

Según me comento en su día el pintor, Paco Hernández, hijo del guardia urbano Vicente, la palabra clave que los chavales utilizaban era, “muni queop” o lo que era en cierta medida la frase abreviada de, municipal que os quita la pelota.

Dio resultados positivos la utilización de esta frase y así nuestros primeros practicantes y jóvenes del lugar pudieron incubar su entusiasmo por el deporte de la pelota, mientras que en varias zonas de la ciudad se decía a modo de crítica, “ya no se juega a pelota con la mano, ahora se juega a patadas, y dicen que adelantamos…”

miércoles, 22 de abril de 2009

LA VICTORIA MÁS TRISTE


Este artículo va dedicado a la memoria de aquellos luchadores malagueños que soñaban con un país libre, sus familias, y al pueblo llano que los ayudó, todos ellos maestros de la supervivencia y de la resignación, a todos aquellos que la historia oficial de aquellos régimenes intentaron enterrar en el más profundo olvido bajo el descrédito y la infamia.
Siempre se ha dicho que la distancia en el espacio y en el tiempo, implica el olvido y que la mente humana tiende a borrar aquellas etapas excesivamente duras para el ser humano.

Lejos de estas afirmaciones, me quiero centrar en estas líneas en Antonio Pérez Galindo, un veleño nacido el 17 de marzo de 1911 que dedicó su corta vida, segada por el holocausto nazi, a difundir entre sus compañeros de barracón en el campo de prisioneros de guerra de Sandbostell (norte de Bremen), en el de Gusen y poco después en Mauthausen (Austria), los recuerdos y añoranzas de una tierra, Málaga, que esperaba algún día poder volver a pisar y como no, de poder jugar nuevamente al fútbol con sus queridos y añorados compañeros de su equipo, el Vélez F.C., amigos que le habían dedicado la siguiente semblanza cuando éste compartía vida y deporte en su pueblo:

“Chiquitín y presumido,
ahora juega de interior,
el correr le cunde poco,
chuta de cualquier manera,
pero una panadera,
lo trae absolutamente loco”

Ya han pasado más de medio siglo desde que las tropas americanas entraran liberando Mauthausen, sin embargo hay historias que no deben de perderse en el tiempo, la de Antonio Pérez es sin lugar a duda una de ellas.

Un veleño que conservó siempre la amargura de haber perdido en el duro camino del exilio entre España y Francia, a muchos compañeros de Málaga y la Axarquía.
Cuentan algunos supervivientes malagueños de Mauthausen, como es el caso de José Marfil, natural de Rincón de la Victoria, que tras llegar Pérez Galindo en un vagón de madera donde apenas cabían 40 personas y después de muchos días sin apenas comida y hacinados junto a sus propios excrementos, éste tras ser registrado por los alemanes con el número de prisionero 3612 y junto a otros paisanos que llegaron ese mismo día, caso de Manuel Suárez Rodríguez y Antonio Solves Laborda, el veleño empezó a hacer amigos y a no parar de hablar de su tierra, su familia y sus cosas, era en verdad su especial medicina ante tanto dolor, una terapia ante tanta locura siempre emocionada, y donde recordaba también aquellos partidos que disputaba en el viejo campo de fútbol del Tejar de Pichelín en la localidad de Vélez-Málaga

Estas conversaciones entre vecinos de barracón ayudaban a que los más jóvenes no olvidaran su lugar de origen y trataran de olvidar la barbarie que se vivía fuera de los barracones de aquel sanguinario campo. Las escenas que debió soportar junto a los demás presos fueron dantescas. Así, podía contar que "cada día subían 20 ó 30 cadáveres de amigos al horno crematorio sabiendo que a la mañana siguiente les podía tocar a uno de ellos".


Antonio Pérez Galindo en memorias de los compañeros que sobrevivieron al holocausto alemán, cuentan que fue un deportista nato, que en momentos previos a la barbarie de Mauthausen supo granjearse la confianza de algunos oficiales alemanes amantes del denominado “fussball”.
Pérez Galindo utilizaba un solo lenguaje para comunicarse con los oficiales alemanes, el del fútbol, lo hacía para olvidar todo lo que allí ocurría, el miedo, el frío, el hambre, la soledad más absoluta, la muerte o la traición. Tiempos en los que sobrevivir una semana, un día, o simplemente una hora más, era la única esperanza para este malagueño.

