viernes, 5 de junio de 2009

DE F.C. A C.F., TANTO MONTA, MONTA...

De Football Club o Fútbol Club (F.C.) a Club de Fútbol (C.F.), existe un dilema y una cuestión en Vélez-Málaga con dos equipos y que me gustaría aclarar con todo rigor.
Primero, el cuando y porque se cambiaron estos términos y después preguntando ¿Cómo permite la Federación Andaluza de Fútbol que dos equipos de la misma ciudad se llamen igual salvando la terminación C.F. y F.C.?

Para comprobar que se esta cometiendo un gran error y que ambos nombres son lo mismo, tendríamos que remontarnos al régimen anterior con Franco, que poco amigo de los anglicismos decidió hacer un proceso de nacionalismo deportivo para intentar sustituir los términos extranjeros por palabras nacionales. Así la Real Academia de la Lengua asumiría el anglicismo "Football" como "Fútbol" castellanizándolo.
Para ello la Oficina de Lexicografía Social redactó en 1938 un vocabulario profesional que encuadraba al deporte en los espectáculos públicos y en el que contaba con 47 convenciones sobre los deportes del atletismo, boxeo, carreras de caballos y de galgos, esgrima, pelota a mano, tenis y por supuesto el fútbol, y donde las formas inglesas serían sustituidas por formas en lengua española.
Casi tres años después, el 20 de diciembre de 1940 entraría en vigor el decreto que ordenaba eliminar todo ese aluvión de extranjerismos. Por lo que la denominación "Football Club" desaparecía de todos los clubes españoles. Así en enero del 41 los equipos de fútbol tienen nuevos nombres, Sevilla y Barcelona Football Club y Athletic Club de Bilbao pasaron a llamarse Sevilla Club de Fútbol, Barcelona Club de Fútbol y Atlético de Bilbao, mientras que Real Sporting de Gijón y Rácing de Santander se convirtieron en Real Gijón y Real Santander al no tener una traducción sus denominaciones. Por cierto el Español de Barcelona no se tocó, ya que había sido Español, con “ñ” desde que se fundó. Es decir que lo de Espanyol se cambiaría después de la época franquista.


Dentro de las reglas en el fútbol, el off-side se convertiría en orsay, el kick a saque, el referi moriría para dar paso al arbitro o juez, en la pugna entre el ingles y el castellano, el corner quedo empatado con el saque de esquina, el free kick se traduciría en goles libres, sin embargo el fútbol arrumbó a la denominación balompié, que dicho sea de paso fue el periodista y académico, Mariano de Cavia quién en 1922 puso nombre español al football y que cinco años después, 1927, se incluyó este vocablo en el conocido como diccionario manual.


Tal lío idiomático forzaría que por ejemplo la ensaladilla rusa desapareciera de los menús para llamarse “ensalada imperial” o “ensaladilla nacional” o los caramelos Darlings se convirtieron en Darlins, el local donde se sirven comidas pasó a denominarse restaurante en vez de restaurant, los diferentes tipos de hospedajes adoptaron forzosamente las denominaciones de Londres, París, Atenas o Nápoles en sustitución de London, Paris, Athenes y Napoli, respectivamente. Fue muy popular en Madrid el cambio de denominación del Hotel Palace, que adoptó el de Palas, en vez del lógico Palacio.
En Vélez-Málaga como en toda la provincia malagueña, los cambios se llevarían de manera muy rápida ya que la Federación Española nombró comités de depuración para sancionar a jugadores, entrenadores y árbitros que hubiesen mostrado su clara adhesión a la República o mantuvieran los términos extranjeros denominados “mal patriotas”.
De la noche a la mañana la nomenclatura Vélez Football Club pasaría a Vélez Club de Fútbol, siendo la misma sede del equipo en el Bar España (Plaza de España), teniendo la misma directiva y casi con los mismos jugadores, ya que la palabra “equipiers” quedaría también borrada del mapa. El Vélez C.F. con este nomenclatura y con la anterior de F.C. no solo jugaría hasta finales de los cuarenta, sino que en carnets de socios y programas de mano (ver fotos) seguiria alternando las dos coletillas, F.C y C.F. Por tanto era lo mismo.


Sigamos con la historia. En diciembre de 1939 la Organización Sindical crea en su seno la Obra Nacional “Alegría y Descanso”, que poco tiempo después cambiaría su denominación por la de Obra Sindical “Educación y Descanso” y que subsistió hasta el denominado desmontaje de los conocidos por sindicatos verticales.
Al igual que el resto de las provincias y regiones españolas tuvo sus peculiaridades propias. Contaba para sus fines con una red de centros culturales, residencias así como instalaciones deportivas. Fue quizás el deporte una de las actividades de mayor inversión y participación.
Por ello y gracias a la Obra Sindical de Educación y Descanso y a la no menos importante gestión de Rodrigo Vivar Téllez, se pudo inaugurar el primer recinto deportivo en Vélez-Málaga, fue el 18 de julio de 1951. El equipo veleño presidido por Emilio Judas Artigal en la primavera de ese año y por razones obvias añadiría al nombre de Vélez C.F. la coletilla de E y D.


Lo demás ya se sabe, el equipo debutaría en Primera Categoría Regional con esta nueva nomenclatura, y que hasta el año 1976 no se eliminó definitivamente. Así las cosas, en esas fechas Manuel Diaz Arias como presidente del entonces C.D. Veleño de Educación y Descanso realizó las gestiones oportunas y envió la solicitud en los primeros días de agosto para que cuando se hiciese el sorteo del calendario liguero 76-77, ya figurase el nombre de Vélez C.F.Denominación original que recuperaba, tras ventidos años, y que se había perdido en la campaña 57-58 para dar paso después al C.D. Veleño de E y D, todo por razones de zanjar algunos problemas deportivos con rivales como el Motril,  Siempre eso sí se jugó con el mismo número de filiación.
Así las cosas, el 7 de agosto de 1976 se recibiría en la secretaria del club un telegrama de la Federación Andaluza de Fútbol en el que quedaba aprobado el cambio de denominación de nuestro club, así hasta nuestros días.
Como dato curioso, el término balompié entraría en el diccionario de la Real Academia de la Lengua en 1970.
Como hemos apuntado en un principio, en la actualidad existen dos Vélez en nuestra ciudad, el decano Vélez C.F. fundado en 1922 y el Vélez F.C., este último creado hace poco tiempo y que toma de un modo descarado la nomenclatura del primero, dando lugar a que reine la confusión entre los ciudadanos y clubes de fuera de nuestra localidad y en algunos despistados veleños a la hora de comprar una participación de lotería o de hacerse el carnet de socio.
En mi opinión, la Federación Andaluza de Fútbol debería tomar cartas en este asunto ya que revisada esta historia, el orden de los factores... no altera el nombre del equipo, o lo que es lo mismo, Vélez C.F o F.C. debería ser la misma cosa, menos en Vélez-Málaga.

jueves, 21 de mayo de 2009

FÚTBOL CON LUZ ARTIFICIAL


Aunque pudiera parecer una tontería, el conocer cuando se jugó en Vélez por primera vez al fútbol con luz artificial, es también un dato a tener en cuenta dentro de la historia de nuestro querido club. Para muchos jugadores, directivos y aficionados del Vélez C.F., es una circunstancia olvidada en el tiempo. Pocas son las personas que recuerdan esa efemérides deportiva, ya que jugar con luz eléctrica parece que es una cosa de toda la vida…

Para recordar la primera vez tendríamos que remontarnos a finales de la campaña 66-67, eran los momentos en que el C.D. Veleño había dejado marchar a la mayoría de sus jugadores “profesionales” al no poder soportar sus nóminas, ¿les suena esto de algo?, y por tanto se tuvo que reorganizar una plantilla con los jugadores ya reconocidos de la cantera y muchos otros jóvenes que habían sido con Alberto Ruiz Pareja, Campeones de Andalucía Oriental en categoría juvenil.

La intensa actividad que desarrollaba tanto el primer equipo como los conjuntos del juvenil e infantil, estos últimos también fortalecidos por acabar terceros de España en Castellón, y el hecho especial de que la mayoría de los jugadores, por ser trabajadores o estudiantes, sólo podían practicar el deporte a últimas horas de la tarde, fue la principal razón esgrimida por la directiva que entonces presidía, José Del Pino, para llevar adelante el proyecto de proponer al consistorio veleño el tener iluminación artificial en el Vivar Téllez.
Tras numerosas reuniones y gestiones, sería en la primavera de 1968 cuando se instalaría la primera iluminación artificial. El costo de la obra ascendería a 100.000 pesetas, importe que fue sufragado a partes iguales por la Delegación Nacional de Deportes y el Ayuntamiento veleño.

