lunes, 16 de agosto de 2010

CASAMAYOR, EL PRIMER GUARDAMETA

Cada recuerdo, cada instante vivido, cada campeonato, cada gol, cada lágrima, cada anécdota, cada triunfo, cada derrota... es siempre interesante de conocer. Todo, absolutamente todo es una huella de nuestra existencia, de nuestra presencia que nada ni nadie debería de borrar jamás.

Por ello en este blog nos gusta recordar a personajes que relacionados con nuestro primer equipo de fútbol fueron importantes en la historia del club.

Estas líneas tocan la semblanza del que fue el primer portero en el fútbol veleño, que no es otro que, José Casamayor Mira.

Actualmente y hasta que el equipo del Vivar Téllez no cierre en breve su segundo portero para esta campaña 2010-11, por la historia del Vélez C.F. y C.D. Veleño, han pasado un total de 93 guardametas (todos ellos fielmente censados) que actuaron oficialmente bajo los tres palos.

José Casamayor además tiene junto a los hermanos Castaño, Esclapez y los Jurado y junto a la figura de Juan Barranquero, el honor de haber sido uno de los jugadores-fundadores más jóvenes de la pionera Sociedad Deportiva Vélez Football Club en los comienzos de los años veinte.




Dicen que para el puesto de portero hay que nacer, o que uno debe de estar un poco loco, sin embargo nuestro primer "goalkeeper" como así de início se denominaban, fue probando puestos en el equipo hasta quedarse con el que decía que era, "El más aseado y en el que se tapaba más el cuerpo".
Recordar que por entonces, aquello de ver a jóvenes correr en una explanada o en cualquier calle del pueblo y darle patadas a una dura pelota de cuero, era una cosa ciertamente mal vista, como lo era el sudar...

Se decía por entonces "Ya no se juega en mi pueblo a pelota con la mano, ahora se juega a patadas, y dícen que adelantamos..."

Casamayor defendió la portería en los momentos del início y complicado nacimiento de nuestro fútbol, es más, diseñó las porterias de "quita y pon" que en algunas ocasiones portaba a hombros junto a sus compañeros de equipo, si el caso así lo recurría, para jugar contra otros rivales de interés y de cierta seriedad.

Porterías que fueron fabricadas en la vieja carpintería de Fúnez, compañero más tarde del equipo, y que estuvieron ancladas tanto en la vieja estación del tren, trasladadas a la Plaza de Toros (donde el Vélez jugó partidos) o en el Tejar de Pichelín en 1928, donde después en tiempo de guerra, sirvieron junto a las puertas de ese recinto, para hacer fuego y refugiar a las personas que por allí cerca vivían, hablamos de la popular Calle Alberquilla.


Las mallas, estaban hechas con trozos de diferentes redes de sardinales que se procuraban conseguir de algunos amigos de Torre del Mar.

De estatura media y de delgada constitución física, Casamayor, poseía unas manos muy seguras y (en opinión de los que le conocieron en su época de jugador y tuve el gusto de entrevistar) se definía ágil y valiente, se defendía bien en las salidas con un punterazo y su fuerte era la intuición de la jugada con una no menos, buena colocación bajo los palos.

Cuentan de él, que le gustaba la poesía y el tango, hasta el punto que imitaba perfectamenta a Carlos Gardel, con el que tenía cierto parecído, y que además, era un excelente jugador de ajedrez.

Precisamente Casamayor fue el artífice de conseguir que la primera equipación del Vélez, (enteramente blanca, con medias de la época, blanca con vuelta negra) fuese donada por un amigo de él, el empresario veleño, Antonio Piédrola Giménez.


Entre 1922 y 1929 fue uno de los pesos pesados del equipo, y su puesto cuando éste no podía jugar por razón de sus estudios en Granada o de lesión, lo ocupa Manuel Ocaña Díaz, apodado en la ciudad como "Batatero" (su padre tenía un puesto de batata en la Plaza de las Carmelitas) y del que cuentan que al no saber blocar bien aquellos duros balones (apenas había técnica para ello) en más de una ocasión sufrío fracturas de costilla, ematomas estomacales y derrame pleural que le hicieron muy pronto dejar el fútbol.


Es por ello que junto a "Batatero" aparecerían paulatinamente otros nombres en el puesto de portero, así recordamos (entre los años 20 al 36) a Antonio Domínguez "Paulilla", Albarracín, Espinosa, Maura, Pepe Franco, José Fernández Molina "Manco", entre otros muchos...

Con la Guerra Civil, muchos fueron los problemas que suscitaron e impidieron la práctica del fútbol en nuestra ciudad, Casamayor, fue implicado en varios sucesos por sus ideas iluminadas o progresistas, hasta el punto, que fue condenado a la pena de muerte por un delito que no comtió. Afortunadamente Rodrigo Vivar Téllez como Juez Togado Militar le ayudó "a cambiar" la pena de muerte por el de destierro.

Una tierra que no volvería a pisar hasta su vuelta en los años setenta. Sus últimos días los vivió en Torre del Mar, en la casa de su hermanastro, Antonio Bellido Lucena, donde tuve la suerte de conocerle a finales de 1995, un año antes de que falleciera a los 88 años.

Quede como reflejo a como él mismo se describía, parte del siguiente verso:

"Una mente soñadora, que hizo el bien cuando pudo,
que amó una eternidad en una hora,
que llevaba un abrazo por saludo
y que hizo del camino una sonrisa"


He aquí nuestro recuerdo al primer guardameta en la historia del Vélez C.F., José Casamayor Mira, un tipo enamorado de la cultura y el fútbol. Y que sin temor a equivocarnos, al que en ideas autárquicas, nadie alcanzó a batir su particular meta.

miércoles, 11 de agosto de 2010

LIMA, EL ARIETE DEL VIVAR TÉLLEZ

Suelen decir los más veteranos del lugar, que hubo un tiempo en el que los mejores futbolistas eran los que salían al terreno de juego a sudar la camiseta y a divertirse. Pasar un buen rato ellos y hacérselo pasar a aquel público entusiasta que les contemplaba.
Así debió ser a juzgar por la emoción que los más entendidos sienten al evocar jornadas ya míticas de un pasado bastante alejado aunque no olvidado. En Vélez-Málaga, sin ir más lejos, la evocación de la historia del primer equipo de su pueblo es más bien poca, unos porque al ser más jóvenes no la conocieron y otros ya por su veteranía, la van perdiendo merced a los años y a la falta de memoria.

Poco es el legado que queda de su historia si no fuese por éste romántico del equipo que uno ama y que intenta plasmar sus historias con la idea de que se conozcan, y que con el orgullo que uno siente, acabe recordandose como una efemérides bien contada, o si es el caso de una anécdota, bien desarrollada. Es decir, una obra desinteresadamente bien hecha.
En mi particular, esto es casi una entrega religiosa, una fe ciega que me ha hecho hablar, recordar o sacar a luz esta vida que nos ha tocado, algunos acontecimientos importantes o semblanzas bien merecidas a jugadores, entrenadores, o personajes peregrinos de nuestro fútbol, mis auténticos héroes.
Uno de estos y que militó en el C.D. Veleño en la campaña 60-61, es Antonio Lima Romero, el inconfundible “media naranja goleadora” junto al veleño Antonio Toré en la primera campaña del equipo entrenado por Juan Antonio Aparicio en Tercera División y que hicieron del gol su satisfacción más personal y familiar entre compañeros de equipo y aficionados.
No es mi intención comparar a este jugador con otros futbolistas que pasaron por el fútbol nacional o el equipo veleño en su historia, y que por su velocidad u olfato goleador, en algún momento le apodaron “El Gamo” o "Ariete" y que como segunda opción apostillaban con el nombre del estadio donde jugaba o en el que hizo diabluras por la banda en la que se desenvolvía.
A Antonio Lima se le podría perfectamente denominar “El ariete del Vivar Téllez”, como en su momento se le apodó al vasco, Piru Gainza el Gamo de Dublín o Joaquín Peiró el “Galgo del Metropolitano”…
Un futbolista ambidiestro que ocupó el puesto de delantero centro por su enorme disparo, fuerza y envergadura.