De ahí que cada vez que tenía la oportunidad, y ante los militares alemanes daba un taconazo emulando al popular “Gran Matías” de Málaga y recitaba de memoria y en voz alta (dándose también dos palmadas en el pecho) a las estrellas futbolisticas de su país, Zamora, Quincoces, Regueiro, Langara, Ipiña, Gorostiza… repetía nombre por nombre a aquellos ases españoles del balón, sus héroes fuera de los muros y que había tenido que “dejar” de leer u oír en España por una miserable guerra civil.


Ese “reconocimiento” de los militares alemanes, y en especial el del oficial y ex jugador de fútbol, Kart Johannes Hegewald, hizo ciertamente popular a este veleño de entre los innumerables presos españoles allí hacinados y concentrados, por lo que le fue encomendado a preparar algunos partidos de fútbol entre diferentes barracones e incluso, a enfrentarse a algún combinado de oficiales y soldados alemanes.


Partidos que se disputaron en una zona algo apartada de los almacenes de abastecimiento, y que estaba situado a un lado de los barracones donde ubicaban los alemanes a los presos rusos, frente a las letrinas del campo de exterminio y camino de la existente y tortuosa cantera que existía en la zona inferior de Mauthaussen. Por fondo, las alambradas y un gran muro en el que situaban numerosos curiosos que de distintas nacionalidades, y en algunos momentos apretados de fuerza y resultados adversos, se ofrecían para poder jugar un poco e intentar ayudar a derrotar moralmente a los que eran los dueños de sus vidas (consultar mapa vista aérea del campo, punto 42).


Cada partido tenía caras nuevas y sobre todo, muchas y muy tristes ausencias. Poco antes de perder la vida entre alambradas de un campo lleno de horror, Pérez Galindo y sus compañeros de equipo, entre ellos el gallego Marcelino Pardal, aparecerían en un pequeño reportaje de promoción nazi mandado hacer por Joseph Goebbles en varios campos para confundir a la opinión pública, era en sí, engañar a la Cruz Roja y a la Convención de Ginebra y mostrar al mundo las "bondades" del nazismo.


Aquel tan importante partido con balón de cuero redondo traído por los militares del batallón Totemkopf de la SS, fue grabado por los cameramas propagandísticos alemanes.
Los mismos que unos días antes habían tomado diferentes fotografías en el de Theresiensatadt.


En este partido sólo pudieron jugar siete jugadores, todo debido a la limitación de campo y en el reportaje, aunque levemente, se deja ver cosido en los hombros de los futbolistas españoles un triangulo azul y una "S" blanca de Spanien.


Parte de estas imágenes fueron recuperadas y montadas por el director y guionista valenciano Pau Vergara para un film de 83 minutos de duración titulado “Mas allá de la alambrada” que se estrenaría en nuestro país el 6 de mayo de 2006 y donde se puede ver ta los prisioneros españoles en formación del equipo como también algunos lances de aquel partido, que empezó con tantos alemanes y que acabó con un resultado que nadie del fanatismo ario esperaba, victoria de los prisioneros y algunos goles de Galindo, que eran celebrados por un público que saltaba jubiloso de sus “asientos de tierra” mientras los soldados alemanes no paraban de decirles ¡Rotspanier!, que traducido al español significaba “rojos españoles”.


Debido al fracaso deportivo, no más de ocho minutos le quisieron dedicar los nazis a este partido en el reportaje propagandístico que prepararon y que para la historia de malagueños y de otros deportistas de diferentes nacionalidades que jugaron aquel encuentro, fue sin duda la más triste victoria conocida en fútbol (la foto que encabeza este artículo pertenece al reportaje).

Un triunfo conseguido, el de la voluntad de la mente, que nunca fue registrado o reconocido en la historia de un deporte, el fútbol, que sirvió en cierta medida y gracias a este malagueño de Vélez, a olvidar los fatales desenlaces de un lugar sangriento, fue una gesta ante la propaganda, un lugar que tuvo fútbol en el horror.
Pocos meses después, Antonio Pérez Galindo fue trasladado nuevamente al campo de Gusen, donde recobraría su inicial número 11.526 de registro de entrada, campo de prisioneros donde falleció a los 33 años el 29 de marzo de 1943, dos años antes de que este campo nazi fuera liberado en 1945.

lunes, 20 de abril de 2009

AMOR A LA CAMISETA DE TU EQUIPO


Si hay algo verdaderamente inalterable en el ser humano es el amor a la camiseta de tu equipo de fútbol.
Los cambios en la vida de los hombres suelen pasar por el gusto musical, la admiración literaria o las ideas políticas; se modifican también las preferencias estéticas del mismo modo que cambian los gustos por las comidas. En su lucha por la vida, el hombre adquiere otras motivaciones, pelea por otros éxitos y descubre que puede disfrutar mejor de todo. En esos impulsos es capaz de cambiar de oficio, de barrio, de esposa o de amigos.