La directiva del equipo veleño, en las que figuraban entre otros muchos directivos, Manolo Guerrero, Enrique Atencia, Francisco Moyano y los hermanos Fernando y Francisco Romero, pudieron por fin ver su sueño cumplido.

Tras estas cuatro pioneras torretas (más bien postes) con seis focos, y que con el tiempo se comprobaría que ofrecían una luz insuficiente para poder jugar partidos de fútbol (foto b/n), se instalarían otras más anchas ancladas en hormigón.
Esta gestión se lograría siendo en esos momentos presidente del veleño, D. Manuel Martín, que había sucedido en el cargo a Del Pino, y que con la ayuda nuevamente del Ayuntamiento de Vélez-Málaga, logró que el estadio Vivar Téllez estuviera mejor dotado de luz artificial. Para mejorar el alumbrado se instalaron cuatro torretas nuevas que dotaron al campo de la tan necesitada luz indispensable ya para la disputa de partidos por las noches, así como para poder mejorar los entrenamientos semanales que por entonces ya preparaba Luis Botella como entrenador del primer equipo.

Con esta mejor iluminación para los tiempos que se vivían, la directiva veleña vio interesante organizar un partido amistoso para la inauguración del citado alumbrado.
De esta manera, el primer encuentro bajo potentes watios de luz se disputaría en la segunda semana de agosto de 1970 en el Estadio Vivar Téllez y para tal inauguración se invitó al C.D. Málaga.

Para que todo saliese perfectamente, los técnicos municipales harían las últimas pruebas encaminadas a comprobar el funcionamiento de las torres instaladas en el terreno de juego, durante el entrenamiento del equipo veleño un par de días antes del partido inaugural.

El encuentro que se celebraría a las 8’30 de la noche en el Vivar Téllez, estaría iluminado por cuatro torres, situadas en las cuatro esquinas del campo, y que estaban compuestas por quince focos pequeños y tres más grande cada una. A finales de los años ochenta la iluminación del Vivar Téllez se reforzaría con algunos reflectores situados en un lateral central del campo, junto a lo que eran los primeros vestuarios del campo veleño.

Con el tiempo aquellas cuatro torretas “ayudarían” económicamente al club luciendo publicidad y de las que recordamos a los Almacenes de Materiales de Construcción Desiderio Robles (73-78), Cerveza Victoria (79- 84), Fabrica de ladrillos “El Prado” (85-92) y Construcciones Level (93-97). Esta última empresa aportaría cerca de medio millón de pesetas para las arcas del club que presidía, Juan Antonio García “El Canastero”.

A pesar del tiempo que pasado desde que se pusieron los primeros focos, y las remodelaciones que hemos reflejado en este blog, lo cierto es que la luz artificial en el Vivar Téllez sigue siendo todavía algo deficiente. 

martes, 19 de mayo de 2009

EL MANGUI "TORREÑO"

Manuel Garrido Villena, nuestro “Mangüi II”, nació en Málaga el 17 de Agosto de 1.937. Su apodo le llega rebotado de la amistad que desde joven le unía con su ídolo del Azucarera Larios y ex-jugador del Sevilla, el malagueño Manuel Rojas. 

Se inició jugando en los escalafones inferiores del modesto C.D. Malagueta, conjunto donde coincide con Ríos y Granados y que disputaba sus partidos en el campo del Carmen y como filial del Málaga.

En un principio ocupaba posiciones en la delantera, pero con el paso del tiempo se convirtió en un fuerte y completísimo defensa lateral. Llegando a ser uno de los más notables jugadores que en este puesto han jugado en la historia del fútbol veleño.

Cuando llegó a Torre del Mar procedente de Málaga, se vinculó en los diversos equipos que se formaban a la sombra del hoy desaparecido edificio del Saladero de pescado que estaba situado en la conocida calle de San Andrés.

Por su físico, un tanto desgarbado, le apodaron sus compañeros “el canijo”, pero esa apariencia de jugador de poca fuerza pronto desaparecería, ya que “Mangüi” derrochó en todo momento un coraje especial en la práctica del que siempre fue su deporte favorito. 
En edad juvenil ya destacaba con el primer equipo del C.D. Torre del Mar, de ahí que fuera seleccionado por el veleño Francisco Castejón, para jugar con la U. D. Veleña la fase sector del Campeonato Andaluz Oriental.
El equipo de Castejón, que prácticamente era una selección malagueña, ya que estaba compuesto por jugadores de Marbella, Málaga y Vélez-Málaga, se proclamaría primero campeón provincial sin perder un solo encuentro y después siguió esa racha ante conjuntos representantes de Granada y Almería.

Como futbolista, siempre sobresalió por ser un zaguero duro, pero nunca violento, con dotes  de ordenar y dirigir a sus compañeros desde la línea defensiva, además de poseer un gran control del balón con las dos piernas, ventaja muy importante por aquellos años para los jugadores que tenían la misión de defender su portería de los delanteros rivales.
Con veinte años y de la mano de Juan Antonio Aparicio, debutaría en la defensa del Veleño, un puesto del que se hizo indiscutible por razón de cuatro campañas. En la primera de ellas, la 59-60, consigue el el campeonato provincial de Primera Categoría y después, el ascenso a Tercera División por primera vez en la historia del club veleño.


El destino quiso que Manolo Garrido coincidiría con su ídolo de pequeño, el verdadero “Mangüi” jugando en La Rosaleda y contra el Atl. Malagueño (con el que tuvo un rifi rafe que produjo la expulsión del malagueño) y poco más tarde coincidirían en el mismo equipo veleño, donde sellarían por siempre una gran amistad.

Tras el Veleño pasaría al Atlético Marbella, que había fichado a Juan Antonio Aparicio y que optó por reforzar su plantilla con tres futbolistas "suyos", José Gómez, José Santacruz y nuestro “Mangüi”, que militó en el cuadro marbellí por razón de seis temporadas y donde ganó una Copa Sánchez Pizjuán y disputó un histórico play off a Segunda División. Su última campaña en el Marbella estuvo dirigido por Armando Benavides.
Manolo Garrido se retiró del fútbol a la edad de 32 años, lo hizo en plenas facultades físicas para el fútbol y siendo un jugador admirado por todos y querido por quienes siempre confiaron en la capacidad de un seguro defensa valedor. Supo reunir excelentes cualidades tanto deportivas como humanas.

sábado, 16 de mayo de 2009

DE VÉLEZ AL EXTERIOR

Este artículo quiero dedicarlo a todos aquellos futbolistas nacidos en Vélez-Málaga, y que por diferentes razones personales o deportivas, triunfaron en otros lugares de la geografía futbolística de nuestro país. Juagadores todos ellos de nuestra cantera que se formaron como hombres y deportistas pero que tuvieron una mejor suerte lejos en su ciudad natal.

Unos llegaron a lo más alto, otros se quedaron a medio camino dentro de la jerarquía de las categorías que existen en el fútbol español, pero todos han enriquecido el palmarés de la cantera que existe tanto en Vélez-Málaga como en Torre del Mar, fomentando entre los más jóvenes de cada época la ilusión por el deporte, en este caso el balompié.

Ya desde un principio el Vélez y el Azucarera Larios de Torre del Mar exportaron algunos jugadores, el exiliado en Francia, Luchana, jugaría en el Racing de Paris; en los años cuarenta el defensa, Juan Zapata por el Almería y los torreños, Agüera y Orteguilla con el C.D. Europa de Barcelona.

En los cincuenta el portero Milanés jugaría en el Puerto Real, y en los sesenta más jugadores de Torre del Mar, el defensa Mangüi en el Atl. Marbella y los centrocampistas, Dominguillo con el Algeciras C.F. (segunda foto) y Segura con el Albacete.
Caso especial es el veleño, Pepe Santacruz (foto cabecera) que del Vivar Téllez pasó a jugar con Atl. Marbella, después, Elche, Algeciras, Albacete y Manacor. Recaló nuevamente en el Atl. Marbella para colgar las botas en Vélez.

Como los mencionados pero en etapas más modernas, podíamos citar a Cortés en el Cacereño, el desaparecido Guti en el Mármol Macael, Germán Chica en el Guadix, Arturo López en el Poli. Ejido, Alex en el Málaga C.F de tercera así como en el Linares, Carolinense, Ronda, Nerja y Barrio; Efren Reyero que jugó eliminatorias de UEFA con el conjunto galés del Llanelli AFC; Javi Fernández actualmente en el Toledo, milito antes en la U.D. Almería B o Dani González en el Ejido B y Denia.