Nacido en Marbella el 25 de enero de 1935, se inició en el fútbol en las categorías inferiores del equipo representativo en su ciudad con el que llegó a jugar en la antigua Primera Categoría Regional de aquellos años cincuenta.
No olvidó los estudios, y por ello marchó a Madrid donde se licenció como Profesor de Educación Física. Es en ese tiempo de estudios cuando en edad juvenil prueba con grata impresión por el Real Madrid amateur y alternando su segundo deporte, el Atletismo, donde obtiene en Madrid en el año 1953 el título de Campeón de España de 100 metros lisos con un crono de 11´2, dos años antes se proclamaría segundo de España en el 200 celebrado en Miéres (Asturias) y un tercer puesto nacional en los relevos 4 x100.
Está claro que ese punto de velocidad en un joven de 1.81 y de no más de 70 kilos, le ayudaría y bastante en la práctica del fútbol.


Tras su periplo militar en Cádiz, donde se enrola en el Recreativo San Fernando y pasar después (1957) al C.D. San Fernando, es fichado a su vuelta a Málaga, por el Atlético Malagueño.
Sus condiciones futbolísticas, su rapidez y la ventaja de ser un jugador ambidiestro, no pasan desapercibidas por Juan Antonio Aparicio para que forme parte del primer equipo veleño que jugaría en Tercera División.
Costó trabajo ficharlo, hasta el punto que Aparicio, según Lima el mejor entrenador que ha tenído, adelantáse de su dinero (22.000 mil pesetas de aquella época) para que el Club Deportivo Veleño pudiera hacerse con los servicios del futbolista y así tenerlo en el equipo que estaba formando. Sin duda fueron un acierto enorme tanto el trámite y el resultado de su fichaje.
Lima formaría, como hemos referido antes, tándem goleador con Antonio Torés, en una campaña nueva para el fútbol de Vélez-Málaga.
Si Toré tiene en su haber el marcar el gol 1 y 100 del equipo veleño en Tercera división, Antonio Lima lo tiene en ser el primero en anotarlo en esta categoría en el estadio Vivar Téllez. Fue ante el Adra en segunda jornada de liga en un encuentro que se perdía por 0-2 y que los de Aparicio (18 de septiembre de 1960) remontarían con goles de Lima y Espinosa.
Vemos la foto tras la alineación que citamos y que formaría con; Vela; Liñán, Rando, Curro; Botana, Machado; Espinosa, Lima, Torés, Requena y Sarmiento. Cubríria el único cambio del equipo, Aurelio Muñoz, como portero suplente.


Por fortuna, trabajo y juego, el destino sonrió al equipo de Aparicio, y los Lima y Toré (tanto marcan, marcan tanto) ofrecieron muchas tardes de éxito al equipo Veleño, tantas que ambos encabezaron eso que se llama "ranking goleador" de aquella histórica campaña.
En especial aquella primera visita a La Rosaleda, ya recordada en un artículo en este blog (poner en el buscador "Aquel partido maravilloso") en el que Lima y Torés le dan con sus goles la primera victoria veleña (1-2) ante el Atlético Malagueño.
Uno de los días más recordados en el aficionado de Vélez-Málaga que dejó vacío su pueblo, para llenar los muchos vagones del antiguo ferrocarril Suburbano que se fletaron y así poder ver aquel partido que tanta expectación levantó.

Lima queda junto a todos los demás jugadores de aquel equipo de la 60-61 (medio siglo atrás) como uno de los grandes, aquel delantero rápido, hábil, vertical y goleador, héroe de tardes inolvidables y de avances en el área rival. Aquella que corrió hasta que se enamoró de Maru, su fiel compañera y esposa en el viaje de la vida y entregó su tiempo a ella a los 26 años y a la disciplina por la que se licenció, la Educación en el deporte. Volvió a jugar años más tarde en el C.D. Fuengirola de Ramoní y poco después, lo dejó.
Es nuestro recuerdo en este blog al Ariete … del Vivar Téllez.
Un honor el poder conocerle.

(fotos archivo de Antonio Lima y Jesús Hurtado)

viernes, 7 de mayo de 2010

EL GOL OLÍMPICO

Se habla en estos días del magnífico gol olímpico anotado por el jugador portugués del Málaga C.F., Sergio Barbosa "Duda" al Ath. de Bilbao. Goles olímpicos de los que muchos de ellos, pasaron desapercibidos en los anales de nuestro fútbol.

En la tarde del 19 de octubre de 1923 y en un partido demostrativo de football celebrado en la desaparecida plaza de toros que estaba situada en el entonces conocido Huerto del Carmen de Vélez-Málaga, un jugador del recién fundado Sociedad Recreativa Vélez F.C. el extremo izquierda Manolo Jurado anotaría dos goles al Iberia Balompié de fuerte “shoot directo” y desde el punto de corner.

Dos tantos no sin polémica, ya que los dos “goals” fueron, primero debatidos y después anulados al entender “los más entendidos” de aquel pionero football, que esa situación anteriormente nunca vista, no estaba ciertamente tratada en el reglamento. No podía ser, que desde la misma esquina del rectángulo de juego, se pudieran anotar de un “shoot” único y raro, acaso el primero que se había registrado en los anales del football veleño, goles de esa factura y ¡así por que así!

Un año, cuatro meses y catorce días después, el 2 de octubre de 1924, en la Argentina, sucedió un hecho similar al de Manolo Jurado (foto) y que se transformó en un hito del fútbol argentino y mundial: la consecución del primer gol olímpico, una rareza que tiene lugar en muy pocas ocasiones dadas las dificulta­des que ofrece. En efecto, el hecho de que la línea de los postes corra rectamente has­ta el extremo desde el cual se ejecuta el cor­ner, obliga a imprimirle a la pelota un giro parabólico, un "efecto" semejante al de la bo­la de billar en ciertos tiros.



Hasta septiembre de 1924, la reglamenta­ción internacional vigente en la Argentina no reconocía validez al gol anotado desde el ángulo formado por las líneas de meta y de banda.
En la práctica, el corner era un lanzamiento indirecto que se traducía en un tiro al área, esperando la entrada del atacante o el fallo del defensor.

Pero en ese mes y año, la reglamentación fue modificada en el sentido de reconocer co­mo válido el tiro directo. Esa modificación, como otras de aquel en­tonces, no tuvo en su momento la trascendencia que le darían los hechos sucedidos con posterioridad.
Eran tiempos de comunicación lenta, realizada por vía de cartas que tenían que ser traducidas y a su vez transmitidas a las ligas, para que éstas las dieran a conocer a los clubes y éstos a los jugadores. O sea que en la rueda buro­crática bien podía darse que tal o cual cambio en el reglamento pasara inadvertido.

Esto fue lo que sucedió aquél día de octubre de 1924 en campo del Sportivo Barracas en el Parque Pereyra sobre la que hoy es la actual avenida Vélez Sársfield: casi todos los presentes ignoraban la nueva reglamentación, salvo el árbitro, el uruguayo Ricardo Vallarino, quién otorgó el tanto en medio de la sorpresa general.


En la tarde de aquel jueves, la Selección de Argentina se medía con la de Uruguay, reciente campeón olímpico en un partido amistoso. Cesáreo Onzari, extremo izquierdo argentino que jugaba en el Huracán, ejecutó un corner y la pelota entró directa en el arco. Fue un triunfo memorable de los argentinos por 2-1 sobre los campeones olímpicos.