Para bien o para mal, puede llegar a revertir muchas cosas, pero aunque su nuevo modo de vida lo convierta en una persona diferente, hay algo que permanecerá intacto: su fidelidad a la camiseta de un equipo.
Es que el fútbol, por encima de la destreza deportiva, lo atrayente de su juego y la fuerza de sus convocatorias, es una identidad. La primera identidad que el hombre suele adquirir por sí mismo.
El nombre y apellido viene de fábrica, se llevan puestos desde el nacimiento. En cambio la camiseta requiere de una aprobación. No siempre se acepta la que te ofrecen el padre, el tío o el vecino. Aquí se trata de una verdadera elección personal que, generalmente, se produce el primer día que acudes a un estadio de fútbol, donde influyen más el ambiente, los colores y las banderas, que el padre de la criatura. Y en esa instancia, un gol puede ser decisivo. Si todo sale bien, el chico se pondrá esa camiseta toda la vida, pues los colores le quedarán estampados debajo de la piel. Ese día habrá adquirido una identidad más importante, por que es lo que él mismo eligió. Si rechaza los colores propuestos y elige otros (así sea para llevar la contraria), su elección será igualmente válida, lo mismo quedará identificado para siempre con una camiseta.

¿Y porqué es tan fuerte esa elección? Pienso que quien asume, obtiene una identidad más personal que la de ser “el hijo de fulanito” o “el hermanito de menganito”. Ser hincha o aficionado al equipo de tu pueblo, indica la pertenencia a una comunidad, es una adhesión a algo. Y contraer semejante compromiso a los pocos años de edad, significa una importante manifestación de personalidad propia.

Es fidelidad a lo tuyo, a lo local, un amor explosivo, ese que justifica cualquier día de lluvia o de insolación, ese que estalla en abrazos cuando llega un gol decisivo, irrepetible o único que se dibuja en el aire para grabarse en la memoria de todos. Goles como aquellos que delineaban con sus centros Antonio Castaños, Antonio Ruiz "Zocato" o Pepe Hidalgo Reyes; los que facturaban a pelotazo limpio Juan Barranquero o el impecable Gil “el murciano”, Juan Ortega o aquel centrocampista también nacido en Torre del Mar, Dominguillo.

Los veloces Antonio Ríos y Manolillo o el escurridizo Cortés, los tantos que anotaban de cabeza Antonio Toré , Moncayo o Manolito; los de José Manuel Atencia, Manolo Camacho o Juani España de falta, los del añorado Antonio Gutiérrez "Guti" o aquellos ocho de una tacada que le marcó al Roquetas el sevillano de Morón, Paco Sierra, goles todos, de Tello, Julio, Rafita o Salas, logrados en los momentos justos.
En definitiva, una camiseta de un club o entidad tiene la constancia como emblema espiritual de tantas y tantas personas: aficionados, jugadores, entrenadores, directivos y presidentes, que se han apoyado, unos, en la solidez de su patrimonio físico, y otros, en su total y desinteresada entrega y pundonor. Fuerza espiritual para intentar hacer realidad el sueño de convertir nuestro club, el Vélez, en un equipo que cada temporada pueda ser más grande y con mucha más historia.

Lo dicho, todo por el amor y el respeto a unos colores y su camiseta y que como dijo en su día Juan Barranquero Aponte, uno de los primeros jugadores y fundador en 1922 del Vélez C.F.:

"Un buen veleño puede presumir de todo cuanto guste en la vida, pero sus presunciones nunca serán completas, si no es del Vélez Football Club."

martes, 14 de abril de 2009

EL HIMNO SILENCIADO


Ahora que se busca un himno por parte de la Federación Española de Fútbol del tipo que grabó El Arrebato para el Sevilla F.C, quisiera contaros la historia de cómo encontré el primer himno que se le dedicó a nuestra selección nacional de fútbol en 1934. Sería mi deseo que este himno pudiera ser oído alguna vez más en algún partido de nuestra selección, o que al menos tuviera la consideración de recordarse cuando juegue nuestra selección. Esta es la historia de un himno.

Un himno destinado a nuestra Selección Nacional de Fútbol que fue grabado en fechas cercanas a 1935 por un español de origen flamenco y que por caprichos de la guerra fue censurado, tristemente olvidado y que además, tuvo como aliados el transcurrir del tiempo y el material en el que por entonces se grababan las cosas, esto es, en delicados discos de pizarra.
Sin embargo el delito de este himno fue el titularse “Los leones rojos” y que sin apenas llegar a sonar un par de veces en partidos oficiales y a hacerse popular en aquellos tiempos, fue censurado en las emisoras de radio y posteriormente olvidado por quienes en un momento de nuestra contienda civil, vieron oportuno que no sonara más.