Todos estos futbolistas mencionados, realizaron un papel muy digno en otros equipos y otras superiores o iguales categorías en las que anteriormente militaban y cuando un buen día les ofrecieron cambiar de aires.
Sin embargo estos futbolistas no tuvieron la suerte de poder debutar en Primera División, una categoría en la que nuestro municipio ya ha aportado hasta la fecha a ocho jugadores tras el debut del veleño Javi Guerra con el Valencia C.F.
Hagamos un repaso a los jugadores de primera:

ESTEBAN VIGO
El primer jugador en militar en la máxima categoría del fútbol nacional fue Esteban Vigo Benítez (17-01-55), que en la campaña 77-78 jugaría en F.C. Barcelona tras su paso por el C.D. Málaga, Atl. Marbella y antes en el C.D.Veleño.
Esteban debutaría en Primera División en la primera jornada de la 76-77 jugando en el Vicente Calderón ante el Atlético de Madrid, partido que perdería el cuadro blanquiazul por 2-0 (5 de septiembre de 1976). 
Se da el caso que su primera victoria en Primera División fue en La Rosaleda ante el equipo que después lo firmaría, el FC. Barcelona, que de la mano de Rinus Michels caería por 1-0 merced al tanto de Migueli entrada la segunda mitad.
Un año después con el FC Barcelona debutaría en el Camp Nou (4 septiembre del 77) ante la Real Sociedad (1-0).

Esteban que más tarde llegaría a ser tres veces internacional con la selección española y anteriormente olímpico (Montreal 76) entraría al terreno de juego en el min.71 de partido en sustitución de su compañero Clarés.


ANTONIO VARA
Nacido en Vélez en la Puerta Real de la Villa en 1955, pero de muy joven ubicado en Málaga capital, aparece tras los pasos de Esteban Vigo. Hablamos del defensa Antonio Vara Romero, un jugador que tras pasar por el Atl. Juval y los diferentes escalafones inferiores del club de la Avda. de Martiricos, debutaría en Primera División en el encuentro que disputarían el 18 de diciembre de 1976, la U.D. Las Palmas y el C.D. Málaga (2-1).
Vara disputaría entre la 76-77, 77-78 y 78-79 un total de 49 partidos 20 en Primera. Acabaría su carrera deportiva jugando en equipos como el C.D. Linares y Antequerano en Segunda B. Para muchos veleños un total desconocido.


JOSÉ CARLOS FERNÁNDEZ TELLO
Un veleño de corazón bético sería quién continuase la estela de Esteban y Vara en jugar en la Primera División. Hablamos de José Carlos Fernández Tello (4-06-60), que en la campaña 79-80 (en concreto un 11 de noviembre del 79) disputaría su primer encuentro con el Real Betis, fue en el estadio Rico Pérez ante el Hércules de Alicante (1-1) el tanto del empate bético obra de Gordillo.

Tello pasó de jugar siendo juvenil en el primer equipo del C.D. Veleño al Betis Deportivo, y después al Calvo Sotelo. 
Una campaña después pasaría al primer equipo verdiblanco del Villamarín. Este delantero militando en el equipo de Puertollano llegaría a debutar como jugador internacional sub-21 en partido ante Chipre (3-0) y donde Tello haría el primer gol. 

Jugó en el Betis 27 partidos en las campañas (79-80, 80-81 y 81-82) para pasar al Granada C.F. (82-83 y 83-84), C.D. Málaga (84-85 y 85-86), Córdoba, Melilla y Marbella. Colgó las botas en el Vélez C.F.


ANTONIO HIERRO
Los hermanos Antonio y Manuel Ruiz Hierro seguirían a Tello.
El mayor de esta familia tan futbolera, Antonio (17-05-58), debutaría en Primera en la campaña 82-83, primera jornada (4 septiembre 82) en un C.D. Málaga- Sporting de Gijón (1-1). Lo haría partiendo en el equipo titular y tras haber logrado con el C.D. Málaga una campaña antes (81-82) el ansiado ascenso a la categoría de oro de nuestro fútbol. Hierro I como así figuraba en las alineaciones había debutado meses antes en Segunda en el estadio La Rosaleda en un C.D. Málaga-Real Murcia (2-0). Mucho antes había militado en Tercera con el San Pedro cedido por el Atlético Malagueño.

MANOLO HIERRO
Su hermano Manolo (09-12-62), conocido por Hierro II, y que también ayudó al ascenso del extinto C.D. Málaga a Primera División en la (81-82) tardaría justamente siete meses y dos días en debutar en la máxima categoría.
Fue en el partido C.D. Málaga-Osasuna (1-1) el 6 de marzo de 1983 y en la 27ª jornada. Manolo Hierro entraría mediada la segunda parte en sustitución del delantero José.

Fue el único de la saga de los Hierro que no jugó en el primer equipo de su ciudad, ya que pasó tras jugar en juveniles al Atl. Malagueño. Tras jugar en el Málaga, pasó al Real Valladolid, Barcelona (donde no jugó) Betis y C.D. Tenerife.




AZUAGA
Un torreño asoma tras los dos primeros Hierro del C.D. Málaga, nos referimos a Juan Manuel Azuaga Jiménez (03-03-65), genial centrocampista que imprimía un toque exquisito al balón, debutaría en una fecha que para muchos aficionados al fútbol de Málaga y provincia nunca olvidarán.
Se jugaba la segunda jornada de la liga de la 83-84, y visitaba La Rosaleda el 11 septiembre del 83 el Real Madrid de Juan Gómez "Juanito", equipo que sería goleado por 6-2 ante un irreconocible C.D. Málaga.
Azuaga entraría en el campo en el min.77 sustituyendo a su compañero Martín y con la idea de marcar el juego que realizaba el hoy día seleccionador nacional, Vicente del Bosque. Ha sido jugador internacional en la categoría de sub-18. Tras jugar en el Málaga paso al Hércules de Alicante, Marbella, Antequerano, Melilla, Vélez y Torre del Mar.

FERNANDO HIERRO
Otro Hierro entra en escena, sin duda el más laureado por el momento de todos los jugadores que han nacido en Vélez-Málaga.
Conceptuado como uno de los mejores defensas del mundo, Fernando Ruiz Hierro (23-03-68) debutaría en Primera División con el Valladolid en la sexta jornada de la campaña 87-88 (4 octubre del 87) en partido ante el R.C.D. Espanyol (1-0).
Fernando que una campaña después pasó al Real Madrid, llegó a jugar en la máxima categoría un total de 439 partidos, de ellos 432 de titular. Fue internacional en 89 ocasiones. Ha sido también en varias ocasiones jugador FIFA.
Tras jugar en el Madrid, paso al equipo del Qatar y colgó las botas jugando en la Premier League con el Boltón Wanderes.
Actualmente es Director Deportivo de la Real Federación Española de Fútbol, en el tiempo que lleva en ese cargo nuestra Selección Absoluta se proclamó en Sudáfrica Campeona del Mundo.

MIGUEL BURREZO
El delantero Miguel Ángel Burrezo Quintero, natural de Torre del Mar seguiría a Fernando en la lista de jugadores que daban el salto a Primera. Miguel con 21 años tuvo la oportunidad de jugar en La Rosaleda con el Málaga C.F. en la campaña (99-2000) y ante el Real Mallorca.
Las lesiones de los delanteros de la primera plantilla blanquiazul que por entonces entrenaba Joaquín Peiró, dio opciones a que el torreño en las filas del equipo B, fuese convocado y tener la suerte de poder jugar, aunque sólo fueran seis minutos, en la elite del fútbol nacional, lo hizo sustituyendo al centrocampista Ruano.
El partido celebrado el 12 de marzo de 2000 acabaría con empate a cero. Burrezo que un año después fue cedido al Algeciras C.F., pasaría más tarde a jugar en el Vélez C.F. y la U.D. Torre del Mar. Durante un tiempo dejaría el fútbol perseguido por diferentes lesiones. Afortunadamente volvería a calzarse las botas para jugar en el Nerja y de ahí dar el salto, siendo el veleño Tello entrenador, al Antequera C.F. en Segunda B.
Este pundonoroso delantero, volvería a jugar en el Vélez y en estos momentos lo hace en el Nerja (10-11)

JAVI GUERRA
Nuestro último invitado, que por el momento hace el número nueve en esta lista de oro de nuestro fútbol, es un joven chaval nacido en Vélez-Málaga, Javier Guerra Rodríguez (15-03-83), que tras dar algunas trechas en diferentes equipos de segunda y segunda B, por fin la suerte le pudo sonreír. Su sueño de debutar en Primera se le cumpliría debutando en uno de los mejores clubes de Europa, el Valencia C.F.
Aunque el resultado no le fue propicio para su equipo, esta promesa ya camino de estrella de nuestro fútbol entraría en la lista de grandes al pisar el césped del Coliséum Alfonso Pérez de Getafe y ante 12.000 espectadores en el minuto 83 de partido y sustituyendo a otro grandísimo delantero, el internacional Angúlo. El Valencia caería por 3-0.
Actualmente milita en el Ryo Vallecano de Segunda División y tras haber pasado por el Granada 74, Deportivo Alavés, Levante, Cardiff, Málaga CF. Mucho antes lo hizo en el F.C. Barcelona de Tercera División.
Por cierto, su hermano gemelo Emilio juega en el Atlético de Madrid B.
Desde este blog quisiera dar las gracias a todos estos futbolistas que nos han hecho sentirnos orgullosos de tener una de las mejores canteras del fútbol en
Andalucía y como no, dentro de la enorme galaxia del fútbol. Jugadores veleños, deportistas reconocidos y personajes que para todos son de Primera.

viernes, 15 de mayo de 2009

¿QUE TAL UN PIERDE PAGA?