Más de 30.000 personas fueron testigos de aquel hecho memorable. La novedosa conquista dejó huella y, desde entonces, cada gol convertido como "Onzari a los olímpicos" pasó a denominarse primero en toda América y después en algunos países de Europa, como gol olímpico.
En una vieja publicación que encontré y compré en Ebay no hace mucho tiempo, titulada "El Deporte", el periodísta Oscar Barnade cuenta que “El clásico rioplatense acrecentó su fama luego de la consagración de Uruguay en los Juegos Olímpicos de París. Apenas llegaron los olímpicos a Montevideo, se organizaron dos amistosos con Argentina”.



El primero se jugó el 21 de septiembre en Montevideo y finalizó 1-1. Una semana después se disputó la revancha en la ciudad de Buenos Aires". "La cancha de Sportivo Barracas (continúa contando Barnade) tenía capacidad para 40.000 espectadores. Pero la expectativa del encuentro superó todos los cálculos: se vendieron 42.000 entradas (35.000 populares a un dólar y 7.000 plateas a 3). Sumando los invitados, los socios y los "colados", ese día hubo 52.000 personas para el diario "La Nación" y casi 60.000 para "La Razón".
El partido se inició con mucho público al borde de la línea lateral y, cuando apenas iban cuatro minutos de juego, el árbitro Vallarino decidió suspender el partido. Hubo incidentes y algunos heridos.
Se organizó entonces la continuación del encuentro para el jueves 2 de octubre y se tomaron varias medidas, entre ellas la de cercar el campo de juego con un alambrado de un metro y medio de alto. Si bien ya existían varios estadios alambrados en Buenos Aires y en Montevideo, desde entonces pasó a llamarse alambrado olímpico.

También se restringió la cantidad de entradas a la venta y se aumentó su precio: se vendieron 15.000 populares a 2 dólares y 5.000 plateas a 5. De ese modo, con el agregado de invitados, los espectadores llegaron sólo a la cifra de 30.000.
Para la ocasión, los equipos formaron de la siguiente manera:
Uruguay: Mazzali; Nasazzi y Uriarte; Andrade, Zibecchi y Zingone; Urdinarán, Scarone, Petrone, Cea y Romano.Por su parte, Argentina lo hizo con: Tesorieri; Adolfo Celli y Bearzotti; Médice, Fortunato y Solari; Tarascone, Ernesto Celli, Sosa, Seoane y Onzari.



A los 15 minutos del primer tiempo, en un córner desde la izquierda, Onzari cacheteó la pelota que describió una curva y se metió junto al primer palo, superando el esfuerzo del arquero Mazzali para sacudir la red. Los uruguayos pensa­ron, en un primer momento, que correspondía una nueva ejecución puesto que ese gol no estaba en los libros, pero allí surgió el árbitro (que tenía conocimiento de la modifica­ción reglamentaria) marcando el centro del campo y dictaminando la incuestionable existencia del tanto.




Cea conquistó el empate para Uruguay a los 29 minutos y Tarasconi aumentó a los ocho del segundo tiempo para Argentina, que terminó ganando 2-1 a pesar de que el partido no finalizó porque el equipo uruguayo se retiró faltando cuatro minutos. Los argentinos acusaron a los uruguayos por el juego brusco, del que fue víctima Adolfo Celli, quien sufrió fractura de tibia y peroné y debió ser reemplazado por Ludovico Bidoglio. Los uruguayos también se quejaron de la incultura del público argentino, que agredió a los jugadores con piedras y botellas.
Héctor Scarone le pegó una patada a un policía y terminó en la comisaría. Más allá de los incidentes, todos destacaron el extraño gol de Onzari.


"Tengo la seguridad de haber actuado a conciencia (dijo el árbitro uruguayo al diario 'La Nación' del día siguiente), en ningún momento dejé de cumplir mi misión en la forma en que entendía debía hacerlo. Prueba de ello, los goles que sancioné, el primero de los cuales directamente de un córner, aún cuando esa nueva disposición del reglamento oficial no nos ha sido comunicada a los referees de la Asociación Uruguaya de Football".

Cesáreo Onzari
relató así el gol en otro reportaje: “Me salió porque tenía que salir. Quizá el arquero uruguayo Mazzali se había levantado con el pie izquierdo ese día, por que nunca más volví a marcar otro como ese. Puede ser que el guardián oriental, acosado por mis compañeros Gabino Sosa y Ernesto Celli haya perdido la estabilidad. Pero lo cierto es que cuando vi la pelota dentro del arco, no lo podía creer”.
Por su parte, el diario "La Razón" le dedicó un párrafo especial asegurando que hacía 15 días se sabía de la nueva reglamentación y que "esta sanción se ha producido en una oportunidad propicia y que será recordada siempre".

El historiador del Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF), Jorge Gallego aclara que "la regla fue modificada por la International Board el 14 de junio de 1924 y el primer gol directo de corner se produjo al parecer, el 21 de agosto en un partido de la Segunda División de Escocia. Su autor fue Billy Alston".

Por alguna razón, el gol del escocés jamás logró la trascendencia del de Cesáreo Onzari, quien nació el 22 de febrero de 1903 y sus primeros pasos en el fútbol los realizó en el Club Almagro, de su barrio natal. Luego siguió en el Club Mitre, una institución de efímera existencia en los albores del fútbol argentino, para pasar luego a Huracán en 1921, en donde se quedó para siempre.

Allí consiguió cuatro títulos (1921, 1922, 1925 y 1928) y jugó hasta 1933. En la Selección Argentina disputó 15 partidos e hizo 4 goles. Un sector de plates del estadio Tomás Adolfo Ducó del Club Huracán, lleva su nombre. Abandonó la práctica deportiva con apenas 28 años de edad y falleció en Buenos Aires el 6 de enero de 1964.

Como si no fuera suficiente, aquél día también se realizó la primera transmisión de fútbol en el Río de la Plata, inaugurando una gran costumbre para los argentinos: la de escuchar fútbol por la radio. Horacio Martínez Seeber, un inquieto radioaficionado interesado en el periodismo y Atilio Casime, jefe de Deportes del diario "Crítica", transmitieron el primer partido de la historia por LOR Radio Argentina.

Esta emisora pionera del país y que había iniciado sus emisiones en 1920, narró los tumultos e incidentes del comienzo del encuentro el domingo 28 de septiembre con las voces de Martínez Seeber y Casime, y retornó al estadio el jueves 2 de octubre para contar los 86 minutos restantes. No se trató de un relato clásico, del tipo de los que en hoy en día se escuchan, sino de una simple descripción de las incidencias del juego. Martínez Seeber, un profundo conocedor de los aspectos técnicos de la entonces denominada “radiotelefonía”, tenía la licencia oficial de radioaficionado número 1, otorgada por el Ministerio de Marina y esa tarde hizo a la vez de relator, comentarista y técnico. Instaló tres micrófonos en el puesto al borde del campo de juego: uno para él, otro para Casime y el tercero de ambiente, para registrar el enorme bullicio del partido internacional.

Cinco años después de todo lo contado en Argentina, en una Feria de San Miguel 1929, otro jugador del pionero Vélez F.C., el zurdo llegado desde Almogía, Antonio López Fuentes (abuelo del que es hoy jugador del Vélez, Benji) haría un gol en el viejo campo del Tejar de Pichelín al equipo del Real Málaga F.C.


Se dio la paradoja que esta vez ese gol olímpico veleño, sí que fue valido y además sirvió “evitando las comparaciones” para ganar el partido y además hacerse con la copa que donada el Ayuntamiento veleño, algo “similar” a lo que les pasó a los argentinos frente a los uruguayos campeones olímpicos.