Muchas de las personas que lo prohibieron ni siquiera llegaron a reparar en oírlo, cometiendo el grave error de sentenciar una letra pulcra y para nada política.
Era simplemente unos acordes destinados a representar a un equipo que vestía entonces como hoy día, con camisola roja y pantalón azul, y que tenía como estrellas en aquellos tiempos a Ricardo Zamora, Zabalo, Aedo, Vantolrá, Luis Regueiro, Lángara, Iraragorri, Lecue, Emilín Alonso o Gorostiza entre otros.


Han pasado más de setenta años desde que se grabó y unos cuatro desde la fecha que lo encontré por mera casualidad en una subasta de un portal de coleccionismo de internet. Nunca fui buscando este himno, ya que como tantos y tantos españolitos que nos gusta el fútbol, jamás hemos conocido de su existencia.

Recuerdo que en el portal de internet en su apartado de discos, anunciaban con preferencia el pasodoble, “Hoy torea Marcial” y decían que en la otra cara del disco de pizarra había una canción de fútbol…
Ahí me tenías a mí como modesto coleccionista deportivo, pujando ansioso por el disco, y que felizmente conseguí a las dos semanas por una ridícula cantidad.
Era el momento de saber de que canción hablaban (siempre pensé que sería de algún club español), y de que gran sorpresa me podía deparar, todo esto sin tener en casa un aparato de época en el que poder pinchar tan preciado tesoro descubierto.

Sorpresa doble me lleve cuando tras desembalar el disco pude leer que más que una canción como así anunciaban en la red, era un himno, el de nuestra selección, un himno cantado por un tal Pablo Hertogs (arriba en la foto), disco que poco tiempo después y tras adquirir una vitrola, pude gratamente oír.


Sonaba en mi casa el himno, en mi idea en su tiempo silenciado, que hacía alusión a nuestro equipo nacional de fútbol, aquel que vestía como hoy de rojo y que posaba en su pecho el escudo de un león dorado y que quizás si la cordura hubiese imperado en aquellos entonces, podría haber sido tan popular entre los aficionados a lo que hoy es el, ¡Ala Madrid¡, Cant del Barça, Málaga “La Bombonera”, “Amunt Valencia” etc. de nuestros equipos representativos en las diferentes categorías.

Tras oírlo muchas veces, decidí ir más lejos, quise saber algo más del personaje que lo cantó y que fue de su vida y que pasó…
Lo poco que se sabe sobre el interprete del himno, Pablo Hertogs Sancho, de apellidos de origen flamenco-belga por parte de su padre, Jorge Hertogs Rossell, un ingeniero de ferrocarriles de Brujas que fue destinado a Madrid, es que nació el 31 de mayo de 1907 en la localidad madrileña de Getafe y que falleció el 2 de agosto de 1970 a los 63 años en Montevideo (Uruguay).

El apellido Hertogs, según hemos podido investigar, es importante para la ciudad de Madrid, ya que el abuelo de nuestro protagonista, Andrés Hertogs Rossell, fue un ilustre ingeniero civil que hizo posible el actual Museo de las Ciencias, y en la que hay a su entrada una placa con su nombre.


Nuestro destacado barítono, Pablo Hertogs, tuvo numerosas actuaciones por toda España durante los años 30, y muy especialmente en el género de la zarzuela. Una popularidad que le llevo a ser protagonista principal junto a María del Pilar Lebrón, actriz que más tarde se convertiría en su primera mujer, en la película española dirigida por Rosario Pí, titulada “El Gato Montés” y que fue estrenada pocos meses antes de inicio de la guerra civil, en concreto el 2 de marzo de 1936 en Barcelona.


Meses antes de finalizar el rodaje de la citada película, Hertogs fue contratado para grabar en esa misma ciudad y para la Compañía del Gramófono S. A. E. “La Voz de su Amo” AE 4367, el himno futbolístico a 78 rpm y de 25 centímetros (foto arriba) , titulado “Los leones rojos” del que eran autores de la letra, R. de Castro y G. Tablas bajo arreglos musicales de Francisco Gravina. No era la primera vez que Hertogs pisaba estos estudios, ya que en abril de 1934 ya había grabado “La embajada en peligro” y el vals “Nunca la olvidare” para esta compañía.
Disco de pizarra que tendría en su cara b grabado el pasodoble titulado “Hoy torea Marcial” y que de la misma manera que el himno, estaba interpretado por la Banda Hispánica a cargo del maestro y director musical, Pascual Godés.