El juego de Futbolín se convirtió hace ya tiempo en el punto de encuentro en bares, puertas de colegios y kioscos en medio de plazas abandonadas y a medio reformar. Moneda a moneda y gol a gol, los chicos se encontraban frente a frente, bien parados y con las manos en los pomos. 

Los jugadores bailan, chutaban la pelota pulida y éramos entonces los Amancio, Kubala, Pelé o "Maradonas" por unos momentos.

Me vuelvo niño al escribir esto, y recuerdo mi juventud con los campitos verdes y azules de futbolín, muchos ya viejos y con la pintura descascarada, y que siguen aún presentando un clásico ante una tribuna de papel y ante los ojos ansiosos de jugadores y público que esperábamos el resultado de ese partido al mejor de cinco goles…

Este articulo va dedicado a Alejandro Campos Ramírez, creador del futbolín. Un gallego al que conocí haca ya años, nacido en La Coruña en 1919 y apodado popularmente desde 1936 por Alejandro “Finisterre”, y que según me contó, le cambiaría la vida un bombardeo cuando tenía 16 años.

Tal y como recordó años después, la idea del futbolín surgió “Por culpa de una bomba nazi, de las que lanzaron sobre Madrid y en la que quedé sepultado entre cascotes, con heridas graves. Me llevaron a Valencia y luego al hospital de la Colonia Puig de Montserrat. La mayoría de los niños y otras personas que allí estábamos, nos habíamos convertido en mutilados de guerra. Yo había jugado al fútbol (incluso perdí un diente una vez de una patada) pero eso ya no era nada en comparación a lo que me ocurría, me había quedado cojo y envidiaba a los niños que podían jugar” afirmó.

También Alejandro Campos amaba el tenis de mesa, así que un día pensó: ¿Por qué no crear el fútbol de mesa?  En esas circunstancias inventó un particular futbolín  que fabricó su amigo, el carpintero vasco Francisco Javier Altuna. Este primer modelo fue registrado en Barcelona y los futbolistas eran de madera de Boj, un material que permitía todo tipo de efectos y sutilizas ante una pionera pelotita que estaba fabricada de corcho aglomerado. 

Aquel invento fue mano de Santo, la chiquillería se volcó sobre el nuevo juguete, y en especial los niños mutilados, que pudieron participar y, a menudo ganar, jugando nuevamente al fútbol… pero de mesa. Y precisamente ese fue el inicio de la historia del futbolín, esa salida alterna a esa falta del don en las piernas, toda una confabulación del destino: una guerra civil en España que anuló la fabricación de juguetes para los niños y esa misma guerra que mutilaba a los soldados que en su recuperación buscaban la forma de entretenerse y un poeta e inventor con una idea que buscaba la forma de saciar sus instintos futboleros.

Alejandro, que había registrado este juego en 1937, tuvo que exiliarse a Francia por el triunfo franquista en la guerra, con tan mala suerte, que extravió en una tormenta los papeles de la patente mientras atravesaba andando, como otros tantos españoles, los Pirineos. 

A ese pionero futbolín, le seguiría entre 1939 a 1945 uno de forma plegable al que se le denominó “de maletita” y que era algo más pequeño, de peso liviano y que se caracterizaba por unas primitivas barras telescópicas y tener sus jugadores pintados a mano de color rojo y azul y también amarillo. Sobre este tipo de futbolín de maleta, tuve la suerte de adquirir hace cuestión de nueve años, fue en una subasta de juguetes que se realizó en Barcelona y en la que a un precio nada relevante, aquel invento de Finisterre paso a mi colección particular. 

Que gran suerte tuve aquel día, de mañana compre el futbolín y de tarde pude transmitir para RNE el partido en el Nou Camp entre el Barça y el Málaga, y que terminaría con victoria para los de Joaquín Peiró por 1-2. 

Después de consultar con varios entendidos en el coleccionismo de juguetes, estos me informaron que curiosamente la ciudad de Málaga fue una de las centrales operativas en la importación de este juguete para toda Andalucía y que el modelo que había adquirido, se trata en concreto de una edición que se fabricó entre 1941 y 45 y que tenía como novedad, aparte de ser este plegable o de maletita, el tener un contador en forma de varilla para llevar la cuenta de los goles que se marcaban.

Este futbolín es una de esas joyas que le tengo mucho aprecio dentro de mi variada colección, como el disco de pizarra “Los leones rojos” que es el primer himno dedicado a la selección española de fútbol, las botas de Juanito, las de Just Fontaine, la camiseta de Pelé en la película “Evasión o Victoria”, la del ídolo del Málaga, Viberti o uno de los balones con la que se jugo la final de la Eurocopa 2008 entre otras muchas cosas. 

Pero volviendo al futbolín, éste era en definitiva, una forma más para poder trasladar este juego a cualquier lugar y así poder entretener a aquellos jóvenes que deseaban, ante las adversas circunstancias de lo que significó la post guerra, el poder practicar ese juego, el fútbol. 

Años más tarde (1952) cuando “Finisterre” se instaló en Guatemala, éste perfecciono el futbolín hasta lograr una autentica obra de arte, las pionera barras telescópicas se harían de acero sueco y la mesa de caoba de Santa María, la mas fina del mundo. Dada la habilidad y delicadeza de los indios para la juguetería, Guatemala era un lugar idóneo que ofrecía, además, embarques a los océanos Atlántico y Pacifico y estaba cerca de un centro de comunicaciones tan importante como el canal de Panamá. Ello le animó a otras innovaciones, como las cajas de música y el baloncesto de mesa, con una pelota con aplicaciones metálicas que permitían la atracción por magnetismo.

Pero cuando el futbolín ya empezaba a venderse bien en Centroamérica, Castillo Armas invadió Guatemala y nuestro gallego inventor por su militancia izquierdista y la competencia que hacia el negocio al monopolio estatal de maquinas tragaperras. Las mismas dificultades encontró en otros países: el futbolín pudo ser un gran negocio en Estados Unidos, pero para ello habría que haber tenido que llegar a acuerdos con la mafia. En cuanto a México, donde se instalo en 1956, fue pirateado de inmediato sin posibilidad de control de royalties, por lo que decidió dedicarse a la edición de libros de arte y la obra de los exiliados. 

Fue así como empezó a publicar a León Felipe, a quien había reencontrado allí. Y cuando regreso a España en los años 60 se encontró con la sorpresa de que el país estaba lleno de futbolines. Aunque el no sabia que por entonces, su prototipo de la colonia Puig había conocido una fulminante expansión en plena guerra civil, y los fabricantes valencianos lo habían convertido en la posguerra en el juego nacional por excelencia. 

Su invento, que había nacido en un hospital de sangre y en otros países, se utilizaría para que los niños recuperasen reflejos y movimientos, era ya los tiempos en la que nuestra selección le ganaba la final de la Copa de Europa a Rusia. ”Finisterre” no pudo por menos de asombrarse de la transformación sufrida por algo que el había concebido como algo lleno de matices a base de jugadores de madera y que habíamos convertido en un intercambio de trancazos entre dos bandos de futbolistas ya de plomo y balones de marmolina. 

Quizás empezó a entenderlo todo mejor cuando recibió aquella citación del Tribunal del Orden Público que le recordaba que no en vano había transcurrido una guerra. Se supone que era difícil ejecutar con delicadeza algo que, después de todo, era hijo de aquel conflicto, y cuyos jugadores (fundidos en un metal que había segado la vida de más de un español) algo tenían de soldaditos de plomo que pateaban aquellas bolas compactas como si fueran balas de cañón”. 

Nuestro inventor tras residir en Benajarafe (Loma Alta) algunos veranos, y donde gracias a un amigo común tuve la oportunidad de conocerlo, se trasladaría a Aranda de Burgos, donde allí continuó escribiendo mientras era miembro de la Real Academia Gallega. 