Goles olímpicos que se celebran de manera especial, ya sea por la notable dificultad en poderlos conseguir o por lo inesperado que resulta que desde el córner el balón entre directo a la portería entre tanta nube de jugadores.
Los jugadores veleños, Julio y Javi Fernández ya lo consiguieron en las dos últimas campañas.

viernes, 19 de febrero de 2010

AQUEL PARTIDO MARAVILLOSO



Se pasa por alto siempre que se hablan de los enfrentamientos entre los Atlético Malagueño y C.D. Veleño o Vélez C.F., la fecha del 4 de diciembre de 1960. Que día tan enorme para el fútbol veleño y que pena me da de aquellos que por una u otra razón, no la repasan y la olvidan.

Era el día en que el C.D.Veleño de Juan Antonio Aparicio pisaba por primera vez el césped del estadio La Rosaleda para jugar en Tercera División ante el Atlético Malagueño, equipo que por entonces lo entrenaba Antonio Iznata “Chales”.
Durante la semana los periódicos dedicaron numerosas líneas a hablar de ese singular partido, inédito en el césped de Martiricos y que al equipo chanquete les visitaría un conjunto veleño repleto de ex jugadores malagueños, como era el caso entre otros de, Espinosa, Lima, Sarmiento o Curro

El Veleño en su primera andadura en categoría nacional caía muy bien en Málaga, ya no solo porque su entrenador era una persona muy reconocida y popular en el mundillo, sino porque dentro de las limitaciones que podía tener el conjunto del Vivar Téllez, este realizaba un fútbol vistoso, práctico y sencillo.
Fue tanta la publicidad en la prensa y mucho más el boca a boca, que aquel domingo la expectación fue impresionante. Nunca el estadio La Rosaleda en un partido de Tercera había albergado tanto público, se cuenta que cerca de 21.000 espectadores.

Sí, una cifra récord de público en las gradas, que el Vélez actual y mira que han pasado ya más de medio siglo de ese día, no ha vuelto a conseguir tener en un partido de fútbol.
Durante la semana, la compañía de Suburbanos observando el interés en Vélez-Málaga por el partido, fletó un tren especial para que, con más números de vagones de lo habitual, dieran posibilidad a los aficionados veleños a acompañar a su equipo en ese tan cacareado encuentro. Aquel día Vélez-Málaga quedó prácticamente desierta.


La Rosaleda a las cuatro y media de la tarde fue un clamor, el aficionado veleño sintió como nunca a su equipo vestido de blanco impoluto, eran los comienzos de un cambio en el fútbol de Vélez-Málaga. Atrás quedaban los años de problemas y desventuras.

A las órdenes del colegiado gaditano Sr. Melero, saltaba al campo el Veleño moderno, y a la cabeza el capitán Antonio Toré en una alineación para la historia:
Vela en la portería; Liñán, Cuqui, Mangüi en defensa; la popular línea medular, Botana, Rando, y después los, Espinosa, Lima, Torés, Curro y Sarmiento.
Un equipo que ese día parió sus nombres propios colgados a jugadas virgueras imborrables que hicieron las delicias del amante a ese espectáculo deportivo, que no rivalidad, y que ofrecieron como resultado final la victoria por 1-2 en La Rosaleda.



Se adelantó Lima en la primera parte tras una jugada trenzada del equipo, empataría Mangüi (que después fue expulsado en un encontronazo con el Mangui veleño) en un rechace y cuando todavía en la segunda parte aún quedaba partido, una galopada de Torés al que no le llegaron a alcanzar sus marcadores, éste puso en pié a una Rosaleda con un tanto ante el meta Jesús Lorenzo digno del mejor futbolista de estos tiempos que vivimos.

Aquel 1-2 se celebró de que manera en el campo. Ni que decir tiene, que aquella victoria estuvo bien preparada, hasta el último detalle por parte de los de Aparicio, que habían estudiado concienzudamente al rival, hasta el punto que pocas cosas aquel día se hicieron mal.

Por historia y como es comprensible hemos tenido más partidos contra el Malagueño, Málaga C.F. o Málaga B, pero sin duda este, el primero en jugarse en La Rosaleda, fue un partido maravilloso, digno siempre de recordarse cuando se hable de los enfrentamientos entre malagueños y veleños.
Pocos encuentros como éste que en este artículo mencionamos, ilustraran de mejor manera aquel sentir sano de una ciudad con su equipo de fútbol, su ilustre entrenador y los goles históricos de Lima y el vecino de La Viñuela, Antonio Torés.

lunes, 30 de noviembre de 2009

8 DE DICIEMBRE: SAN GOL SIERRA


Nombrar a Paco Sierra en Vélez-Málaga, es ir directo a recordar la gesta de los ocho goles que él solito le marcó al C.D. Roquetas en la tarde noche de un jueves 8 de diciembre de 1994 en el Estadio Vivar Téllez.
Aquel día festivo, este delantero sevillano se vería las caras dentro de un terreno de juego, con un guardameta, Samuel Peral Muñoz, con quién sin quererlo y tras el partido, quedarían unidos con un número, el ocho, para la posteridad…
Se jugaba la jornada número 15ª, y al ser entre semana, llevó pocos medios de comunicación a cubrir el partido. El Vélez C.F. entrenado por Fernando Rosas Hidalgo marchaba muy bien en la liga, su terreno de juego de albero era un fortín ciertamente inexpugnable. En él sólo se había perdido un encuentro, 0-1 (13 de noviembre) ante el recién creado Málaga C.F.
Tocaba el turno en esa fecha de puente de la Inmaculada, de recibir al C.D. Roquetas, conjunto que andaba clasificado en mitad de la tabla.

Recuerdo por entonces que yo trabajaba en la emisora de radio, Cope Costa del Sol en Torre del Mar, y que además, hacía las crónicas del Vélez C.F. al Diario Málaga Costa del Sol, Agencia EFE como así le ponía la voz a los partidos que se emitían en el canal de Tv local por cable, Electro Video TV.
Aquella mañana previa al partido, recibía una llamada telefónica de mi compañero en Radio Ciudad (Roquetas), Juanjo Díaz, para que si me era posible, pudiera entrarle por teléfono en algunas pequeñas conexiones que desde esa emisora municipal almeriense, me irían periódicamente dando paso para conocer el devenir del encuentro.
Allí estábamos puntuales, situados en la antigua grada del Vivar Téllez, con aquellos pioneros y grandes teléfonos móviles (parecidos a un ladrillo) para contar lo que pasaba. De cámara tenía a mi compañero Toni y la cosa bien organizada para narrar el encuentro.
“Saludos amigos de Roquetas… poco público para presenciar el encuentro, no más de 300 espectadores, con las siguientes alineaciones en ambos equipos:

Roquetas: Samuel; Quique, Rogelio, Lorente, Esteban; Rafa, Pedro, Cobo, Dani, Biri y Sabio.
Por el Vélez de Fernando Rosas juegan: Juanmi; Pablo, Mata, Ayala, Alberto; Jaime, Arturo, Amaya, Paco Sierra, Rafa Morales y Curro ".

Un equipazo el veleño, que nos trasmitía siempre en que acabaríamos los partidos con victoria. He de reconocer que nos acostumbró cada domingo a sacar pecho allí donde fuésemos con el equipo, un Vélez de buen fútbol… de jugadas inolvidables y de muchos triunfos.
Sin embargo, tras unos primeros veinte minutos de encuentro muy trabados, la cosa empezó a tener otro protagonista. No era ni el árbitro, ni el Vélez ni mucho menos el Roquetas...
Empezaba a serlo un jugador de tez morena nacido en Morón de la Frontera, de piernas arqueadas al estilo de un cowboy de rodeo y de muy fino olfato goleador, Paco Sierra González, el que empezó a cambiar el signo de una tarde fresquita de fútbol en un modesto grupo de la Tercera División.
Paco cambiaría todo, hasta el guión en los titulares de los mejores programas deportivos de la radio nacional (El Larguero con José Ramón de la Morena y Super García, con José María García en la Cope) así también los espacios reservados (en un principio de no poco más de 20 líneas) en las páginas deportivas de los diarios Sur y Málaga Costa del Sol
De un plumazo… o mejor, de ocho, un jugador de 27 años se encargaría de cambiar los argumentos deportivos y meterse de lleno en eso que hoy se denomina, Historia y Estadísticas del Fútbol Español.