Tras ser denominada Cataluña como zona republicana y posteriormente liberada por las tropas nacionales de Franco, y en gran manera perjudicado por la mala prensa que se le dio a este artista, tachado de “mal patriota” por haber grabado un himno, que en especial el bando franquista nunca quiso aceptar, ya que aquello de “leones rojos” no estaba muy bien visto, Hertogs sin una marcada ideología política y con apenas oportunidades de trabajo, tuvo que buscar mejor suerte en el mundo del espectáculo, por lo que se vio obligado a emigrar a La Argentina donde actuó en varios locales y teatros denominados de primera y segunda fila.
Algunos meses después y sin mucha continuidad en su trabajo se desplazo a la vecina Uruguay donde allí fijó definitivamente su residencia en la ciudad de Montevideo, contrayendo además matrimonio en terceras nupcias con una uruguaya de descendencia malagueña del barrio del Perchel y de nombre Evola Rodríguez Gabard con la que tuvo cinco hijos.

Su carrera como artista fue más bien corta, ya que tuvo que abandonarla con casi 38 años al serle detectado una complicada afección cardiaca, esta razón fue entre otras, las que le motivaron a que sin una ocupación concreta, llegase a malvivir en sus últimos años de vida hasta fallecer relativamente joven.


Según hemos podido saber por familiares de Hertogs, unos años antes de su muerte, éste visitaría Madrid por un corto espacio de tiempo, momentos en que algunos antiguos amigos vinculados con la música le ofrecieron la posibilidad de trabajar en la Orquesta de la Ciudad de Madrid, pero Hertogs debido a su delicado estado de salud declinó esa posibilidad.

Del himno “Los leones rojos” poco más se supo, si bien cuentan que fue radiado alternativamente junto al pasodoble “Hoy torea Marcial” por algunas emisoras locales de Barcelona y Zaragoza, así también sonó en los espacios previos y en los descansos de la retransmisión de algun partido de la Selección Nacional, en especial el que jugó ante Suiza en Berna (0-2) el 3 de mayo de 1936 y el no oficial (ya en plena contienda nacional) ante la selección de Portugal (1-2) del 28 noviembre de 1937 en Balaídos (Vigo).

Estos datos complicados hoy día de coraborar por el tiempo ya pasado y la poca información que se ha podido conseguir en la misma RFEF.
Como curiosidad, sólo un jugador estaría presente en las alineaciones del combinado español en los dos encuentros anteriormente relatados y en las que sonó el himno de Pablo Hertogs. Hablamos del defensa Vega, que si en el primer partido fue sustituto del defensa Muguerza, en el segundo encuentro ante Portugal jugaría de titular.

Hoy día cuando juega nuestra selección se oye el conocido tradicionalmente por “Marcha Granadera” o “Marcha Real Española” y que tiene su origen en un toque militar de autor desconocido y que aparece recogido en 1761 en el “Libro de Ordenanza de los toques militares de la Infantería Española” y que el Rey Carlos III la declaró Marcha de Honor el 3 de septiembre de 1770.
Nuestro actual himno no tiene letra, sólo música.


HIMNO DEDICADO AL EQUIPO NACIONAL DE FÚTBOL
“LOS LEONES ROJOS”
(R. de Castro, G. Tablas y F. Gravina)
Pablo Hertogs acompañado por la Banda Hispánica bajo la dirección del maestro Godés

Rojos leones ardientes
de legendaria fiereza,
los de jugadas valientes
los de franca entereza.

Aunque a vuestro paso ladre
la impotencia del felón,
España, como una madre
os besa en el corazón.

Y, cuando os tiende los ojos
lanza este grito triunfal,
viva mis leones rojos
del equipo nacional.

Leones españoles
vibrantes como acero
templado por las aguas
del Tajo, del Nervión.

A fuerza de entusiasmo,
se impone al mundo entero
la indómita bravura
de vuestro corazón.

Seguid siempre adelante,
que España os acompaña,
no tuerzan vuestro rumbo
la farsa ni el baldón.

Tan limpio es nuestro juego,
como el blasón de España,
leones españoles
avanti y al balón.
Seguid siempre adelante
que España os acompaña
no tuerzan vuestro rumbo.
la farsa ni el baldón.

Tan limpio es vuestro juego,
como el blasón de España,
leones españoles
avanti y al balón,
al balón.