Después fijaría su residencia en Zamora, donde gestionaría la herencia del poeta León Felipe como albacea testamentario. Falleció en Zamora, en su casa del barrio de Pinilla, a la edad de 87 años, el día 9 de febrero de 2007.  Sus cenizas fueron esparcidas en el Río Duero a su paso por la ciudad de Zamora y en el Atlántico en Finisterre. 

El futbolín tiene otros nombres en el mundo, en Argentina lo denominan “metegol”; en Bolivia “canchitas”; en Chile “taca-taca”; en México “fuchito”; en Uruguay “futbolito”, en Portugal “matraquilho”; etc. Mientras se discute o no, que en muchos casos, una desgracia alimenta la inventiva, os propongo una partidilla al futbolín, pero eso sí, sin jugar de “cuchara” y al mejor de siete goles…

martes, 5 de mayo de 2009

"JUEGA QUERO, SEÑORITAS GRATIS"

Os acerco en este blog, la peculiar figura de un defensa, Francisco Quero Ruiz, conocido también por “El Galán”, jugador del pionero Vélez F.C. de finales de los años veinte.
Y es que mucho antes que los internacionales, Beckham, Cristiano Ronaldo, Fernando Torres, etc, etc, se hayan convertidido en reclamos publicitarios, Quero fue uno de los primeors jugadores imagen para el fútbol veleño de aquella época en blanco y negro.
Su atractivo serviría para que las señoras y señoritas de Vélez, tuvieran un mayor interés por conocer un deporte que empezaba a estar de moda, el football, y así también sus primeros practicantes.
Francisco Quero nació en la vecina Triana (Venta de Montoro) el 2 de marzo de 1910, aunque aparece inscrito en el registro civil de Benamocarra. Desde muy joven ya tenía claro que en la vida había otras cuestiones más importantes que jugar al fútbol.
Aún así, el Vélez F.C. no fue su único equipo, ya que mientras estudiaba magisterio en Málaga, llegó a jugar en el Sporting Club, equipo fundado por el Padre Francisco Miguez (foto central) y que disputaba sus encuentros en el campo de las Escuelas Salesianas (Oratorio Festivo) hoy conocido por Segalerva.

Las primeras féminas y seguidoras del balompié veleño, se volvían ciertamente locas por la figura esbelta de este jugador de no más de 1’73 de estatura, que derrochaba sensualidad y al que se le caracterizaba siempre por su aseada forma de vestir y de saludarlas en la grada entre jugada y jugada.
Cuentan que las mujeres no abandonaban el campo hasta no ver el torso semidesnudo de Quero, cuando este se despojaba de su camisola y se paraba por unos instantes a descansar en algunas de las sillas que se alquilaban para ver el partido junto a la banda situada cerca de los vestuarios.

Pariente del también jugador y uno de los fundadores de nuestro club, Juan Barranquero, este defensa pundonoroso, convencería a bastantes jugadores de Málaga, como “Bilba” Torrontegui, Carlis, Angelillo, Lili o Barquero, para que actuaran y participaran en encuentros amistosos que el club veleño organizaba contra ya rivales denominados de cierta mayor importancia.

Sus gestiones hicieron posible que el F.C. Malacitano, Iberia Balompié, Marina F.C., Pedregalejo, Fortuna, Sporting Club de Málaga o Victoria Eugenia, pudieran hacer las delicias de los incipientes y ávidos aficionados veleños que crecían ya al amparo de este deporte.

Francisco Quero (el primero por la izquierda en la foto del Vélez de 1925) y que era todo un verdadero “dandy”, conformaría en muchísimas ocasiones que en los programas de mano y cartelería previa a los partidos que se iban a disputar en Vélez-Málaga, su apellido apareciese de una manera especial como reclamo a las féminas para que fuesen al campo.

Fue su gran amigo y también primer masajista del club, Antonio Núñez “Paulilla”, quién ideo aquel aliciente de “Juega Quero, señoritas gratis”.

Quero aquel elegante defensa con capacidad ofensiva y gran olfato de gol, colgaría las botas muy joven, tras la Guerra Civil, y cuando su vocación por la enseñanza pudo más que las patadas “mágicas” a aquellos pesados balones. Su apellido para nuestro fútbol fue el primer reclamo publicitario o alternativa para ir a un campo de fútbol, en concreto al ya desaparecido de la calle Alberquilla o del Tejar de Pichilín.

lunes, 4 de mayo de 2009

EL DIVINO EN LA CALLE CRISTO


A medida que la historia del fútbol se hace más larga, se presta mayor atención a su pasado y no sólo a conservar recuerdos, sino también registros tangibles del desarrollo del juego durante el pasado siglo. Quizás una de las colecciones más curiosas sobre el fútbol en Andalucía, esto es, afiches, entradas, botas, balones, etc., etc., podría estar en mi casa de Vélez-Málaga, pero existen muchos otros coleccionistas privados por el mundo que han cultivado como yo, la misma pasión personal durante muchos años y han acumulado colecciones propias, sin más punto de partida que una devoción personal por este juego y con el ánimo también de colaborar de manera desinteresada en la construcción o conocimiento del pasado.
A colación precisamente con el partido que disputó recientemente nuestro equipo juvenil ante un rival almeriense denominado C.D. Español de El Alquián, nombre que toma por el apoyo que este equipo le hizo, a modo de material deportivo, a finales de los años cuarenta. Me llega la historia al caso de lo que es la buena disposición del conjunto españolista en motivos de beneficencia.
Os cuento. Entre las joyas que guardo, y que me llegó de una manera muy casual, está el programa de mano del que pudiera ser (no se conocen antecedentes anteriores) del primer partido disputado a beneficio de una cofradía de Semana Santa en Málaga, en concreto la Real Hermandad del Santo Sepulcro.

Los primeros veinte años del siglo pasado fuero tiempos complicados para el pionero foot-ball y más aún para el mundo cofrade malagueño. Centrándonos en lo meramente deportivo este deporte irrumpía con gran fuerza por toda la provincia y en especial en la capital, donde ya se creaban e inauguraban “campos” como el del Príncipe de Asturias, solar donde está actualmente el Hotel Miramar (1920), los Baños del Carmen (Agosto 1922) o el del Rosaleda Stadium en la zona de Martiricos (Septiembre 1924).

Es en ese mismo año y por medio de la A.D. Ferroviaria, club fundado e integrado por ferroviarios malagueños, se creó el campo de fútbol de la Calle Cristo de la Epidemia. Dicho terreno de juego había sido condicionado a fuerza de mucho entusiasmo y sacrificios, dándose el caso que los propios socios y jugadores de la Ferroviaria, trabajaron de día y hasta altas horas de la noche, con picos, palas y carrillos prestados para acondicionarlo de la mejor manera. Este equipo tuvo poco tiempo de vida deportiva ya que fue absorbido o más bien se fusionó con el Iberia Balompié.

Eran los momentos en el que irrumpía con fuerza el F.C. Malagueño, que viendo que el campo de la calle Cristo era el más próximo al centro de Málaga y ofrecía inmejorables condiciones para adjudicárselo, pudo conseguir su alquiler por la cantidad de 4.500 pesetas al año. Para ello el F. C. Malagueño tuvo que efectuar una profunda y adecuada remodelación, comenzando por instalar una pequeña tribuna de madera que costeó, D. Emilio Andersen Menard, presidente del club y antes promotor de este deporte y pionero jugador del Málaga F.C. en 1904.

Una vez acabadas las obras de remodelación, se pensó en hacer una gran inauguración, aceptándose la iniciativa del directivo y hermano de la citada cofradía, D. Juan Muñoz Orozco, quién propuso contratar al potente Real Club Deportivo Español de Barcelona, que estaba de gira por Portugal, para disputar dos partidos ante el F.C. Malagueño.

Este club catalán tenía en su plantilla al guardameta de 24 años y ya ídolo de la afición española tras la Olimpiada de Amberes con la Selección Nacional, Ricardo Zamora.
Gracias al apoyo de los vecinos de la calle Cristo, aficionados en general, casas comerciales y hermanos cofrades con cierto peso económico, se conseguiría por fin cubrir el desplazamiento del club catalán a Málaga y que aceptó como pago por jugar, un porcentaje de lo recaudado en taquilla.

La fecha fijada para los dos encuentros fueron las de los días 24 y 27 de abril de 1925. Para dar a conocer estos “match” se realizó una gran promoción por medio de los entonces clásicos programas de mano, y que se distribuyeron por todas las calles, cafés, tabernas, hoteles y barberías de la ciudad.