Radiábamos aquel partido cuando llegaba el primer gol de Sierra… tanto que lograba tras un cabezazo de Ayala al palo derecho de Samuel que aprovechó el delantero veleño. Fue un gol ciertamente bien celebrado… minuto 24, ya que se abría “la lata” y nos quitábamos de camino el susto de un disparo al poste, diez minutos antes, del visitante Dani.
Con una diferencia entre tres y seis minutos empezarían a caer los dos siguientes goles veleños. El 2-0 lo haría Sierra tras recibir de Arturo y regatear a un defensor dentro del área, y el 3-0 en jugada personal a la contra que había iniciado por la banda izquierda.
¡Que pasa aquí ¡ decían algunos aficionados de tribuna.
Hasta el punto que ya los compañeros de la radio en Roquetas, más que darme conexiones puntuales, cambiaron la programación de raíz y se conectaron al partido ya sin pausas ni música de por medio...


Cuando el delantero veleño hacía el cuarto, al filo del minuto 38 y el quinto en el 43 tras una cadena de fallos de la defensa rojilla, en Roquetas no se lo podían creer… en Vélez pese a verlo in situ, menos…
Yo me decía ¿Si tres goles en un mismo partido es un Hat-trik... cinco como se le llama o denomina... five-trik?

Entre nosotros, hasta cierto punto era normal lo del delantero veleño, sobre todo los tres primeros goles… pero a raíz del cuarto y del quinto antes del descanso y con toda una segunda parte por disputarse… ya la comidilla era… cuántos goles meterá más el Sierra éste.
¡Qué cojones! Se oía ... ¡Qué monstruo!
En aquellos momentos de relax en el vestuario (si es que lo hubo) ignoro lo que pudo decirle el técnico almeriense, Antonio Gandolfo a sus jugadores, pero seguro que sobre el delantero veleño algo se comentaría…
Eran también los instantes en los que yo recapitulaba los goles, el uno, el dos, el tres... no fuera a que me hubiese equivocado al contar… ya que empezaba la cosa a ser poco normal.
Recuerdo la pregunta del compañero de Roquetas: ¿Jesús, tu estas… (pausa de de diez segundos) ... seguro que los cinco los ha metido este futbolista?
Mientras que le contestaba afirmativamente, recuerdo que veía el movimiento de aquel poco público en el Vivar Téllez, que libres de ubicación en el campo, marchaban en peregrinación con dirección a la portería de fondo para ubicarse tras ella. Recuerdo la imagen de aquella portería con las redes remendadas que defendería en el segundo tiempo aquel joven guardameta de 20 años, Samuel.
En lo deportivo y viendo el panorama del 5-0 en contra, el míster roquetero quitaba en el descanso a su centro del campo titular (Rafa y Pedro) y metía más corte ofensivo… esto es a Carlos y Juan Luis para intentar maquillar el resultado.
De algo le sirvió. Puesto que a los tres minutos de la reanudación acortaban distancias por medio del delantero, Carlos, tras una serie de rechaces.
El partido con este resultado tomó un aire diferente, ya que se niveló en lo que a juego se refería. Se pensaba en la grada, que el gasto del equipo de Rosas en la primera parte, todo un ciclón, podía pagarlo en la segunda y ya no verse más goles en lo que restaba de partido.
Pero la fiesta del gol en Paco Sierra continuaría, ya que en el mto. 59 éste subía el 6-1.
Arremetió el Roquetas con un tanto más, el 6-2 a falta de un cuarto de hora para la conclusión. Gol nuevamente de Carlos en una mala salida del portero Juanmi.
Sin embargo, en esta recta final tuvimos la emoción de ver dos goles más de Sierra y además de un penalti fallado por este jugador (lo mandó al palo izquierdo de Samuel).
La máxima pena llegaría en el 70, pero con el portero lanzado al otro lado, la madera impidió el séptimo gol veleño. Increible, la gente de Vélez saltaba de rabia, como si se hubiese fallado la última ocasión con cero a cero de una final de la Copa del Mundo...

Sin embargo, la locura goleadora se hizo esta vez mucho más palpable entre los presentes cuando en el mto. 75 y después en el 83, este jugador nos regalaba dos tantos más para poner el definitivo 8-2.
Aquella noche, emulando al titular de cuando Pedro Bazán con el C.D. Málaga le hizo nueve goles al Hércules en La Rosaleda, titulé en el Diario Málaga Costa del Sol:
Paco Sierra 8, Roquetas 2.
Y es que por entonces y desde 1948, ningún jugador en partido oficial había logrado emular o acercarse a esta gesta en competición nacional. Tuve la suerte un día después de aquel hecho histórico para nuestro fútbol veleño, de poder entrevistarlo en mi programa del medio día.

Lo hice teniendo al otro lado del teléfono al hoy malogrado delantero del Ath. Club de Bilbao, Agustín “Piru” Gainza. Este gran jugador de fútbol, ya había leído la noticia en los diarios de su tierra, y nos manifestó en tono simpático, que había suspirado algo, ya que a punto estuvo "este atrevido sevillano" de superar (guardando las distancias entre Primera y Tercera división) el récord que él poseía al hacerle ocho goles (18 mayo de 1947) al Celta de Vigo en una eliminatoria de cuartos de final de la Copa de España.
Al récord de Pedro Bazán con nueve goles, ha llegado en estas fechas la gesta del jugador del Cartagena F.C., Alex Marín que le ha marcado nueve tantos de los 14-1 que su equipo en Tercera división le hizo al C.D. Lumbreras, lo que iguala este récord de Pedro Bazán que databa de 1948.
Tras este jugador modesto, de profesión cartero, le siguen Piru Gainza y Paco Sierra con 8, hemos de añadir también a Ladislao Kubala, que le marcó, jugando con el Barça 7 goles al Sporting de Gijón en la 51/52 y Eulogio Martínez que hizo otros siete al At. Madrid en Copa en la 56/57.

Paco Sierra en nuestro club siempre será recordado por su olfato goleador y por aquellos ocho goles que le marcaron la vida en Vélez. Hazaña que dio la vuelta a toda España y de la que por estas fechas se cumplen ya quince años. Aún conservo como un tesoro, el partido en VHS de ese encuentro, sus botas firmadas y el resumen que le hicieron en el programa deportivo de Canal Plus, El Día Después, capitaneado por Michael Robinson.
De aquella campaña 94-95 en el que había muy buenos jugadores, personalmente me quedo con este delantero, Francisco Javier Sierra González, que llegó al Vélez en mitad de la campaña 93-94 y anotó 21 goles. Un año después también en Tercera división, hizo el doble más uno, esto es 43, añadiendo además los doce balones entre postes y largueros que estrelló en las porterías rivales.
Un killer del área que demostró siempre unas estadísticas demoledoras cuando el balón le llegaba a los pies, y al que le daba un sólo destino: la red.
Propongo que el 8 de diciembre para nuestro futbol, y sin olvidar el 13-0 a la P.D. Garrucha o el 10-0 al Atarfe de aquella campaña, tendríamos que marcarlo como el Día del Gol en Vélez-Málaga.
Aquí os paso en video sus ocho goles, disfrutarlos de la misma manera que los viví hace quince años... fue inolvidable.

martes, 8 de septiembre de 2009

MARTÍN MILLA, EL EXTREMO REVERSIBLE


La prematura muerte de su padre a los 33 años, cambiaría en gran medida la vida de Isidoro Martín Milla. Las minas de plomo linarenses se cobraban una nueva vida y el joven Isidoro, nacido en Linares el 1 de enero de 1938 fue enviado a Madrid para quedar internado en el colegio de Los Salesianos.
Es en los patios de aquella institución de Atocha, donde destacaría jugando al fútbol, situación que enseguida le llevó a formar parte del Real Madrid de juveniles (54-58) y que por aquella época estaba entrenado por el ex interior izquierdo y también internacional madridista, Pepe Moleiro.