Gracias a estos programas de mano que estaban patrocinados por tres empresas, de las que destacamos la del ex jugador del Málaga F.C., Evaristo Minguet (Curtido, Telas y Cueros) con sucursales en las calles, Juan Gómez García 40 y Calderería 1; la zapatería “El Porvenir” de Maruenga Dieguez y Cia situada en calle Nueva 58; y la empresa Vinos Luengo, hemos podido conocer que estos partidos eran a beneficio de la citada Real Hermandad.
Que el ya apodado “Divino” Zamora junto a su compañero en el R. C. Deportivo Español, el delantero Zabala, visitaran Málaga para jugar dos partidos, fue como rezaba en el anuncio “todo un gran acontecimiento futbolístico en la ciudad”.
La organización que fue llevada por el club malagueño, contó con el patrocinio de la Real Hermandad del Santo Sepulcro. Curiosamente en los archivos que hemos podido consultar, así como reseñas periodísticas de esas fechas, no se hace mención de que los partidos tenían al fin y al cabo la idea de recaudar un dinero importante a beneficio de una de las Hermandades más importantes de la Semana Santa de Málaga.

La respuesta fue impresionante. Muchos fueron los aficionados de Málaga y de toda la provincia, incluido casi todos los jugadores del plantel de aquel lejano Vélez C.F los que organizaran un viaje en tren a Málaga, para no perderse aquel renombrado partido. Se colgó el no hay billetes, y el campo de la Calle Cristo de la Epidemia presentaría en los dos encuentros un lleno que hasta la fecha no había generado ningún encuentro de fútbol jugado en la capital malagueña.

Según podemos comprobar en el programa que conservamos de aquellos dos partidos, el precio de la entrada más barata en el primer partido sería de 3’50 pesetas, siendo el segundo de 4.
Los precios más caros estaban situados en la zona de Palcos (sin entrada) que osciló entre las 35 pesetas del primer encuentro a las 40 del segundo.
El tirón de que Zamora jugaría con el F.C Malagueño sin duda adquirió un mayor si cabe interés.
Se ha comentado por aquellas personas que presenciaron el partido, que las colas daban dos vueltas al contorno de aquel coqueto y hoy desaparecido terreno de juego.
En el primer partido haría el saque de honor la bella señorita, Pilar Cano, hija del que fuera gobernador militar de la plaza y provincia, el general Enrique Cano Ortega.


Junto a ella estarían como capitanes de cada equipo, el malagueño Vicente Cuberta y por el Español, Ricardo Zamora. Bajo el arbitraje del que fuera ex jugador del Español de Madrid, Huelva y más tarde del Málaga F.C., Pepe Font, el R. C. D. Español vencería en el primer encuentro por 1-13, lo que dejaba claro su superioridad ante los malagueños, que tuvieron muy pocas oportunidades de poder batir al “Divino” Zamora.


El equipo catalán formaría con: Zamora; Saprissa, Portas; Trabal, Pelaó, Caicedo; Olariaga, Sanahuja, Zabala, Montesinos y Coll.

Por su parte el F.C. Malagueño lo haría con: Camacho; Hoyos, Soto; Marín, Andrade, Jiménez; Octaviano, Federe Cuberta, Aurelio Casero, Vicente Cuberta y José María.

Para el segundo encuentro, el aliciente preparado por los organizadores estaba muy bien estudiado.
¡¡ Zamora esta vez jugaría defendiendo la portería malacitana ¡¡
Hecho este, que dejaría más rápidamente sin papel las taquillas que se ubicaron a la entrada del campo y en otra más que se tuvo que improvisar en un lateral de la zona de general.

El segundo partido acabaría también con victoria españolista, pero por sólo 0-3, lo que resaltaría aún más la talla y valía de Ricardo Zamora.
Cuenta como anécdota relevante el entrenador malagueño, Juan Antonio Aparicio, en su libro “Tras la órbita del balón”, que Zamora en una de sus intervenciones, y con una botella de gaseosa que tenía próxima a él, interceptó un balón que llegaba a sus dominios evitando el gol. Aquello produjo el delirio entre la numerosa congregación de aficionados que abarrotaban el citado campo y que le dedicó una sonora ovación al que en esas fechas estaba considerado todo un héroe nacional.
Ese mismo año de 1925 se inauguraría un nuevo campo de fútbol en Málaga, hablamos el de las Escuelas Salesianas (Oratorio Festivo) y que todavía existe con el nombre de Segalerva. Fue su precursor el Padre Francisco Miguez, amante del fútbol y organizador del Sporting Club.


La tierra de ese campo, hoy el más antiguo de Málaga, sirvió para el fomento del fútbol malagueño.
Siempre se ha dicho que el fútbol es pasión de multitudes. Y que en su esencia no hay lugar para la razón. Lo que cotidianamente no se dice, es que el fútbol es diversión, y en algunos casos como el que hemos contado, se transforma en amistad y solidaridad con fines muy importantes y concretos.

lunes, 20 de abril de 2009

AMOR A LA CAMISETA DE TU EQUIPO


Si hay algo verdaderamente inalterable en el ser humano es el amor a la camiseta de tu equipo de fútbol.
Los cambios en la vida de los hombres suelen pasar por el gusto musical, la admiración literaria o las ideas políticas; se modifican también las preferencias estéticas del mismo modo que cambian los gustos por las comidas. En su lucha por la vida, el hombre adquiere otras motivaciones, pelea por otros éxitos y descubre que puede disfrutar mejor de todo. En esos impulsos es capaz de cambiar de oficio, de barrio, de esposa o de amigos.


Para bien o para mal, puede llegar a revertir muchas cosas, pero aunque su nuevo modo de vida lo convierta en una persona diferente, hay algo que permanecerá intacto: su fidelidad a la camiseta de un equipo.
Es que el fútbol, por encima de la destreza deportiva, lo atrayente de su juego y la fuerza de sus convocatorias, es una identidad. La primera identidad que el hombre suele adquirir por sí mismo.
El nombre y apellido viene de fábrica, se llevan puestos desde el nacimiento. En cambio la camiseta requiere de una aprobación. No siempre se acepta la que te ofrecen el padre, el tío o el vecino. Aquí se trata de una verdadera elección personal que, generalmente, se produce el primer día que acudes a un estadio de fútbol, donde influyen más el ambiente, los colores y las banderas, que el padre de la criatura. Y en esa instancia, un gol puede ser decisivo. Si todo sale bien, el chico se pondrá esa camiseta toda la vida, pues los colores le quedarán estampados debajo de la piel. Ese día habrá adquirido una identidad más importante, por que es lo que él mismo eligió. Si rechaza los colores propuestos y elige otros (así sea para llevar la contraria), su elección será igualmente válida, lo mismo quedará identificado para siempre con una camiseta.

¿Y porqué es tan fuerte esa elección? Pienso que quien asume, obtiene una identidad más personal que la de ser “el hijo de fulanito” o “el hermanito de menganito”. Ser hincha o aficionado al equipo de tu pueblo, indica la pertenencia a una comunidad, es una adhesión a algo. Y contraer semejante compromiso a los pocos años de edad, significa una importante manifestación de personalidad propia.

Es fidelidad a lo tuyo, a lo local, un amor explosivo, ese que justifica cualquier día de lluvia o de insolación, ese que estalla en abrazos cuando llega un gol decisivo, irrepetible o único que se dibuja en el aire para grabarse en la memoria de todos. Goles como aquellos que delineaban con sus centros Antonio Castaños, Antonio Ruiz "Zocato" o Pepe Hidalgo Reyes; los que facturaban a pelotazo limpio Juan Barranquero o el impecable Gil “el murciano”, Juan Ortega o aquel centrocampista también nacido en Torre del Mar, Dominguillo.

Los veloces Antonio Ríos y Manolillo o el escurridizo Cortés, los tantos que anotaban de cabeza Antonio Toré , Moncayo o Manolito; los de José Manuel Atencia, Manolo Camacho o Juani España de falta, los del añorado Antonio Gutiérrez "Guti" o aquellos ocho de una tacada que le marcó al Roquetas el sevillano de Morón, Paco Sierra, goles todos, de Tello, Julio, Rafita o Salas, logrados en los momentos justos.
En definitiva, una camiseta de un club o entidad tiene la constancia como emblema espiritual de tantas y tantas personas: aficionados, jugadores, entrenadores, directivos y presidentes, que se han apoyado, unos, en la solidez de su patrimonio físico, y otros, en su total y desinteresada entrega y pundonor. Fuerza espiritual para intentar hacer realidad el sueño de convertir nuestro club, el Vélez, en un equipo que cada temporada pueda ser más grande y con mucha más historia.

Lo dicho, todo por el amor y el respeto a unos colores y su camiseta y que como dijo en su día Juan Barranquero Aponte, uno de los primeros jugadores y fundador en 1922 del Vélez C.F.:

"Un buen veleño puede presumir de todo cuanto guste en la vida, pero sus presunciones nunca serán completas, si no es del Vélez Football Club."

martes, 14 de abril de 2009

EL HIMNO SILENCIADO


Ahora que se busca un himno por parte de la Federación Española de Fútbol del tipo que grabó El Arrebato para el Sevilla F.C, quisiera contaros la historia de cómo encontré el primer himno que se le dedicó a nuestra selección nacional de fútbol en 1934. Sería mi deseo que este himno pudiera ser oído alguna vez más en algún partido de nuestra selección, o que al menos tuviera la consideración de recordarse cuando juegue nuestra selección. Esta es la historia de un himno.

Un himno destinado a nuestra Selección Nacional de Fútbol que fue grabado en fechas cercanas a 1935 por un español de origen flamenco y que por caprichos de la guerra fue censurado, tristemente olvidado y que además, tuvo como aliados el transcurrir del tiempo y el material en el que por entonces se grababan las cosas, esto es, en delicados discos de pizarra.
Sin embargo el delito de este himno fue el titularse “Los leones rojos” y que sin apenas llegar a sonar un par de veces en partidos oficiales y a hacerse popular en aquellos tiempos, fue censurado en las emisoras de radio y posteriormente olvidado por quienes en un momento de nuestra contienda civil, vieron oportuno que no sonara más.

Muchas de las personas que lo prohibieron ni siquiera llegaron a reparar en oírlo, cometiendo el grave error de sentenciar una letra pulcra y para nada política.
Era simplemente unos acordes destinados a representar a un equipo que vestía entonces como hoy día, con camisola roja y pantalón azul, y que tenía como estrellas en aquellos tiempos a Ricardo Zamora, Zabalo, Aedo, Vantolrá, Luis Regueiro, Lángara, Iraragorri, Lecue, Emilín Alonso o Gorostiza entre otros.


Han pasado más de setenta años desde que se grabó y unos cuatro desde la fecha que lo encontré por mera casualidad en una subasta de un portal de coleccionismo de internet. Nunca fui buscando este himno, ya que como tantos y tantos españolitos que nos gusta el fútbol, jamás hemos conocido de su existencia.

Recuerdo que en el portal de internet en su apartado de discos, anunciaban con preferencia el pasodoble, “Hoy torea Marcial” y decían que en la otra cara del disco de pizarra había "una canción de fútbol"…
Ahí me tenías a mí, como modesto coleccionista deportivo, pujando ansioso por el disco y que felizmente conseguí a las dos semanas por una, sinceramente, ridícula cantidad.
Era el momento de saber de que canción hablaban (siempre pensé que sería de algún club español), y de que gran sorpresa me podía deparar, todo esto sin tener en casa un aparato de época en el que poder pinchar tan preciado tesoro descubierto.

Sorpresa doble me lleve cuando tras desembalar el disco pude leer que más que una canción como así anunciaban en la red, era un himno, el de nuestra selección, un himno cantado por un tal Pablo Hertogs (arriba en la foto), disco de pizarra que poco tiempo después y tras adquirir una vitrola (antiguo aparato de reproducción de sonido, con una caja especial de resonancia en forma de maleta que incluía un plato para un disco fonográfico, un brazo con púa reproductora, un altavoz y una manivela para darle cuerda) y  que por fin pude gratamente oír


Sonaba en mi casa el himno, en mi opinión en su tiempo silenciado, que hacía alusión a nuestro equipo nacional de fútbol, aquel que vestía como hoy de rojo y que posaba en su pecho el escudo de un león dorado y que quizás si la cordura hubiese imperado en aquellos entonces, podría haber sido tan popular entre los aficionados a lo que hoy es el, ¡Ala Madrid¡, Cant del Barça, Málaga “La Bombonera”, “Amunt Valencia” etc. de nuestros equipos representativos en las diferentes categorías.

Tras oírlo muchas veces, decidí ir más lejos. Ahora quiero saber algo más del personaje que lo cantó y que fue de su vida y que pasó… Manos a la investigación !

Lo poco que se sabe sobre el interprete del himno, Pablo Hertogs Sancho, de apellidos de origen flamenco-belga por parte de su padre, Jorge Hertogs Rossell, (un ingeniero de ferrocarriles de Brujas que fue destinado a Madrid) es que nació el 31 de mayo de 1907 en la localidad madrileña de Getafe y que falleció el 2 de agosto de 1970 a los 63 años en Montevideo (Uruguay).

El apellido Hertogs, según hemos podido investigar, es importante para la ciudad de Madrid, ya que el abuelo de nuestro protagonista, Andrés Hertogs Rossell, fue un ilustre ingeniero civil que hizo posible el actual Museo de las Ciencias, y en la que hay a su entrada una placa con su nombre.


Nuestro destacado barítono, Pablo Hertogs, tuvo numerosas actuaciones por toda España durante los años 30, y muy especialmente en el género de la zarzuela. Una popularidad que le llevo a ser protagonista principal junto a María del Pilar Lebrón, actriz que más tarde se convertiría en su primera mujer, en la película española dirigida por Rosario Pí, titulada “El Gato Montés” y que fue estrenada pocos meses antes de inicio de la guerra civil, en concreto el 2 de marzo de 1936 en Barcelona.


Meses antes de finalizar el rodaje de la citada película, Hertogs fue contratado para grabar en esa misma ciudad y para la Compañía del Gramófono S. A. E. “La Voz de su Amo” AE 4367, el himno futbolístico a 78 rpm y de 25 centímetros (foto arriba) , titulado “Los leones rojos” del que eran autores de la letra, R. de Castro y G. Tablas bajo arreglos musicales de Francisco Gravina.

Este himno venía a rendir el mejor homenaje al combinado nacional español tras su participación en el primer mundial que participó, esto es de Italia 1934, donde tras ganar a Brasil por 3-1, fueron eliminados por los anfitriones tras dos partidos, no exentos de polémica ambos, por la extrema dureza empelada por los italianos en el primero y con prórroga además (1-1) y que acabó con varios jugadores españoles lesionados. Ese encuentro se recuerda en la historia del fútbol como "La Batalla de Florencia". 

Al día siguiente se tuvo que celebrar el segundo partido (desempate) en el que España diezmado sin su habitual equipo titular y al que se le suma el casero arbitraje del suizo Mercet, se les anuló dos goles y para colmo aún de males, el único tanto obra del italiano Meazza fue en una flagrante falta sobre el meta español, Boch, que cubriría el arco español ante la lesión de Ricardo Zamora que en el primer partido salió con dos costillas rotas.


No era la primera vez que Hertogs pisaba estos estudios, ya que en abril de 1934 ya había grabado “La embajada en peligro” y el vals “Nunca la olvidare” para esta compañía.
Disco de pizarra que tendría en su cara b grabado el pasodoble titulado “Hoy torea Marcial” y que de la misma manera que el himno, estaba interpretado por la Banda Hispánica a cargo del maestro y director musical, Pascual Godés.




Tras ser denominada Cataluña como zona republicana y posteriormente liberada por las tropas nacionales de Franco, y en gran manera perjudicado por la mala prensa que se le dio a este artista, tachado de “mal patriota” por haber grabado un himno, que en especial el bando franquista nunca quiso aceptar, ya que aquello de “leones rojos” no estaba muy bien visto, Hertogs sin una marcada ideología política y con apenas oportunidades de trabajo, tuvo que buscar mejor suerte en el mundo del espectáculo, por lo que se vio obligado a emigrar a La Argentina donde actuó en varios locales y teatros denominados de primera y segunda fila.

Algunos meses después y sin mucha continuidad en su trabajo se desplazo a la vecina Uruguay donde allí fijó definitivamente su residencia en la ciudad de Montevideo, contrayendo además matrimonio en terceras nupcias con una uruguaya de descendencia malagueña del barrio del Perchel y de nombre Evola Rodríguez Gabard con la que tuvo cinco hijos.

Su carrera como artista fue más bien corta, ya que tuvo que abandonarla con casi 38 años al serle detectado una complicada afección cardiaca, esta razón fue entre otras, las que le motivaron a que sin una ocupación concreta, llegase a malvivir en sus últimos años de vida hasta fallecer relativamente joven.


Según hemos podido saber por familiares de Hertogs, unos años antes de su muerte, éste visitaría Madrid por un corto espacio de tiempo, momentos en que algunos antiguos amigos vinculados con la música le ofrecieron la posibilidad de trabajar en la Orquesta de la Ciudad de Madrid, pero Hertogs debido a su delicado estado de salud y más arraigado a la vida uruguaya declinó esa posibilidad.