Allí en sus tres años de juvenil, coincidiría entre otros, con jugadores como Villa (componente después de los “cinco magníficos” en el Real Zaragoza), Casado (Real Madrid) o Téllez (Recreativo de Huelva).

Terminado sus estudios y la etapa juvenil, pasaría al Lorca en Tercera División (58-59), y un año después al Imperial, equipo filial del Real Murcia (59-60). Cumpliendo el servicio militar, recalaría en el Recreativo de Granada (60-61) y un año después ficharía por el C.D. Veleño (61-62) de Juan Antonio Aparicio y en donde habían recalado además dos de sus compañeros en el filial granadino, Cuqui y Miñi.



En el plantel veleño tendría una de las fichas más altas, cobrando 22.000 pesetas mensuales y una prima de 100 por partido ganado en casa y 200 si era lejos del Vivar Téllez.

Martín Milla que venía a cubrir la baja del zurdo Sarmiento, fue un extremo ambidiestro que jugó más por la banda izquierda que por la buena suya, la derecha. En su completísima etapa en el equipo veleño, ya que jugó todos los partidos oficiales, ofreció a los aficionados un fútbol rápido y exquisito, marcando goles importantes para el club presidido por Manuel Reyna, uno de ellos, el que le serviría en la prórroga ante el Balón de Cádiz en el estadio de Carranza para dar el paso al Veleño a la final de la Copa Sánchez Pizjuán ante la U.D. Cañamera. Sin embargo la directiva veleña, ya sin Aparicio como valedor en el banquillo, no le renovaría al estimar que su ficha era bastante alta.

De esta manera y tras no llegar a un definitivo acuerdo con el club veleño, fue fichado por el Melilla CF., donde jugaría por razón de dos campañas (62-64) en Segunda División.



Tras su paso por el cuadro melillense y recomendado por su compañero Añil, ficharía por el C.D. Fuengirola donde estuvo por razón de una temporada, recalando después en el Almería, equipo éste, que no le cumpliría económicamente en los primeros meses del campeonato, razón por la que aburrido de la esta situación y con 26 años, decidió colgar las botas y labrarse otro futuro.


Afincado en Badalona como Técnico de Telefónica, pasó destinado después a Málaga capital y de ahí a residir en Vélez-Málaga, ciudad donde falleció a los 80 años el 21 de septiembre de 2018, lugar donde siempre encontró Isidoro a grandes amigos y en sus tiempos de futbolista, el de las más grandes ovaciones.

martes, 18 de agosto de 2009

EL PRIMER PARTIDO RADIADO

Siempre es bonito saber o recordar cuando fue el comienzo de algo, que con el paso del tiempo y hasta nuestros días podríamos decir que fue en su momento una fecha ciertamente relevante.
Hoy en este artículo quiero ir a la primera vez que en Vélez-Málaga se radió un partido de fútbol.
Para ello tendríamos que remontarnos a la primera emisora local que se creó en la ciudad, ésta no fue otra que la conocida por “La Voz de la Parroquia” y que sería inaugurada en octubre de 1956. Al frente de la dirección de la emisora estaba el Párroco D. José del Campo y como subdirector y ambientador de los programas, Antonio Tenllado Padilla.


La emisora en aquella época empezó a emitir sin estar oficialmente autorizada, y a duras penas pudo llegar a todos los rincones veleños merced al “beneficio” eclesiástico y al de su popular latiguillo utilizado por todos sus locutores como era “Emisora parroquial y muy benéfica”.
Poco a poco la radio se convertiría en la mejor distracción del pueblo por sus diferentes programas, entre los que destacaban la emisión "Caridad" (recaudando dinero para los más desfavorecidos), los de ámbito cultural y el de "Los discos dedicados". Emisora que ya en los primeros meses del año 1959 ya “pitaba” con el número 54 tras concesión otorgada por el Ministerio de Información y Turismo.
En la citada emisora de la red de la Iglesia, se harían populares diversas voces, entre las que se recuerdan a, José Méndez, Berjillos, el propio sub director Antonio Tenllado y más tarde Manolo Bravo… entre otros.

En lo deportivo no existía un programa concreto, pero sí se comentaban los resultados por medio de colaboradores como, Fernando Romero, Francisco Castejón o José Fernández Ramos, éste último alma máter del periódico local “La Fortaleza” que en los 20 números que editó entre 1958 y 1960 ya hacía referencia a las actividades de la citada emisora.
La buena campaña del equipo veleño en Tercera división y su inesperada y sorpresiva clasificación para disputar la final de la Copa Sánchez Pizjuán motivaría a las personas que regían la emisora a buscar varios patrocinios para poder radiar tan interesantísimo encuentro en Sevilla.

Ahí surge la figura del rapsoda veleño, Eugenio Morales Jurado, que participaba por aquellos entonces en algunos programas radiofónicos, y que se convertiría aquella temporada y por algo más de noventa minutos, en el dueño de la creciente audiencia deportiva de Vélez-Málaga.


La inconfundible forma que tenía para narrar las cosas, se hizo aún mucho más familiar a los oídos de los cientos de seguidores veleños que seguirían aquel día la final de la Copa Sánchez Pizjuán (7 de julio del 62) entre la U.D. Cañamera de Sevilla y el C.D. Veleño.
Hablamos de una competición reglada por la Federación Andaluza de Fútbol y que por primera vez la disputaría el cuadro veleño en la campaña (61-62).

Los del Vivar Téllez para llegar a la finalísima, el campeón obtendría una valiosa copa de plata y un premio en metálico de 30.000 pesetas, habían eliminado al C.D. Fuengirola, Alhaurino, Atl. Malagueño y Balón de Cádiz, rival este último con el que se tuvo que jugar una prórroga al quedar los dos partidos con el mismo resultado (3-0). Afortunadamente un gol del extremo Martín Milla, daría el pase a la final a los veleños.
Su rival había hecho lo propio con el Puerto de Sevilla, Sevilla Atlético, Coria C.F. y La Palma La U.D. Cañamera, hoy club desaparecido, se había fundado en 1956 en la localidad de San José de la Rinconada por los trabajadores de una fábrica de fibra de cáñamo, de ahí su nombre.

Me cuentan que aquel día los avatares de este partido tan importante para la ciudad se narraron de una manera especial y ciertamente cómica. Morales supo darle de cara al oyente, más emoción al juego con su especial verbo e ingenio, que si estos estuviesen en el campo presenciando el partido.

En tertulias en la Sociedad Recreativa “La Peña” de Vélez-Málaga me comentó el también desaparecido, Juan Morales, hermano de Eugenio así como algunas personas más que oyeron atentamente aquella primera transmisión, que éste para hacerla más emocionante y también angustiosa al juicio de los que le oían , relataba en una manera peculiar el encuentro:
"El balón va a Calero, dribla al veleño Rando y pasa en perpendicular al delantero Gaona. ¡Este a su vez se marcha del defensa Cuqui! ¡¡ Se acerca con mucho peligro a nuestro marco!! ¡¡¡ Chuta fuerte Gaona !!! ... y... (silencio en las ondas)
“La mejor copa en Chamonix. No lo olvide. Antes del partido Chamonix, después del partido Chamonix. Calle Canalejas número 5, Tfno 428.
¡¡¡ Chamonix, Chamonix, Chamonix!!!
Con la incertidumbre de los hinchas veleños en el aire y en las ondas de la emisora veleña, y sin saber el desenlace del chut sobre la portería de su equipo, sonaría un nuevo anuncio de viva voz,
¡Transportes "Macandao" José Zapata!
Servicio motocarro y camión Avia.
¡¡ Parada Bar Niza, Vélez- Málaga!!


Acto seguido, Eugenio Morales comentaba con voz muy tranquila y pausada, “El balón salió fuera rozando el poste izquierdo defendido por nuestro guardameta Arturo”…
Los aficionados radioyentes suspiraban. Pero sin duda el mal rato se lo habían llevado en aquellos instantes inesperada de una publicidad corta pero con largo suspense.
Eugenio Morales continuaba relatando el encuentro y nuevamente al menor conato de peligro que hubiese en el área veleña, volvía a dejar la narración sin continuidad.


Pasaban dos o tres segundos y tras anunciar, "Si el tiempo es oro, Alfa es un tesoro, Maquinas de coser y bordar Alfa", “El exquisito chocolate Valor”, destacar que “El cochecito de su bebé en Casablanca lo tiene usted” o que “En Seguros Ocaso S.A. de Vélez su agente es José Pérez Galindo. Calle General Mola 24, teléfono 160”… retomaba con…"el disparo del delantero cañamero... lastimosamente acabó en gol...” 

Así y de esta guisa la narración fue tomando su curso en el que el locutor no paraba de hablar, contándolo casi todo, y lo que no, se lo inventaba. Terminando la primera parte con el resultado adverso de 2-1. El tanto veleño anotado por Miñi.
Con las particulares pausas publicitarias trasncurriría aquel partido hasta llegar al final con el tanteo a favor del cuadro sevillano por 5-2. El segundo tanto veleño obra de Martín Milla.
Siete goles… siete pausas y muchos suspenses…

Morales al término del partido y con un afinado punto final se despediría con,
“Hasta aquí nuestra transmisión, ya saben amigos, después del partido… lo mejor, un Quitapenas"

Fue una finalísima cargada de emoción y que sin quererlo Morales, hizo que la historia del deporte veleño y en lo se refiere a la narración deportiva empezara a andar y a ser otra desde ese momento y hasta nuestros días. Eso sí, estos últimos que vivimos con altibajos y en muchas ocasiones, faltos de continuidad radiofónica.

Al día de hoy, Enrique Álvarez, Antonio Hierrezuelo, Javier Checa, Manolo Guerra, Juan Ramón Padilla, José Manuel Moreno, Kiko García y quién escribe este blog, hemos sido, en el transcurso del tiempo, las voces que más se han acercado a través de las ondas radiofónicas en (Ser Axarquía, Cope Costa Del Sol, Radio Algarrobo, Cadena Energía, Onda Líder, Me Gustas F.M.) a la narración de los partidos del Vélez C.F. y de una manera generalizada cuando nuestro club jugaba lejos del Vivar Téllez.


De aquella pionera “La Voz de la Parroquia” sólo queda decir, que pasaría a mitad de los años sesenta a denominarse “Radio Popular de Málaga en Vélez-Málaga”. Vaya para todos los compañeros que han hecho y hacen radio deportiva en nuestra ciudad y en especial para los desaparecidos, Eugenio y Juan Morales, mi mayor reconocimiento y homenaje con este artículo.

martes, 23 de junio de 2009

REYES Y PÉREZ, EL ABRAZO TARDÍO

Habían pasado más de sesenta años desde que dejaron de verse una tarde calurosa de mayo en el Tejar de Pichelín.

Allí en aquel campo de fútbol tan pequeño, ambos habían hecho las delicias de sus aficionados, uno, José Hidalgo Reyes, suministrando aquellos pesados balones desde el medio centro con la elegancia en el juego que siempre atesoró. 

El otro, José Pérez Sánchez, haciendo goles de bellísima factura desde la banda derecha. Por aquellos entonces el equipo veleño jugaba de memoria, esa misma con la que los aficionados del equipo recitaban su alineación campeona de la temporada 45-46, esto era:
Cuesta; Mateo, Zapata; Fernández, Reyes, Villanueva; Pérez, Perico, Hilario, Natalio y Ortega.

Era este un equipo que había logrado ganar el primer título oficial del Vélez C.F. en toda su historia y del que desgraciadamente ya sólo hoy viven los mencionados, Reyes y Pérez.
Tenía ganas, era mi gran ilusión, de poder volverlos a reunir y que se fundieran en un gran abrazo tras tanto tiempo recorrido y del nulo paradero que existía entre los dos. Para uno como para el otro, las noticias confusas que les habían llegado era que ya no vivía casi ninguno del primer equipo campeón.

De Pérez por que cuando se marchó del equipo ya nunca más volvió a verse o coincidir con sus ex compañeros en otros campos y con otros equipos en los que militó.
De mi querido Pepe Reyes, siempre que relacionábamos algo de aquel fútbol que vivió me decía que tras la muerte del defensa veleño Juan Zapata y del extremo torreño, Juan Ortega “Orteguilla”, ya sólo quedaba el.
Afortunadamente el hecho de seguir buscando material del Vélez, datos de aquella época, me hizo topar con el paradero de Pérez y conocer que aún vivía en Málaga y que curiosamente en los veranos se trasladaba a la localidad de Benajarafe para estar con sus hijos y nietos.
Conocido su paradero, la primera llamada fue para saludarle desde Vélez-Málaga y acto seguido de presentarme, recitarle la alineación sin su nombre, “En esos que usted me dice, falto yo” me comentaba con voz entrecortada por la emoción.
Poco a poco le fui desgranado datos a Pérez, que fue de aquellos compañeros del equipo, el campo del tejar…hasta llegar a comentarle que no todos de aquel célebre equipo campeón habían ya fallecido.
La tristeza se hacía razonada por los que mencionaba en primer lugar y que ya no estaban, y esto se mezclaría después por la emoción a través del teléfono cuando le daba el nombre de otro superviviente, Pepe Reyes.
El vacío duró en esos momentos bastantes segundos. Tanto que llegue a pensar que la comunicación se había cortado en mi teléfono móvil… ¡Que me dice usted¡ ¿Pero Reyes vive?
Sí, y además queremos quedar con usted para que lo vea y charlemos de fútbol, estamos encantados, le conteste. Nuevamente el vacío tras el teléfono se hizo latente…
Perdone, me voy a sentar que me he puesto muy nervioso y la edad ya no me perdona. ¡ Con las buenas piernas que tenía yo para dar pelotazos ¡…
Así comenzó la historia de un encuentro, que por el lado del veleño Reyes también tuvo lo suyo. La noticia se la trasladaba sentado en el Café Bar Niza y tras darle un rodeo a aquellos años del fútbol en blanco y negro.
Pepe, el sábado lo voy a venir a buscar en taxi a media mañana, póngase guapo que vamos a ver a un buen amigo suyo. Su socio en la banda derecha, Pérez…
Emocionado por dentro, pero tranquilo en su forma de ser por fuera, me dijo Pepe Reyes, “Siempre las quiso cortitas y al pie… así las pedía Pérez, era un fenómeno”.
Aquella primera semana de junio se hizo bien esperar en los dos abuelos exfutbolistas, hoy hace un año de ello, Reyes el centrocampista y Pérez el extremo derecho del primer equipo campeón se fundieron en un abrazo sin par en la cafetería del Centro Comercial El Ingenio. Lugar del encuentro. 

Cuando dos personas llevan sin verse más de medio siglo, sin saber nada el uno del otro, pueden pasar muchas cosas. Algunas personas no se reconocen físicamente, pero sí son futbolistas recuerdan al momento y de modo preciso la ubicación en el campo de cada uno de los compañeros del equipo. Está probado. Eso fue lo que les pasó a Reyes y Pérez.