Del himno “Los leones rojos” poco más se supo, si bien cuentan que fue radiado alternativamente junto al pasodoble “Hoy torea Marcial” por algunas emisoras locales de Barcelona y Zaragoza, así también sonó en los espacios previos y en los descansos de la retransmisión de al menos dos partidos de la Selección Nacional, en especial el que jugó ante Suiza en Berna (0-2) el 3 de mayo de 1936 y el no oficial (ya en plena contienda nacional) ante la selección de Portugal (1-2) del 28 noviembre de 1937 en el Estadio de Balaídos (Vigo).

Estos datos complicados hoy día de corroborar por el tiempo ya pasado y la poca información que se ha podido conseguir en la misma RFEF a la que me dirigí en varias ocasiones.

Como curiosidad, sólo un jugador estaría presente en las alineaciones del combinado español en los dos encuentros anteriormente relatados y en las que se radió el himno de Pablo Hertogs.  Hablamos del defensa Vega, que si en el primer partido fue sustituto del defensa Muguerza, en el segundo encuentro ante Portugal jugaría como titular.



Hoy día cuando juega nuestra selección se oye el conocido tradicionalmente por “Marcha Granadera” o “Marcha Real Española” y que tiene su origen en un toque militar de autor desconocido y que aparece recogido en 1761 en el “Libro de Ordenanza de los toques militares de la Infantería Española” y que el Rey Carlos III la declaró Marcha de Honor el 3 de septiembre de 1770.
Nuestro actual himno no tiene letra, sólo música.


HIMNO DEDICADO AL EQUIPO NACIONAL DE FÚTBOL
“LOS LEONES ROJOS”
(R. de Castro, G. Tablas y F. Gravina)
Pablo Hertogs acompañado por la Banda Hispánica bajo la dirección del maestro Godés

Rojos leones ardientes
de legendaria fiereza,
los de jugadas valientes
los de franca entereza.

Aunque a vuestro paso ladre
la impotencia del felón,
España, como una madre
os besa en el corazón.

Y, cuando os tiende los ojos
lanza este grito triunfal,
viva mis leones rojos
del equipo nacional.

Leones españoles
vibrantes como acero
templado por las aguas
del Tajo, del Nervión.

A fuerza de entusiasmo,
se impone al mundo entero
la indómita bravura
de vuestro corazón.

Seguid siempre adelante,
que España os acompaña,
no tuerzan vuestro rumbo
la farsa ni el baldón.

Tan limpio es nuestro juego,
como el blasón de España,
leones españoles
avanti y al balón.
Seguid siempre adelante
que España os acompaña
no tuerzan vuestro rumbo.
la farsa ni el baldón.

Tan limpio es vuestro juego,
como el blasón de España,
leones españoles
avanti y al balón,
al balón.

jueves, 19 de febrero de 2009

LA BOINA FANTASMA


Rafaelillo Pérez Ruiz apareció como un meteorito en el viejo campo del Tejar de Pichilín una tarde de “match footbalistico” del año 1930, y, al verlo la ya entusiasta y joven hinchada veleña, entonces muy concurrida para ver en su ciudad tan nuevo espectáculo “sportivo”, supo de pronto que la tenía conquistada.
Rafaelillo sintió que le había entregado su corazón, se cumplía su último partido de football…
Como el César, “vino, se puso la boina fantasma, y su equipo muy necesitado de triunfos, venció”.
Cuando Rafaelillo, hijo y nieto de peluqueros, llegó a jugar al “football” parecía que ya estaba chabucado como jugador de este nuevo deporte que irrumpía con una gran fuerza en Vélez y toda la provincia.
Eres un “trasto viejo” le pregonaban. Cosa cumplida. Eres un asunto ya finiquitado... le decían.
A Rafaelillo nada más le quedaba la boina, y aquella risa francesa con la que en la "campa" de juego de Capuchinos (hoy día son jardines), adornaba sus geniales travesuras con la pelota casi redonda, y en la vida, como muchacho, apilaba montones de fantasías.
Jugó en varios equipos del pueblo, los formados junto a la antigua estación del tren, la popular explanada del Pozancón, el Barrio del Pilar y la Cruz del Cordero.
De Rafaelillo Pérez Ruiz, los pioneros seguidores veleños, Braulio Murciano, Fenech, Alfonso Castaños o Pepe Casamayor, tenían muchos motivos para recordarlo, y uno, que resumía toda la admiración:
El de aquel partido que presenciaron en el año 1928 cuando en la desaparecida Plaza de Toros de Vélez-Málaga, el sólo y diez más vestidos con las camisetas blancas que les regaló el empresario Antonio Piédrola Giménez, le ganaron al entonces invencible Málaga Sport Club.

Un partido donde el juego; hecho todo de gracia (como el Ave María) y la lucha, de anhelos ardientes y leal fiereza, todo unido, hizo por entonces que aquel encuentro resultara para muchos veleños de esa época inolvidable.
Él sólo y diez más vestidos de blanco. Pero fue Rafaelillo, el jugador cumbre de aquella tarde en el coso taurino y ya “footballero”.
Y eso que era casi un niño, por que siempre además tuvo cara de niño y sonrisa de trasquilón inocente de peluquería.

Hacía cosas de locura en un equipo, al que él le contagió un extraño fulgor. Marcó veinte “goals”, una docena de los cuales, a pura boina, “la boina fantasma de Rafaelillo”.

A sus rivales no les perdonaba una y es a los del Málaga Sport Club, a quién Rafaelillo le marcó aquel gol de palomita o de boinita, merecedor de que en su recuerdo se hubiese levantado en la ciudad un monumento.

Todo sucedió así, faltaban apenas segundos para terminar el partido, el cual iba empatado a seis tantos, cuando Rafaelillo se tiró con todo al alcance de un centro rastronero que desde la derecha le había enviado su compañero Antonio Castaños, aquel celebre centrocampista que lucía un pañuelo en la frente... y en ese momento la boina fantasma, casi al ras del suelo, alcanzó a darle a aquella pelota casi redonda, era el toque que le hacía falta para que cantaran el zumbido de victoria los veleños.
Ganadores del invencible Málaga Sport Club y un héroe entre los 11, Rafaelillo, Rafaelillo ¡Viva Rafaelillo “El Peluquero”!

Un año después repetía Rafaelillo sus hazañas. Su boina llegó a ser obsesión para los equipos que se enfrentaban a la Sociedad Deportiva Vélez Football Club, una obsesión de esas que te perseguían hasta en los sueños.
Poco tiempo después de haber marcado el “goal” de la victoria en aquel partido memorable, su rival malagueño organizó en los Baños del Carmen el partido de revancha y en el que se estudió la forma de neutralizar al delantero emboinado veleño.
La consigna era conseguir que “El Peluquero” saliese trasquilado y no llegara hasta el área malagueña.

Y así cuentan, que le formaron un cerco cerrado entre los defensas, Patricio, Araujo y a veces Vicaría, jugador que también acudía al centro del campo a darle una mano a los encargados de bloquear los movimientos del aquel fenómeno delantero, traviesa su sonrisa y negra boina.

La única vez, la única, que Rafaelillo pudo llegar al área rival aplicó el boinazo, ganó el Vélez y él salió de nuevo a hombros de sus compañeros y aficionados.
La llegada del equipo veleño horas más tarde en el vapor de Málaga fue muy esperada. La Banda Municipal fue enviada por mandato del Alcalde veleño Rafael Santiago para recibir a los “equipiers”.
Rafaelillo fue el primero en bajar, traía sonrisa ancha y bajo su brazo un paquetito con sus botillos y la boina envueltos en papel de diario.

Después de los partidos, armaba en el Café ABC de Luis Peña su maletita y tras un tiempo de tertulia se marchaba calle arriba hacía la peluquería de su familia, que estaba situada a la sombra de la torre de la Iglesia de San Juan, donde allí gozaba de una amplia clientela masculina y femenina, que jubilosa tomó como hábito el festejar en la barbería las hazañas balompédicas y los golazos de Rafaelillo y su boina fantasma.

Fue un veleño modesto, humilde al que quiero recordar en esta historia de fútbol. Me contaron, que sus amigos y seguidores lo quisieron hasta el delirio. Tesoro de afectos que el tiempo se encargaría de cubrirlo de olvidos.

Casi 80 años del gol más recordado de aquel pionero fútbol veleño. No fue un gol como los que se ven ahora de Iniesta, Villa, Kaka Crsitiano Ronaldo o Messi tras un pase en jugada de rodillo de ese genio que ha sido Zidane. Pero aquel tan añejo tanto hizo estallar de júbilos a Vélez-Málaga, mientras que a hombros salía de la antigua y desaparecida Plaza de Toros de Vélez el inolvidable muchacho apodado por el de “la boina fantasma”.
“Vini, boinorum colocorum, vincitorum”.