La vida les contemplaba nuevamente tras sesenta y dos años de silencios. Cuando se juntaron y empezaron a hablar, ambos coincidieron en que se hacían presentes las anécdotas que cada uno curiosamente había olvidado ya con el transcurrir del tiempo.


Después de mucho hablar de fútbol, de la familia, de intercambiar alguna foto y de contarse quiénes son ahora y lo que la vida les había guardado tras tantos años, se despidieron con una mirada brillante en sus ojos y una felicidad declarada en sus rostros por aquel emotivo encuentro. Hubo foto de recuerdo al lado de una mesa en la que quedaban dos tazas de café apenas tomadas mientras ambos jugadores se daban un último abrazo.

De vuelta a casa, entre el silencio de los recuerdos desempolvados y la emoción de todo lo vivido, Pepe Reyes me confesó… “De Pérez me faltaba un abrazo. El de la celebración del último gol que le serví ante el Flecha Negra y que al marcarlo nos dio el campeonato. Que día tan feliz fue aquel”.

Sesenta años después de volver a verse y repetirse que, el tiempo corre mucho y que las cosas han cambiado aún más, coincidieron eso sí estos veteranos ex jugadores y sin reparos, en aquello de que “Si tuviéramos veinte años compañero, la que volveríamos a liar en el Tejar de Pichelín”.

martes, 16 de junio de 2009

EL "STUKA" QUE VOLÓ POR VÉLEZ

Me gustaría recordar, ahora que se hablan de los traspasos millonarios en el fútbol y en especial del Real Madrid, la figura de Miguel López Torrontegui, un delantero apodado en los años cuarenta de los “stuka”, que un buen día despegó de nuestra tierra para aterrizar con éxito en Sevilla y hacer con sus numerosos goles las delicias en el fútbol nacional y en aquellos seguidores que vieron jugar a una delantera sevillana muy popular, la más potente del fútbol español.

Miguel López Torrontegui que procedía de familia vasca, de ahí su apodo “bilba”, había nacido en Melilla el 14 de julio de 1913 y desde muy pequeño su familia se trasladó a Málaga. De muy joven empezó a jugar en el Sporting de Málaga y alternaba los partidos en Segalerva con otros contratados por el Vélez F.C. para los “match” más importantes.
Era el año 1930 y el comienzo para el club veleño y malagueño del denominado profesionalismo marrón.

“Bilba” como aparecería en varios programas de mano en Vélez-Málaga (foto) compartía alineación en la delantera veleña con, Herrera, Pérez, Plácido y Antonio López Fuentes. Ya a sus dieciséis años mostraba un gran desparpajo como jugador y en ocasiones como capitán del equipo.


Los comentarios sobre su buen juego no tardaron en sobrepasar los límites provinciales de la Costa del Sol. El Sevilla FC se había fijado en sus movimientos y decidió traerse a Nervión a un chaval que por aquel entonces contaba con 19 años. El fichaje o más bien dicho, pase del equipo malagueño al sevillano, se cerraría en septiembre de 1932 por la "escandalosa" cifra de 30.000 pesetas, todo un capital por aquellos entonces. El jugador percibiría 2.500 pesetas al firmar la ficha y tendría un sueldo de 650 pesetas al mes.

Ese chaval que debutó ante el eterno rival, el Betis (0-0), no tardaría en despuntar. Las dos primeras temporadas no dispuso de todos los minutos que quisiera. Pero en la campaña 34-35, en la que los sevillistas disputaban su primera campaña en la división de oro del fútbol español, y ya con el nombre de Torrontegui, disputó 21 partidos y logró 8 goles, siendo el segundo máximo artillero, sólo superado por el magnífico Campanal, que logró la increíble cifra de 20 dianas en 21 partidos.

Fue esa temporada cuando se empezó a configurar la mítica delantera “stuka”, la mejor que ha tenido el Sevilla en todos los tiempos y que, a pesar de que ya han pasado más de sesenta años, sigue siendo la más recordada y vanagloriada por el sevillismo.

Lo de “stuka” estaba tomado del nombre de los aviones alemanes que marcaban en esos años la supremacía y el dominio del espacio aéreo europeo y que devoraban desde el aire, unas veces a otros aviones y las más arrasaban a ciudades completas con sus mortíferos bombardeos.
A Torrontegui, le acompañaban en la línea de ataque el mítico Pepe López y el infalible Campanal. Por ello, no fue fruto de la casualidad que ese año el Sevilla se alzara con la Copa de España. Tras derrotar por un contundente 3-0 al Sabadell en Madrid, el equipo hispalense conseguía su primer título.

El año siguiente no fue bueno ni para el Sevilla ni para el astro que siempre se sintió más malagueño que melillense. Luego vino la guerra y después de la guerra el ataque letal de los “stuka”. Estaban todos: Raimundo, Campanal, López, Pepillo, Berrocal y, como no, Torrontegui. Esa campaña se descubrió la faceta polivalente del jugador de la plaza española norteafricana. Su posición natural era la de interior derecho, si bien era un jugador con una enorme capacidad para amoldarse a cualquier puesto de la media y el ataque.


Resultaba que había seis stukos para tan sólo cinco puestos y, en este sentido, Torrontegui siempre era un comodín. Llegó a jugar hasta en siete posiciones diferentes. Y, precisamente en ese año, consiguió el subcampeonto de Liga, siendo superado el equipo sevillano por un solo punto por el Atlético de Madrid.Su mejor campaña a nivel personal fue la temporada 40-41.


Es en esa campaña el ya C.D. Málaga inauguró en partido amistoso contra el Sevilla el estadio La Rosaleda, fue el 14 de septiembre de 1941. Unas instalaciones que bendijo el capellán del club, Luis Vera Ordaz, y que fue madrina del acontecimiento María Luisa Alonso, hija del alcalde de Málaga, Pedro Luis Alonso. Venció el Málaga por 3-2, pero los caprichos del destino quisieron que fuera Torrontegui el jugador que anotará el primer gol en este estadio.

Ese mismo año tanto él, como Campanal y Raimundo, descosieron a base de goles las porterías rivales. Goleadas míticas como la del 11-1 al C.F. Barcelona, el 10-3 al Valencia y el 8-3 al Hércules son algunos ejemplos del severo castigo que los sevillistas impartían a los porteros rivales. En 17 partidos, marcó 14 goles, tres de ellos en la escandalosa goleada ante los culés. Posiblemente el equipo nervionense de aquellos años ha sido el mejor que ha tenido el Sevilla en toda su historia.

En la 41-42 más de lo mismo y en la 42-43 otro subcampeonato liguero. Esta vez los stuka fueron superados en la tabla por el Atlhetic de Bilbao por tan sólo tres puntos de diferencia. Esa temporada Torróntegui fue casi siempre suplente, aunque su aportación goleadora, como era habitual, fue clave para que su equipo cuajara una sensacional campaña. Su carrera llegaba a su fin. Él lo sabía y decidió retirarse en la cima. Recibió un gran homenaje de la afición sevillista y, tras colgar las botas, siguió vinculado al club como secretario técnico y como directivo durante la presidencia del Marqués de Sotohermoso y de Manuel Zafra.


Miguel “Bilba” Torrontegui unos meses antes de morir, el 1 de abril de 2000, recibió la medalla de Andalucía. Los que tuvimos la suerte de hablar con el en más de una ocasión y visitarle en el Circulo de Labradores de Sevilla, nos dejó siempre la grata impresión de un hombre sencillo que dividió su corazón entre la Málaga marinera y las competiciones en yola en el Real Club Mediterráneo y la celebración del gol con las elásticas del Sporting de Málaga, Vélez F.C. y el Sevilla, los tres equipos en los que jugó.